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Los jubilados británicos que viven en España, inquietos por la posibilidad de un 'Brexit'

Los jubilados británicos residentes en España temen perder dinero y derechos si hay 'Brexit'

  • Hay más británicos expatriados en España que en cualquier otro país europeo

  • Temen que sus pensiones se devalúen y no poder acceder a la sanidad

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Sol, calidad de vida y buena atención sanitaria. Los jubilados británicos tienen claro por qué eligen España para pasar su retiro. Oficialmente, unos 300.000 ciudadanos están registrados pero, en realidad, hay cientos de miles de británicos viviendo en nuestro país. De hecho, hay más británicos expatriados en España que en cualquier otro país europeo. A los mayores de 65 años lo que más les preocupa, sobre todo, es: ¿Qué pasará con su pensión y con su derecho de residencia si el Reino Unido abandona la UE?.

The Times publicó hace unos meses que cada día unos 100 ciudadanos abandonan España ante la incertidumbre de que sus pensiones se devalúen y no puedan acceder a la sanidad si se marchan del club comunitario. Puede que esta cifra sea un poco exagerada pero lo cierto es que muchos pensionistas británicos podrían estar pensando en vender sus propiedades y regresar a casa. La marcha de estos jubilados también supondría la ruina para inmobiliarias de la costa especializadas en la venta de pisos a extranjeros.

Si debemos pagar nuestros médicos creo que mucha gente tendrá que regresar al Reino Unido

"Hay muchos británicos que viven en España con una pequeña pensión pero si tenemos que pagar nuestras medicinas, si debemos pagar nuestros médicos creo que mucha gente tendrá que regresar al Reino Unido. Me parece estúpido salir de la Unión", afirma Patricia Dennison, de 80 años, que abandonó su Luton natal hace 11 años para vivir en la costa del sol.

"Me siento más española y catalana que británica"

Es vecina de Peter Harrison y su mujer. Uno de los muchos matrimonios de ancianos que se ha instalado en casas prefabricadas del camping "Saydo Park", ubicado en Mollina a unos 60 kilométros de Málaga. De sus cinco mil habitantes, casi mil son británicos que no hablan español. No lo necesitan porque estos jubilados se relaciona con otros jubilados de las islas británicas y tienen acceso a supermercados, pubs y tiendas donde trabajan otros británicos. "Si salimos de la UE, -dice Peter- podríamos perder el incremento de nuestras pensiones al vivir fuera del Reino Unido. Con lo cual también tendríamos más dificultades a la hora de viajar".

Para todos los públicos En Portada - Reino Unido: In or Out - ver ahora
Transcripción completa

Es el gran símbolo de Londres.

Aquel que no falta en las fotos de recuerdo de todo turista.

El Big Ben se yergue sobre el Palacio de Westminster,

sede del Parlamento británico,

representante de la soberanía popular.

Marca las horas con gran fiabilidad y precisión,

y salvo en un par de ocasiones, no ha fallado a lo largo de su historia

Puntualidad británica lo llaman.

Pero aunque su hora es la hora exacta del meridiano de Greenwich,

que pasa por la capital británica,

va una por detrás de la del continente porque éste la adelanta.

Así que aquí relojes y ciudadanos marchan a ritmo británico,

distinto al de los europeos continentales.

¿Puede ser esta la causa

de sus difíciles relaciones con sus socios de la Unión Europea?

¿O son la niebla y las nubes las que impiden a los isleños

ver el continente?

En realidad, lo que subyacen son razones históricas, geográficas,

económicas, políticas.

La Unión Europea es mala para Europa,

es solodesempleo masivo y roba la democracia a la gente.

Como estudiante, permanecer en Europa es muy importante para mí

y mis compañeros.

Estamos es contra de las instituciones de Europa.

El Reino Unido está mejor en la Unión Europea.

No podemos permitirnos pagar a la UE.

Es una fuerza unificadora

y eso significa que enfrentamos juntos las dificultades.

