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Un pequeño paso para los niños, un "cambio profundo" en la lucha contra el cáncer

  • Dos habitaciones del Gregorio Marañón, convertidas en módulos lunares
  • Los niños con cáncer pueden tomar el control de los detalles de las habitaciones

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Una de las habitaciones de aislamiento del Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón que recrean una estación lunar
Una de las habitaciones de aislamiento del Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón que recrean una estación lunar.

Viajar a una estación lunar para contemplar el universo y dar rienda suelta a la imaginación es una experiencia al alcance de la mano para los niños en tratamiento por cáncer en el Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón, en Madrid. Los pequeños astronautas, con su imaginación, pueden viajar a un módulo lunar y cambiar el miedo a un entorno incierto por la curiosidad de explorar “un mundo fascinante” en una misión donde solo ellos tienen el control.

“Este cambio de relación con el entorno tiene profundas repercusiones a nivel psicológico y a nivel físico”, explica Mario Alonso Puig, médico y patrón de honor de Juegaterapia, la fundación que ha puesto en marcha este proyecto en colaboración con Play Office.

Los niños enfermos con cáncer se ven sometidos a “una prueba muy dura” como es recibir el tratamiento en condiciones de aislamiento. Enfrentarse a un entorno “incierto, ambiguo y complejo pone en marcha una reacción de estrés” en cualquier ser humano, pero la relajación y la serenidad” asociadas al juego favorecen “la activación del sistema nervioso parasimpático que favorecen el funcionamiento celular y la reparación de los tejidos”, explica Puig.

Los pequeños se hacen con el control

Las dos habitaciones convertidas en módulos lunares en el Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón permiten a los niños tener el control sobre detalles como la intensidad y el color de las luces, la música que quieren escuchar en los altavoces, la película que quieren ver o si les apatece, jugar a la Play Station.

Entrada a uno de los módulos lunares en el Gregorio Marañón

Entrada a uno de los módulos lunares en el Gregorio Marañón (Teresa Arilla / Fundación Juegaterapia) Teresa Arilla

El estudio Play Office, que ha diseñado las habitaciones, explica que no se trata de crear una extensión de su hogar, puesto que ellos saben que solo estarán allí un tiempo, sino que de generar una atmósfera que les ayude a distraerse, “canalizar sus emociones y ampliar el rango de actividades a las que los niños tienen acceso cuando están en aislamiento”.

Cuando los pequeños astronautas llegan al módulo lunar se encuentran las siguientes palabras: “La estación lunar sólo se puede visitar por un tiempo determinado cuando hay que hacer algún tipo de estudio o exploración. Es un lugar privilegiado para ver las estrellas, el universo y escuchar historias maravillosas. Cuando te vayas tendrás muchas cosas que contar.”

"La normalidad de lo que debería ser su vida"

Los niños que tienen que seguir un tratamiento bajo condiciones de aislamiento para estar protegidos de infecciones, afrontan una prueba “muy dura en un momento muy temprano de su vida”, explica Puig. Cambian su hogar por un entorno desconocido y complejo por un entorno más asociado con el dolor que con el disfrute, explica Mario Alonso Puig, y esta situación pone en marcha una reacción de estrés que activa los núcleos amigdalinos del cerebro que funcionan como “detectores del peligro”.

El resultado de ese estrés perjudica especialmente la lucha contra la enfermedad provocando una reducción en los linfocitos, un tipo de glóbulos blancos que forma parte importante del sistema inmunológico, y un aumento de citoquinas inflamatorias, proteínas que regulan las interacciones de las células del sistema inmune.

La fundación Juegaterapia, impulsora del proyecto en el que ha trabajado durante los dos últimos años, lleva el juego a los niños en tratamiento como una forma de evadirse de su realidad. “Les devuelve a la normalidad de lo que debería ser su vida”, explica Lourdes Amayas, portavoz de la fundación que tiene por lema “La quimio jugando se pasa volando”.

Con estos niños no hay necesidad de limitar el tiempo de juego, como sí ocurre cuando los niños están sanos y en sus casas. Esa distracción les da fuerzas para luchar contra su enfermedad. Mientras, el entorno de la familia es "fundamental", explica Lourdes Amayas, quien espera que la fundación pueda trabajar para convertir todos los hospitales en "sitios alegres y agradables para los niños":

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