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El historiador israelí Yuval Noah Harari.
El historiador israelí Yuval Noah Harari. RTVE.es

Yuval Harari: "Estamos regalando nuestro activo más importante a empresas como Facebook, Amazon o Google"

  • Tras arrasar con Sapiens, el historiador israelí presenta Homo Deus

  • En una amplia entrevista con RTVE.es, repasa las claves de su nuevo trabajo

  • "Cediendo nuestros datos personales, cedemos un inmenso poder", sostiene

  • "El ser humano se cambiará a sí mismo y desaparecerá", augura

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Lo que nos hizo sapiens nos hará dioses. Es muy probable que seamos una de las últimas generaciones de nuestra especie. Después de revolucionar el panorama editorial internacional con Sapiens. De animales a dioses, el historiador israelí Yuval Noah Harari regresa con Homo Deus. Breve historia del mañana, un nuevo ensayo que prosigue por la senda iniciada en el anterior trabajo y se adentra en el análisis de la explosión tecnológica que promete revolucionar el Universo.

Afrontamos seguramente el momento más trascendental en la existencia del ser humano moderno. La tecnología del siglo XXI (biotecnología, inteligencia artificial, tecnologías de la información...) abre un escenario de transformaciones de un poder inimaginable, pero al mismo tiempo puede suponer la extinción. Comprender este proceso revolucionario será imprescindible para no naufragar en nuestro propio éxito como especie.

PREGUNTA: ¿Hay que mirar con miedo o con esperanza a la tecnología que se está desarrollando en Silicon Valley?

RESPUESTA: Creo que con ambos enfoques. Por un lado, nos ofrece oportunidades maravillosas para tener una sociedad mejor y un mundo más seguro. Pero por otro lado, también puede suponer grandes peligros. Pongo un ejemplo muy sencillo. Ahora se está hablando mucho de coches autónomos. Estos tienen un gran potencial para reducir la contaminación y el número de accidentes. En la actualidad, cerca de 1.300.000 personas mueren cada año en accidentes de coche. La mayor parte se debe a errores humanos. Se estima que esta cifra se va a reducir drásticamente con los coches autónomos, porque son mucho más seguros. También la polución que producen.

La tecnología no es determinista, tenemos todavía algún tipo de control.

Pero al mismo tiempo, habrá muchos taxistas y conductores profesionales de autobuses o de camiones que perderán sus puestos de trabajo, y puede que no tengan ningún plan laboral alternativo, a pesar de que se creen nuevos empleos relacionados con esta nueva economía, por ejemplo diseñar juegos de ordenador tridimensionales. Pero no va a ser fácil para un taxista de 50 años recibir nueva formación y transformarse en diseñador de mundos virtuales. Así que la tecnología de los coches autónomos por un lado tiene un potencial maravilloso, y por otro lado tiene un potencial problemático.

Partiendo de que la tecnología no es determinista, tenemos todavía algún tipo de control, y creo que nuestra responsabilidad es encontrar la forma de disfrutar de los beneficios de la tecnología y al mismo tiempo de reducir su faceta más peligrosa.

P: Como afirmas, la revolución que se avecina exige una buena dosis de responsabilidad por parte de los seres humanos para no desaparecer víctimas de su propio éxito. Pero lo que la historia y la actualidad diaria nos enseñan precisamente es que la responsabilidad no es algo en lo que los humanos se prodiguen…

R: Bueno, creo que la historia de la humanidad tiene un poco de todo. Hay ejemplos de irresponsabilidades cometidas por el hombre, como la destrucción del sistema medioambiental, pero al mismo tiempo tenemos otros mucho más positivos. Por ejemplo la reacción humana a las armas nucleares. Cuando las armas nucleares aparecieron en la década de 1940, y también luego en la de 1950 y en la de 1960, mucha gente estaba convencida de que la humanidad inevitablemente estaba condenada a desaparecer en una guerra nuclear, y de que la Guerra Fría terminaría convirtiéndose en una guerra caliente, y habría una guerra nuclear terrible entre los soviéticos y los estadounidenses que destruiría a la mayor parte de la humanidad. Y eso no ocurrió.