Para los británicos la integración europea

nunca ha sido un plato de gusto.

No quisieron estar en el nacimiento,

en 1957, de la Comunidad Económica Europea (la CEE),

el embrión de la actual Unión.

Y, además, promovieron la puesta en marcha, eso sí, sin mucho éxito,

de la Asociación Europea de Libre Comercio, en 1960,

para contrarrestar a la CEE.

El entonces presidente francés, Charles de Gaulle,

que no se andaba con bromas

y al que no le gustaba la cercanía de Londres con Washington,

juró que no entrarían mientras él lo pudiese evitar.

Quería una Europa independiente de las dos superpotencias

y veía al Reino Unido como un perrito faldero de Estados Unidos.

Cuando el Reino Unido pidió entrar en la Comunidad Económica Europea,

tanto en 1963 como en 1967, recibió dos noes como dos catedrales

Y es que el general De Gaulle era mucho De Gaulle

y hasta que no se retiró en 1969,

no fue posible el ingreso del Reino Unido, finalmente, en 1973.

Se está convirtiendo y desarrollando en una unión política,

algo que no quiero.

No nos gusta perder nuestra soberanía.

Tenemos que unirnos a vosotros y convertir el mundo en un mundo mejor,

no abandonaros.

La vida en Europa es algo muy,

muy distinto a formar parte de la Unión Europea

y que Bruselas dicte las leyes en este país.

Siguiendo la estela de su príncipe literario más conocido,

cuatro siglos después,

los británicos viven su propia tragedia moderna,

su dilema vital en sus relaciones con la Unión Europea.

Pero hoy el "To be or not to be", el ser o no ser, de Hamlet

se convierte en un Brexit o no Brexit,

un salir o no salir del club de Bruselas, en un leave, irse,

o un remain, quedarse, en un in, dentro, o un out, fuera.

Esta es la cuestión.

Pero si la tragedia del Hamlet de Shakespeare

lo era por no poder tener a Ophelia, al amor de su vida,

no es amor precisamente lo que han sentido

o sienten los británicos hacia la Unión Europea.

Se ha tratado siempre de un matrimonio de conveniencia

en el que han gozado de algunas cláusulas de convivencia

diferentes a las de sus socios.

Pero, ante un posible divorcio,

todo adquiere tintes trágicos porque las dos partes saldrían muy dañadas

y doloridas.

Los británicos no tienen el mismo apego emocional a la Unión Europea

que los alemanes, los italianos o los españoles, por diferentes razones

La política nacional no fue desacreditada por la guerra

como en Alemania

y nuestras instituciones funcionaron a diferencia de Italia

y tenemos nuestra propia democracia desde hace mucho tiempo,

no como España.

Los británicos siempre han ido a su ritmo

y han marcado el rumbo que más les convenía.

Apenas dos años después de su incorporación a la CEE, en 1975,

ya sometieron a referéndum su pertenencia.

Ganó el sí a Europa con una clara mayoría.

En 1975, confirmamos como una nación

que queríamos ser parte del mercado común.

Cuando tuvimos el Tratado de Maastricht se decía no,

que este tratado llevaba al país demasiado lejos en Europa,

que nos diesen la posibilidad de expresar nuestro punto de vista.

El gobierno de entonces rechazó esto

y ellos quizás son los arquitectos de la disensión que se ve hoy.

Así que los británicos el 23 de junio

asisten a su propio dejá vu histórico,

en un momento crucial para la Unión Europea.

El primer ministro británico, el conservador David Cameron, se metió,

al comprometerse con la consulta,

en un jardín sin flores del que va a salir sí

o sí al menos con algunos arañazos.

Es ahí donde está una de las claves.

El avance del antieuropeísta UKIP

que podía causarle una sangría de votos

por la derecha más recalcitrante y la presión del ala más conservadora

y euroescéptica de su propio partido llevaron a Cameron

a prometer la celebración del referéndum,

si ganaba las elecciones de 2015.

Hay una guerra civil dentro del partido conservador

y el partido conservador está en el poder.

