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La era Trump

Kim Jong-un y Donald Trump, una cumbre inesperada tras meses de desencuentros y amenazas

  • El presidente de EE.UU. acepta reunirse con el líder de Corea del Norte en mayo
  • Hace apenas dos meses, ambos comparaban sus respectivos "botones nucleares"
  • La retórica belicista ha impregnado sus declaraciones desde la llegada de Trump

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El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. AFP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aceptado mantener una reunión con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, en una relativamente inesperada concesión al diálogo tras meses de invectivas y desencuentros retóricos entre ambos, que han insistido en intercambiar amenazas ante la estupefacción y la alarma de la comunidad internacional.

De hecho, hace apenas dos meses que ambos se enzarzaban a cuenta de su respectiva capacidad destructiva, con Kim recalcando que dispone de un "botón nuclear permanentemente sobre la mesa" y Trump respondiendo que él tiene uno similar, aunque "mucho más grande y poderoso".

Pese a todo, el mandatario estadounidense ya deslizó, en mayo del año pasado, que era posible una cumbre entre ambos: "Bajo las circunstancias adecuadas, lo haría, absolutamente", aseguraba Trump en una entrevista, en la que llegaba incluso a decir que estaría "honrado". de verse con Kim.

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Escalada de tensión

Esas declaraciones tenían lugar en plena escalada de tensión de Estados Unidos con Corea del Norte: Kim recibió la llegada de Trump a la Casa Blanca con el lanzamiento, el 12 de febrero, de un misil en el mar de Japón. Un mes después, redobló la amenaza con cuatro proyectiles, tres de los cuales alcanzaron aguas de la zona económica exclusiva japonesa, mientras los medios oficiales aseguraban que ensayaban un ataque contra "las bases de Estados Unidos en Japón".

Washington respondió reforzando las maniobras que cada año lleva a cabo junto a Corea del Sur y con el despliegue extraordinario en la zona del portaviones Carl Vinson, de la Tercera Flota, un gesto que buscaba disuadir a Pyongyang de nuevos ensayos armamentísticos.

Sin embargo, Corea del Norte acusó a los estadounidenses de generar "una peligrosa situación en la que puede estallar una guerra termonuclear en cualquier momento" y, coincidiendo con el 85 aniversario de la fundación del Ejército Popular de Corea, realizó el mayor ensayo de artillería de su historia. Poco después, realizaba una prueba fallida de un misil balístico.

Corea del Norte mantiene su actitud desafiante ante EE.UU.

Fuego y furia

De hecho, la escalada de tensión se acentuó justo después de Trump abriera la puerta a verse con Kim, con hasta tres ensayos balísticos a lo largo del mes de mayo. Además, las autoridades norcoreanas detuvieron al estadounidense Kim Hak Song, que trabajaba para la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pyongyang, por presunta conspiración contra el Estado.

En junio, Corea del Norte liberaba en estado de coma a otro ciudadano estadounidense, el estudiante Otto Warmbier, que había permanecido más de un año preso en el país acusado de robar un cartel de propaganda. Warmbier moriría apenas una semana después y Trump acusó al régimen norcoreano de “no respetar el imperio de la ley o la decencia humana básica".

Pero Pyongyang no se arredró ante ninguna crítica ni ante las sucesivas sanciones impuestas por Naciones Unidas: al contrario, realizó nuevas pruebas de misiles tanto en julio como en agosto. Fue entonces cuando el presidente de Estados Unidos lanzó su mayor amenaza y avisó a los norcoreanos que se exponían a "un fuego y una furia nunca vistos en el mundo".

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Kim Jong-un, una vez más, decidió envidar y amenazó directamente con bombardear la isla de Guam, a lo que Trump redobló en sus advertencias: "Les van a pasar cosas que no han visto nunca". Fue el momento de mayor tensión retórica entre ambos líderes, entre llamamientos a la moderación de la comunidad internacional.

En septiembre, sin embargo, Corea del Norte dio un salto cualitativo en sus amenazas con su sexto ensayo nuclear, la detonación de una potente bomba de hidrógeno, de 100 kilotones, que causó dos terremotos.

Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente estadounidense señaló que, si persistía la amenaza, "no tenemos otra opción que destruir a Corea del Norte". Y remachó su invectiva con un desprecio a Kim Jong-un: "Rocket Man [el hombre cohete] está en un misión suicida para él y para su régimen".

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Descalificaciones personales

Su rival no se quedó atrás: "Definitivamente domaré con fuego al viejo chocho estadounidense mentalmente desquiciado"aseguraba pocos días después en un discurso el dictador norcoreano. Trump siguió el intercambio de descalificaciones personales: "Obviamente es un hombre loco al que no le importa morir de hambre o matar a su pueblo", escribía en Twitter.

A partir de entonces, la diplomacia estadounidense desplegó una ofensiva diplomática que tuvo su punto de partida en la gira asiática de Trump, y que culminó con la declaración, en noviembre del año pasado, de Corea del Norte como estado "patrocinador del terrorismo".

Kim respondió con otro salto cualitativo en su capacidad armamentística, al probar un misil que ascendió a 4.000 kilómetros, lo que le convertía en una amenaza plausible para cualquier lugar del mundo, incluido, por supuesto, todo el territorio de Estados Unidos.

Corea del Norte asegura el último misil probado es capaz de alcanzar "todo el territorio de EE.UU."

Una reunión inédita

Solo desde entonces han predominado los gestos de distensión, liderados por Corea del Sur y escenificados en los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang, en los que ambos países, técnicamente todavía en guerra, desfilaron bajo una misma bandera.

Los analistas coinciden en que la presión de China sobre el régimen norcoreano también ha sido decisiva y, al margen del episodio de los botones nucleares, tanto Trump como Kim Jong-un ha rebajado el tono de su combate dialéctico en las últimas semanas.

Ahora, el encuentro previsto entre ambos abre una esperanza de estabilidad para la zona, aunque se trata de un movimiento arriesgado, especialmente por parte de Trump, que, si finalmente se reúne con Kim, será el primer presidente estadounidense en ejercicio que hable cara a cara con un líder norcoreano, es decir, que le trate de igual a igual.

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