Portada del libro 'Homo Deus, breve historia del mañana'. Portada del libro 'Homo Deus, breve historia del mañana'.

La humanidad respondió a ese reto y cambiamos por completo el sistema internacional. Así que desde 1945 no ha habido ningún conflicto armado entre superpotencias, solo guerras más locales. La Guerra Fría en último término acabó de forma pacífica y no hubo ningún tipo de confrontación militar entre las superpotencias. A pesar de que sigue habiendo violencia en el mundo, a grandes rasgos vivimos en la época más pacífica de la historia.

A pesar de que sigue habiendo violencia en el mundo, a grandes rasgos vivimos en la época más pacífica de la historia.

Podemos decir que hoy hay más gente que muere por suicidio que la que lo hace por la suma de guerras, crímenes y actos terroristas. Y los cambios tan grandes que están sucediendo en el sistema internacional están sucediendo sin necesidad de que nosotros intervengamos. No se trata solo del final de la Guerra Fría y el desmembramiento de la Unión Soviética, sino que ahora estamos viendo cómo emerge China y cómo está descendiendo el poder de Estados Unidos. Hace tiempo, esto hubiera desembocado en una guerra entre el imperio que declina y la nueva potencia que asciende. Hoy en día, a pesar de que hay algunas tensiones, parece poco probable que se produzca una guerra importante entre Estados Unidos y China durante los próximos años.

Así que este es un buen ejemplo de cómo los humanos reaccionan ante los peligros de nuevas tecnologías como las armas nucleares. Reaccionan de forma responsable, de tal forma que al menos a día de hoy, en 2016, podemos decir que las armas nucleares han traído efectos muy positivos para la humanidad; han traído la paz.


P: Aunque el Universo siga funcionando independientemente de lo que ocurra en nuestro minúsculo planeta… ¿Es necesariamente negativo el final de la especie humana, un futuro sin Homo sapiens?

R: 
Depende de lo que se entienda por el final del Homo sapiens. Una posibilidad es que nos destruyamos a nosotros mismos por medio de armas nucleares, de desastres ecológicos, o por causa de un evento imprevisto, como por ejemplo que los terroristas utilicen biotecnología para crear una enfermedad que sea letal y que se expanda por todo el mundo y destruya a todos los seres humanos. Por supuesto, eso sería una calamidad terrible.

Homo sapiens desaparecerá a causa de utilizar la tecnología para cambiarse a sí mismo. Se convertirá en algo distinto.

Pero creo que es más probable que el Homo sapiens se destruya a sí mismo, o mejor dicho, desaparezca, a causa de utilizar la tecnología para cambiarse a sí mismo, hasta tal punto que se convertirá en algo distinto. Nos transformaremos en otra cosa, ya no seremos Homo sapiens como tal, de la misma forma que hace cientos de miles de años teníamos una especie humana como el Homo erectus, y desapareció porque poco a poco fue evolucionando y se fue convirtiendo en Homo sapiens. Y ahora ya no tenemos Homo erectus, ahora tenemos Homo sapiens.

Y lo que requirió cientos de miles de años en el pasado puede que ahora solo necesite un par de décadas en el siglo que viene, si utilizamos la biotecnología, la ingeniería cibernética para mejorar al Homo sapiens y convertirlo en una entidad totalmente distinta. Una entidad que tenga destrezas físicas y mentales diferentes de las que tenemos hoy y que sea muy distinto de todos nosotros, igual que nosotros somos distintos del Homo erectus o de los chimpancés.

P: Incluso cuando haya superhombres, ¿continuaremos naciendo Homo sapiens, aunque luego cambiemos y mejoremos? ¿Puede haber una población muy numerosa, sobre todo donde haya diferencias socioeconómicas, que quede retrasada con respecto a esta élite de superhombres?

R: En el futuro, hay varias opciones. Una posibilidad es que empleemos la ingeniería genética para cambiar los embriones, de tal forma que el ser humano ya nazca como superhumano. Otra opción es que después de que la persona nazca se utilice otro tipo de tecnología para dar a esa persona superdestrezas. Por ejemplo, no ahora sino en cincuenta años, podría conectarse la mente directamente con un ordenador y otorgar a esa persona destrezas de memoria, de imaginación o de comunicación que hoy en día nos parecerían de ciencia-ficción.