La forma en que David Cameron intenta evitar la guerra civil

fue la promesa de que habría una renegociación

y después un referéndum.

Se encuentra en la difícil posición

de tener que pelear en un referéndum muy disputado que nunca quiso.

Al final, Cameron no sólo ganó las elecciones,

sino que lo hizo por mayoría absoluta.

No necesitaba a los liberales para gobernar

pero tampoco los podía utilizar como excusa

para evitar la convocatoria del referéndum al que éstos se negaban.

Se metió en un atolladero del que no ha podido salir.

En febrero, conseguía arrancar a sus socios comunitarios un acuerdo

para redefinir las relaciones del Reino Unido con la Unión Europea.

Ese estatus especial para Londres

es el que ahora blande el premier británico

para convencer a sus compatriotas de que voten en contra del Brexit.

Nuestro plan para Europa nos da lo mejor de los dos mundos.

Subraya nuestro estatus especial,

por el que las familias en toda Gran Bretaña

obtienen todos los beneficios de estar en la Unión Europea,

incluyendo más trabajo, precios más bajos y más seguridad.

Pero nuestro estatus especial también significa

que estamos fuera de las áreas de Europa

que no queremos para nosotros.

Por eso, nunca nos uniremos al euro,

ni seremos parte de los rescates de la eurozona,

ni parte de la zona libre de pasaportes o sin fronteras,

ni del ejército europeo ni del superestado de la Unión Europea.

Muchos de los gobiernos de la Unión Europea

sienten que ya han ido todo lo lejos que podían para atender

las preocupaciones británicas y siendo justo, creo que tienen razón.

Gran Bretaña ya tiene un estatus bastante privilegiado

dentro de la Unión Europea, no es el miembro imposible

y difícil como a veces se le presenta

pero es un miembro bastante complicado.

Desde su privilegiada situación, el London Eye, el Ojo de Londres,

la noria que se ha convertido

en uno de los iconos más emblemáticos de la capital,

observa y calla.

Ella gira y gira,

mientras los británicos siguen deshojando la margarita

en su particular quiero o no quiero Brexit.

El país es el centro de las miradas y de los temores de Bruselas

y de sus socios.

El resultado se prevé ajustado.

Los jóvenes son más partidarios de quedarse

mientras que los mayores y más conservadores prefieren el Brexit.

El problema en el Reino Unido

o desde la perspectiva de alguien que quiere seguir en la Unión Europea

es que la participación es baja en las elecciones,

particularmente entre los jóvenes.

Que son más de izquierdas y favorables a la Unión Europea

pero no van a votar.

La vieja generación todavía tiene la idea de que el Reino Unido

tiene la Commonwealth, un imperio, que no necesitan Europa

y que pidieron tres veces ingresar

y todavía piensan que no necesitan Europa.

Pero la generación más joven no cree en eso,

nos sentimos mucho más europeos que la vieja generación,

no creemos que tengamos que ser diferentes.

Los miembros de Students for Europe, Estudiantes por Europa,

son muy conscientes de la necesidad de movilizar a los jóvenes

y animarles a votar el día de la consulta.

Podrían ser incluso determinantes para

inclinar la balanza de uno u otro lado.

Entre los voluntarios de la organización nos encontramos

a dos estudiantes españoles

dispuestos a poner su granito de arena

para evitar la salida del Reino Unido de la Unión.

Yo cuando empecé con la campaña de "students for euope and stronger in",

verdaderamente pensé es imposible que Inglaterra salga de la UE

pero cada vez más nos está entrando miedo

y parece que puede ser una posibilidad, la verdad.

A mí lo que me da miedo también

es que no sé qué va a pasar si hay un Brexit, es que nadie lo sabe,

como cambia nuestra situación

y la de otros españoles que también quieren moverse a Inglaterra.

No solo los estudiantes en nuestra universidad,

la universidad de Sheffield pues también tenemos muchos profesores

que han venido de España y dicen lo mismo, no saben muy bien,

precisamente yo tengo un profesor español

que da clases sobre la Unión Europea

y dice no sé si ya tendré estudiantes

que les importe cosas sobre la Unión Europea.

Los estudiantes, en su mayoría, quieren quedarse en la Unión Europea

Saben que la Europa sin fronteras -aunque su país no esté en Schengen-

les facilita la movilidad y libertad para estudiar, investigar

y trabajar allí donde deseen en la Unión.

Sin olvidar, que se perderían los fondos que Bruselas

aporta a la enseñanza superior.

Ellos se manejan bien en las redes sociales

que se han convertido en parte fundamental de la campaña.

En ellas se confrontan argumentos y contra argumentos

y se encuentran iniciativas y movimientos a favor y en contra,

de todo pelaje y color.

Están enfrentados en una guerra sin cuartel, eso sí pacífica

y sin que la sangre llegue al Támesis.

Mike Galsworthy pasa la mayor parte del día colgado de internet

y de las dos plataformas a su cargo

“Científicos por la UE” y “Más sanos dentro”,

dirigidas a la comunidad científica y al sector de la sanidad

que podrían verse muy afectadas por el Brexit.

Es una forma más saludable de hacer un referéndum,

no solo alrededor de unos cuantos políticos

que cuentan lo que les conviene sino tener realmente,

y los medios sociales son una buena forma para eso,

tener discusiones área por área de grupos profesionales diferentes

o de diversas regiones.

Sabemos por la historia del desarrollo de la ciencia

del Reino Unido que la Unión Europea es una parte muy, muy importante,

está aumentando los fondos

e incrementando la política de armonización.

La mayoría de nuestras publicaciones

son ahora colaboraciones internacionales.

Así que la Unión Europea es absolutamente vital

para la ciencia del Reino Unido.

La ciencia del Reino Unido no son los científicos británicos,

son los científicos en Gran Bretaña

y proceden de todo el mundo, y un 15 a 20% son de la Unión Europea,

de países como España, Alemania, Francia y Holanda.

¿Qué pasaría con ellos?

Como en el resto de los sectores,

la incertidumbre sobre las consecuencias es absoluta.

Nadie sabe con certeza qué ocurriría el día después de un posible Brexit.

Se temen una huida de los cerebros extranjeros

o dificultades para que vengan otros.

Y el Reino Unido se volvería menos

atractivo para los científicos europeos, como Eduardo Oliver,

uno de los varios miles de españoles investigadores en este país.

Eduardo es presidente de la Sociedad de Científicos Españoles

en el Reino Unido, donde lleva cinco años en el Imperial College.

Estudió farmacia en Valencia.

Lo primero es que el Reino Unido va a ser un poco menos atractivo

para el talento porque, por un lado, no va a poder entrar en el diálogo,

las decisiones del sistema de ciencia a nivel europeo

porque va a estar fuera de él.

Los investigadores van a tener menos acceso a fondos europeos

y a día de hoy el Reino Unido es capaz de atraer

el 20% de sus fondos de investigación provienen de fondos europeos.

También en José Pizarro, el chef español más conocido de Londres,

se percibe preocupación.

Llegó hace 17 años a Londres con la ilusión de emprender algo nuevo.

Hoy tiene dos restaurantes en la capital británica.

El Reino Unido es su segundo hogar.

Dice que le abrió la puerta y que encontró bastantes facilidades

gracias a que era miembro de la comunidad europea.

Sin duda, su carácter abierto y su carisma, junto a su tesón y esfuerzo

han contribuido al éxito en su conquista del paladar

de los pobladores londinenses.

Lo veo un poco triste porque,

¿qué va a pasar?, ¿qué va a pasar, si nos vamos?

Las cosas han sido muy fáciles para mí,

¿qué va a pasar ahora?

Yo tengo dos restaurantes, tengo negocios de restauración.

¿Va a ser mucho más difícil para mí hacer compras?

¿Quién va a darme la facilidad que tengo ahora mismo?