Otra posibilidad es que la humanidad se escinda en distintas castas biológicas, y las mejoras tecnológicas serían solo para la élite, para los más ricos.

Otra posibilidad es que el Homo sapiens o la humanidad se escinda en distintas castas biológicas, de tal manera que todas estas mejoras tecnológicas estarán disponibles solo para la élite, para los más ricos. Ellos podrán utilizar la ingeniería genética o la ingeniería cibernética para mejorarse y para convertirse en superhumanos, mientras que miles de millones de personas, de las clases más bajas, no dispondrían de esa oportunidad y se quedarían siendo humanos “ordinarios”. De esta manera puede haber una sociedad mucho más desigual que en ningún momento de la historia

P: Una vez transformado Homo sapiens en Homo Deus, una vez lograda la divinidad… ¿Cuál es el horizonte que se abre? ¿Podemos siquiera hacernos una ligera idea de este escenario o escapa a nuestra capacidad de comprensión?

R: Se escapa totalmente a nuestra imaginación. Para entender esto basta con que echemos la vista atrás. Vamos a pensar en los neandertales, ¿podrían los neandertales entender la sociedad moderna? ¿Podemos explicarle a un neandertal cómo funciona el sistema capitalista, los bancos, las transacciones de billones de dólares entre continentes en un solo segundo, o simplemente lo que es el dinero? ¿Podríamos explicar a un neandertal qué es una nación-estado?

No lo sabemos, obviamente, porque ya no existen los neandertales, pero es muy probable que todo esto esté mucho más allá de la capacidad de imaginación de los neandertales. Tenemos que entender que con relación a ese futuro Homo Deus, a esos futuros superhumanos, nosotros somos como neandertales. Cuando intentamos imaginar cómo será ese Homo Deus, nos vemos exageradamente limitados.

P: ¿Estamos vendiendo nuestra alma a los gigantes tecnológicos a cambio de prácticamente nada?

R: Sí, porque el activo más importante que hoy en día tiene la mayoría de las personas son los datos personales. Datos sobre nuestro comportamiento y datos sobre nuestro cuerpo, biométricos. Y los estamos ofreciendo gratuitamente a las grandes empresas tecnológicas como Facebook, Amazon, Apple o Google, a cambio de servicios de correo electrónico o ver vídeos muy divertidos de gatitos. Y este es un intercambio totalmente ilógico, porque lo que nosotros estamos dando es muchísimo más valioso que lo que estamos recibiendo.

El activo más importante que hoy en día tiene la mayoría de las personas son los datos personales.

Si una corporación como Facebook o Google acumula suficientes datos sobre nosotros y desarrolla unos algoritmos suficientemente sofisticados, y adquiere poder computacional suficiente, puede llegar a saber cómo somos de verdad, mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos. Y entonces comprenderá nuestros deseos, nuestras elecciones y nuestras necesidades mucho mejor de lo que las entendemos nosotros. De esta forma, vamos a ceder un inmenso poder económico y político.

Creo que una de las grandes cuestiones políticas del siglo XXI es quién está en posesión de los datos, porque los datos que ahora se están acumulando son la clave para descifrar la humanidad del futuro. Son la clave para entender cómo funciona un ser humano. Y es muy peligroso si este tipo de datos se queda en manos de negocios privados, que no representan a nadie y que no son responsables ante nadie.

Ese tipo de datos, que son lo más importante que hay en el mundo, creo que deberían pertenecer a las personas que los han generado y a la humanidad en general.

P: Esto requeriría un mayor compromiso político, pero los políticos y gobiernos parecen permanecer al margen de lo que se cuece en Silicon Valley. Para que estos datos perteneciesen a la humanidad, ¿qué haría falta?

R: Necesitaríamos, como apuntas, mucho más compromiso por parte del sistema político. Tenemos que convertir estas cuestiones en cuestiones políticas clave, y eso no es lo que está pasando. Hay un interés e incluso una comprensión muy limitados entre los partidos políticos acerca de estas cuestiones. Por ejemplo, en las elecciones de Estados Unidos, en todos los debates entre Clinton y Trump no han hablado de big data, de biotecnología, de ingeniería genética, de inteligencia artificial… En absoluto.