Habrá problema de tasas,

habrá muchísimos problemas que ahora mismo no los tengo

y tanto es beneficioso para nosotros en el Reino Unido

como para España.

La unión hace la fuerza y la separación es destrucción.

Vote Leave, Vota Salir y Britain Stronger In Europe,

Gran Bretaña es más fuerte en Europa Vote Remain, Vota Permanecer,

son los lemas de los dos campos enfrentados,

un enfrentamiento que divide a políticos, incluso del mismo partido

a familias y a la sociedad británica en su conjunto.

Y desde la prensa la de derecha

y la sensacionalista abogan en general por el Brexit.

Acompañamos a un grupo de voluntarios

de Vota Salir en su campaña de puerta en puerta para pedir el voto

o al menos dejar folletos informativos

en un barrio londinense de clase media.

No sólo están convencidos de que su país saldrá de la Unión Europea,

sino de que luego seguirán otros.

Creo que Gran Bretaña estará mejor fuera de la Unión Europea.

Podremos controlar nuestro propio dinero,

elegir y despedir a los políticos que hacen nuestras leyes.

El objetivo es volver a ser una democracia,

librarnos de los burócratas a cargo de la UE

y esperamos dar un mensaje a toda la gente en Europa

de que no necesitamos ser un miembro de la UE

y podemos vivir en democracia de nuevo

y hacer nuestras leyes y vivir en un país libre.

Vemos a Gran Bretaña comerciando y cooperando con todos los continentes,

no en una unión política.

Un país independiente, democrático que elige a sus propios políticos,

que elabora sus propias leyes y es de nuevo una democracia en condiciones.

Los argumentos que se repiten en el bando del Brexit

giran en torno a la recuperación de soberanía y de democracia

y de libertad.

Lo vamos escuchando en todos los defensores de la salida de la Unión,

también de boca de Robert Oulds,

director del think tank “The Bruges Group”,

fundado en su día por la ex primera ministra Margaret Thatcher

que no hizo la vida fácil a sus socios europeos

y a los que les sacó el llamado cheque británico.

Hoy, sus sucesores, ya no se conforman con apaños y privilegios,

directamente quieren irse del club.

Y hasta el último voto es importante

ya que el resultado podría ser muy ajustado.

Queremos un país que se gobierne a sí mismo,

queremos tener control sobre nuestros propios asuntos,

ser una voz en el mundo.

Gran Bretaña tiene la quinta mayor economía del mundo.

No necesitamos ser gobernados por la Unión Europea,

no necesitamos para el comercio tener una unión política,

podemos tener todo eso,

pero no tenemos por qué estar controlados

por el Tribunal Europeo de Justicia, por la Comisión Europea,

por el Banco Central Europeo.

Podemos tener nuestras propias políticas como otros países.

Otra razón por la que queremos irnos es el coste.

Somos contribuyentes netos al presupuesto de la Unión Europea.

Damos al presupuesto 20.000 millones de libras

y recuperamos unos 10.000, lo que significa que otros 10.000

se quedan en Europa.

Una de las grandes razones es algo que ha ocurrido en los últimos años.

Hay una enorme ola de inmigración en este país

que no podemos controlar.

Queremos ser capaces de elaborar nuestras propias leyes,

queremos ser capaces de decidir quién viene aquí y quién no,

de coger y rechazar a aquellos

que gastan el dinero de los contribuyentes.

Salimos de Londres para comprobar el pálpito de la campiña inglesa,

de ese mundo rural más conservador

y que se inclina en su mayoría por el Brexit.

Es lo que va a hacer el granjero Michael Seals

que en su granja familiar se dedica fundamentalmente

a la cría de caballos.

En el 75, votó a favor de la Europa de entonces, la del mercado único.

Pero tiene animadversión a todo lo que pueda oler

a pérdida de soberanía o a control político.

Para él, el Tratado de Maastricht es el punto de no retorno.

Está convencido de que los subsidios europeos que pierda,

serán garantizados por el gobierno británico.

Estoy a favor del comercio

y me gusta trabajar con países diferentes en la UE,

pero no quiero ser subsumido en un gran estado europeo.

Nosotros comerciamos todos juntos,

comerciamos con Rusia, con America, con China,

comerciamos con India, con Australia,

comerciamos por todo el mundo como nación. No se trata solo de Europa.

Somos realmente comerciantes mundiales y como país,

el Reino Unido siempre lo ha sido.

Confía en las negociaciones del día después entre el Reino Unido

y la Unión Europea.

Pero no hay Plan B o al menos no se conoce.

El Vote Salir no ha puesto nada a ese respecto sobre la mesa.

Entre los expertos en Unión Europea

como los del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores

reina una gran incertidumbre sobre qué puede suceder, si sale el Brexit

Sabemos lo que significa estar en la Unión Europea,

pero nadie sabe cómo sería estar fuera.

Va a provocar el caos en Gran Bretaña

pero también va a crear caos en el resto de la Unión Europea

porque hay mucha gente de otros países que viven aquí.

Gran Bretaña es uno de los mayores contribuyentes

al presupuesto de la UE, hay un gran comercio con otros estados miembros

y Gran Bretaña ha sido una parte realmente importante

en las leyes de áreas políticas claves.

No sólo va a dañar a Gran Bretaña,

va a crear un problema masivo en toda la Unión Europea.

Una de las cosas sobre las que podemos estar seguros

es que las negociaciones no van a ser de ninguna manera tan amistosas

y convenientes como los euroescépticos arguyen.

Las negociaciones serán duras.

Así que podría ser posible incluso que acabásemos completamente fuera.

Los economistas británicos, en su mayoría,

se oponen a la salida de la Unión.

Advierten sobre una caída

a largo plazo del Producto Interior Bruto,

si se abandona el mercado único.

Existe también temor

sobre el impacto en los ingresos de los ciudadanos.

La economía británica se vería dañada y su crecimiento mermado,

incluso podría subir el paro

y producirse una deslocalización

hacia el continente de muchas empresas.

También se desconocen las consecuencias

para el futuro de la City londinense,

en la que se mueve una gran parte de las finanzas del mundo.

Es el primer centro financiero mundial

y sin los ingresos que genera, el 15% del PIB británico,

la quinta economía mundial, se vería tocada.

Más de 500 bancos operan aquí.

En transacciones internacionales,

la City supera a Wall Street.

Londres es también el centro de las finanzas extraterritoriales,

lo más parecido a un paraíso fiscal.

Todo está abierto pero parece haber coincidencia

en el impacto negativo para el Reino Unido,

de lo que no quieren ni oír hablar los del campo del Vote Salir.

Dicen que esas aseveraciones forman parte de la campaña

para conseguir a base de miedo evitar un triunfo del Brexit.

Paulette Furse no tiene miedo.

Votará por salir de la Unión Europea.

Tiene una pequeña gestoría en Kent, no lejos de Londres.

Es una activista que trabaja desde hace años en temas de género.

Y se ha implicado en esta campaña a favor del Brexit

con el grupo Women for Britain, Mujeres por Gran Bretaña.

Dice que es necesario que las mujeres hagan oír su voz,

que se oye poco teniendo en cuenta que son la mitad de los votantes.

La Unión Europea puso IVA en productos necesarios,

productos sanitarios para mujeres.

Y sentimos que hemos sido penalizadas

por la forma en que se comporta nuestro cuerpo.

Así que hemos hecho campaña

para que quiten ese impuesto sobre los tampones

porque en Gran Bretaña el impuesto es 0

sobre todo aquello que sea una necesidad

y obviamente las mujeres no pueden evitar

la reacción mensual de su cuerpo.

Al día siguiente nos encontramos de nuevo con Paulette

y otras mujeres del consejo directivo

de la plataforma Women For Britain,

que se enmarca en el campo del Vote Salir.

Entre ellas está Anna Firth, la fundadora de este grupo de mujeres.