Es muy importante que los políticos sean conscientes de lo que está pasando en primera línea de batalla de la ciencia y de la tecnología.

La única vez que han hecho una mínima referencia a las nuevas tecnologías es cuando mencionan que los correos electrónicos de Hillary Clinton los envió desde un servidor privado y no desde un servidor seguro. Hablan mucho sobre el empleo. Tenemos a Donald Trump asustando a los votantes estadounidenses con afirmaciones como que los mexicanos o los chinos les están quitando sus trabajos, pero lo que no dice es que la inteligencia artificial es la que se va a quedar con esos trabajos, que es una amenaza mucho mayor que los chinos. Porque un taxista estadounidense debería estar mucho más preocupado por los coches autónomos que por los emigrantes mexicanos. Sin embargo, ni lo mencionan.

Creo que es muy importante que los políticos sean conscientes de lo que está pasando en primera línea de batalla de la ciencia y de la tecnología, porque va a cambiar el mundo en los próximos veinte o treinta años mucho más que cualquier otra cosa.

P: Si hay una “internet de los cerebros”, o si los algoritmos adquieren un poder absoluto… ¿Dónde quedaría la intimidad, o incluso yendo un paso más allá, la identidad?

R: Volvemos a lo mismo. Hay muchas posibilidades. Una de ellas es algo que ya estamos viendo, como que las personas exponen en Facebook o en programas de telerrealidad sus secretos más oscuros, más profundos.

Pero creo que a largo plazo la verdadera batalla va a estar entre la salud y la privacidad, y la mayor parte de la gente preferirá la salud por encima de la intimidad. Si al dar datos biométricos personales a una corporación como Facebook o Google, eso supone que a cambio vamos a recibir una atención sanitaria mucho mejor, por ejemplo que te alerten de que estás empezando a desarrollar un cáncer cuando todavía está en una fase muy inicial y aún puedes abordarlo, la mayor parte de la gente va a preferir ofrecer su intimidad a cambio de la salud.

P: Más allá de gobiernos y políticos, ¿Cómo podrán las nuevas generaciones humanas prepararse para la revolución que viene?

R: Creo que las nuevas generaciones lo que necesitan por encima de todo es inteligencia emocional y resiliencia o flexibilidad emocional. Porque ellos van a vivir en un mundo en constante cambio que va a cambiar mucho más rápido que el actual. Para una persona joven el cambio es algo a lo que se puede acostumbrar y contra lo que puede lidiar. A lo largo de la historia hemos visto que los jóvenes siempre se han tenido que enfrentar a cambios inmediatos, porque eso es lo que a fin de cuentas supone crecer. Un adolescente ve cómo su cuerpo cambia continuamente, ve que su lugar en la sociedad también lo hace. Eres un niño y pasas a ser un adulto. Así que para los adolescentes quizá no sea fácil asimilar el cambio, pero lo hacen.

Lo más importante que tienen que aprender los jóvenes es cómo crear una identidad flexible.

Pero pasada una cierta edad, por ejemplo a los cuarenta o a los cincuenta años, a la gente le cuesta muchísimo más enfrentarse al cambio y reinventarse. Durante la historia, las personas mayores de hecho no superaban esos cambios. Cuando eres joven, te construyes una personalidad, una identidad, una carrera profesional, y cuando llegas a los cincuenta simplemente continúas con esa identidad, esa personalidad y esa carrera.

Pero en el siglo XXI esto será totalmente imposible. Si intentas aferrarte a una identidad inflexible o a una carrera profesional inflexible, muy pronto vas a ser irrelevante y no te vas a poder adaptar a ese mundo cambiante. Así que lo más importante que tienen que aprender los jóvenes es cómo crear una identidad flexible, cómo tener la capacidad emocional para no dejar de cambiar a lo largo de la vida, y esto es algo que es muy difícil de enseñar, sobre todo porque los profesores y los adultos no saben cómo hacerlo, y creo que sería una tarea muy importante para la generación ahora joven encontrar la manera de afrontar tanto cambio.