Se apasionan cuando discuten sobre los principios que comparten.

Los argumentos son prácticamente los mismos

que se pueden escuchar de otros partidarios del Brexit.

Aquí no parece haber muchas diferencias por razones de sexo.

El resumen al final podría ser:

sí a Europa pero no a la Unión Europea institucional.

Lo que está ocurriendo ahora es que

más del 60% de las leyes en este país, lo que es la mayoría,

son determinadas por eurócratas no elegidos

y no responsables que se sientan en Bruselas.

Eso no es democracia, esto no es la herencia que, nosotras las mujeres,

vamos a pasar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.

El trabajo de los voluntarios

sobre el terreno es fundamental en una campaña en la que las emociones

y la capacidad de convencimiento pueden ayudar a sumar votos a uno

u otro de los bandos contendientes.

Lo saben bien en Stronger In Europe, más fuertes dentro de Europa.

Empezaron a calentar motores

desde el momento en que quedó claro que habría referéndum

y desde el comienzo de la campaña

no han cesado de organizar actos de todo tipo

para informar sobre las razones para votar a favor

de permanecer en la unión.

Y por teléfono,

intentan conseguir voluntarios para que participen en los mismos.

Entusiasmo no les falta

y mucho menos a su coordinadora que se declara europeísta convencida.

Soy una gran apasionada de la pertenencia a la Unión Europea.

Tengo 23 años. Hay muchos jóvenes muy apasionados sobre esto.

Forma una gran parte de nuestras vidas

y nos ofrece oportunidades y vamos a la universidades europeas

y tenemos oportunidades culturales, también oportunidades económicas.

La verdad es que tampoco le falta entusiasmo a Joseph Young,

fundador de la iniciativa “Las Artes por la Unión Europea”.

Trabaja en instalaciones y representaciones artísticas.

Nicodemus, que le acompaña, es director de teatro

y artista conceptual.

Estábamos realmente preocupados

porque nadie estaba haciendo de la cultura un caso positivo,

porque para mí uno de los asuntos más importantes

sobre el referéndum europeo es el hecho de que somos europeos.

Yo soy británico, pero también europeo.

Y realmente estamos muy orgullosos de ello, este es el asunto.

Hay como mucha disculpa, incluso en el bando proeuropeo.

Este hombre es alemán,

vive en este país desde hace unos 30 años.

Soy inglés pero tengo una herencia mixta.

Y los artistas realmente dependen de la libertad de movimiento.

Yo paso mucho tiempo en Berlín, allí tengo mucho trabajo.

Junto a otros dos artistas amigos

son el corazón de esta iniciativa para movilizar al mundo de las artes

a favor de la permanencia en la Unión.

Incluso han hecho público un Manifiesto a favor de Europa.

Al final, todo se vería afectado por un posible Brexit,

incluso la Premier League.

Acudimos a un bar en el que aficionados al fútbol se reúnen

para ver los partidos sobre todo de otras ligas, como la española,

y allí nos encontrarnos con unos jóvenes

que han montado su propia plataforma “Football Fans for Europe”,

Aficionados al Fútbol por Europa.

En nuestra conversación

queda claro que no sólo les mueve el deseo de que la Premier League

no pierda nivel porque no vengan jugadores de otros países

de la Unión Europea, sino que creen en la Unión.

Ahora mismo los jugadores europeos pueden moverse

y jugar en equipos de Gran Bretaña y de Europa

porque somos parte de la Unión Europea.

Esto no será posible si nos vamos de Europa.

Nuestro fútbol se vería dañado por eso.

Solo por tener los mejores jugadores

la Premier League tiene más atractivo,

hay más espectadores en todo el mundo viéndola

porque todos los mejores jugadores europeos están aquí.

Tenemos amenazas comunes y objetivos comunes.

La Unión Europea es el mejor aparato para trabajar juntos.

Una cooperación internacional más igual con sus vecinos

es la mejor solución para la mayoría de este país.

Irse supondría un enorme coste al Reino Unido.