P: ¿La posesión de los algoritmos otorgará el poder absoluto?

R: Como los algoritmos cada vez nos conocen mejor, cada vez van a conseguir más y más poder. El poder de tomar las decisiones en nuestro nombre. Esto ya es una realidad, con las cosas más sencillas. Por ejemplo, cuando la gente camina por la calle, antes confiábamos en nuestro instinto, pero ahora confiamos más en los algoritmos de nuestro teléfono inteligente, cuando nos dicen que giremos a la derecha o a la izquierda. Y ya permitimos incluso que los algoritmos decidan incluso qué libros nos gustan en Amazon o en una librería virtual.

Dentro de veinte o treinta años, estos algoritmos puede que también tengan la autoridad, o la gente les otorgará autoridad para que tomen por nosotros las decisiones más importantes de la vida, como qué carrera van a estudiar en la universidad. Le preguntarás a Facebook porque el algoritmo de Facebook te conoce mucho mejor de lo que te conoces tú. Mucho mejor de lo que te conocen tus amigos, tus padres o tus profesores. Y no solo te conocen a ti, sino que también dispone de estadísticas de millones y millones de personas.

P: Comentabas en tu anterior libro, Sapiens, que a lo largo de la historia la mayoría de las redes de cooperación humana se han organizado para la opresión y la explotación… ¿Qué nos hace pensar que estas nuevas redes superhumanas sean diferentes?

R: Quizá sí que tengan este fin. Puede que desarrollemos un mundo con esas redes en las que haya explotación, discriminación… Este es uno de los grandes peligros a los que tenemos que hacer frente.

En términos más concretos, hay un gran peligro de que esta nueva tecnología vaya a permitir que una élite muy reducida concentre en su manos la mayor parte del poder económico y político del mundo, y esta es una posibilidad muy peligrosa, porque no se sabe qué es lo que puede hacer esa élite con todo ese poder en sus manos, mientras que la mayor parte de la población será impotente y no podrá resistirse.

P: “Conócete a ti mismo” estaba inscrito en el templo de Apolo, en Delfos. ¿Es lo único que nos puede salvar de naufragar en la revolución tecnológica que se avecina?

R: Considero que hoy es más importante que nunca en la historia conocernos a nosotros mismos, porque hay competencia a nuestro alrededor. Durante miles de años, filósofos, profetas, pensadores como Sócrates o Buda le decían a la gente que se tenía que conocer mejor. ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que te motiva?... Y la mayoría de la gente no prestaba mucha atención a estos interrogantes. Pero nadie podía conocer mejor al individuo que el propio individuo.

Hoy hay algo que está intentando conocerte mejor que tú a ti mismo.

Hoy hay algo que está intentando conocerte mejor que tú a ti mismo, y ese algo son todos esos algoritmos: Facebook, Amazon, etcétera… Así que si tú no te conoces a ti mismo, muy probablemente va a haber algo ahí afuera que te conozca mejor que tú a ti mismo, y entonces vas a perder el control de tu propia vida.

P: Los seres humanos, como mamíferos que somos, necesitamos vínculos emocionales para poder vivir. ¿Se entiende que Homo Deus prescindiría de todo vínculo emocional con el mundo que le rodea? ¿Merece la pena un mundo sin sentimientos y sin imaginación, sin pasión, sin errores, sometido exclusivamente a la frialdad de la más pura inteligencia?

R: Creo que si perdemos la conciencia y las emociones va a ser algo terrible, pero nadie puede asegurar que esto sea lo que va a ocurrir. Como ya he apuntado, la tecnología no es determinista, hay un camino y si seguimos ese camino el resultado es justamente eso que acabas de describir. Un mundo con una gran inteligencia, pero con muy pocas emociones, con muy poca conciencia, y esto será muy malo.

Pero aún estamos a tiempo, aún podemos elegir, avanzar por un camino paralelo, utilizar la tecnología de otra manera y dar más importancia a la conciencia que a la inteligencia. En términos prácticos yo creo que ya en la actualidad necesitamos invertir mucho más dinero, más energía, más esfuerzo en comprender la mente humana y no tanto en entender el cerebro y el cuerpo humano.

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