Adam Lake es el portavoz de Out and Proud, Fuera y Orgullosos,

que reúne a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales

favorables a la salida de la Unión Europea.

Su pareja es el brasileño Luis de Jesús,

que trabaja de encargado en una tienda de chocolates.

Vino al Reino Unido a estudiar y ha acabado quedándose.

Para ellos no hay otra opción que la salida de la unión,

convencidos de que gozan de más libertad en el Reino Unido.

No les gusta la deriva que en el campo de las libertades

están tomando otros países y abogan para que el Reino Unido

recupere su capacidad de controlar la inmigración

y así evitar los abusos que se producen, según ellos,

por parte de algunos inmigrantes.

Creo que hay una gran diferencia respecto a hace 8 años

y esta diferencia es por Europa

y pienso que definitivamente debemos irnos, es mejor para el país.

En “Fuera y Orgullosos”

creemos que dar más poder al parlamento del Reino Unido

es lo mejor para nuestros derechos.

No creemos que la Unión Europea sea antigay.

Por supuesto que no, la UE ha hecho mucho por los gay.

Pero creo que el Reino Unido puede garantizar mejor

los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales,

si está fuera de la Unión Europea.

Un posible Brexit podría volver a abrir la caja de los truenos

cerrada hace menos de dos años

con el referéndum sobre la independencia de Escocia,

en septiembre de 2014.

Los escoceses, firmes partidarios de seguir en la Unión Europea,

votaron en aquella consulta

pensando en un Reino Unido dentro de la Unión Europea.

El gobierno nacionalista escocés

podría plantearse la celebración de una nueva consulta de independencia,

si el Reino Unido sale de la Unión.

David Torrance, escritor y periodista,

al que conocimos en Escocia durante la campaña de aquel referéndum,

no cree que se produjese de forma inmediata

la convocatoria de una consulta, salvo que el ejecutivo de Escocia

estuviese seguro de ganarla esta vez.

El consenso político en Escocia, el discurso político,

el debate en las últimas décadas,

con seguridad desde finales de los 80,

cuando el Partido Nacionalista Escocés

pasó de ser anti Europa a proeuropeo,

el debate ha sido en general positivo sobre la Unión Europea

con salvedades.

La política común de pesca es controvertida,

a la mayor parte de los escoceses,

como a la mayor parte de los británicos,

no les gusta entrar en la moneda única

y la mayoría ve a la Unión Europea

como un bloque comercial más que como un proyecto político.

Pero sí, la atmósfera en Escocia es mucho más positiva.

John Nicholson,

parlamentario del Partido Nacional Escocés en Westminster,

no descarta la convocatoria del referéndum independentista,

si se produce el Brexit.

En Escocia, no existe el sentimiento antieuropeísta

presente en Inglaterra

y están convencidos además del interés de la propia Unión Europea

en que Escocia siga en el club.

Si nos van a sacar de Europa en contra de nuestra voluntad,

porque Inglaterra es diez veces mayor que nosotros,

si nosotros votamos a favor de quedarnos en Europa

e Inglaterra a favor de irse, pienso que es antidemocrático.

Considero que pondremos en funcionamiento un segundo referéndum

sobre la independencia escocesa.

Si eso ocurre, creo que votaremos sí.

Si Escocia pidiese quedarse como miembro de la Unión Europea,

creo que la Unión Europea se alegraría.¿Por qué no?

Tenemos las mayores reservas de pesca en toda Europa,

tenemos las mayores reservas de petróleo de toda Europa,

tenemos la costa más larga de la Unión Europea,

estamos en una importante ruta estratégica en el norte de Europa

que es vital para la OTAN.

Por supuesto, van a querer que nos quedemos en la Unión Europea.

Los dos campos velan armas y tienen las espadas en alto.

Sea el resultado el que sea,

nada será igual después de esta consulta

en las relaciones entre la Unión Europea y el Reino Unido.

Los británicos han elegido probablemente

el peor momento de la historia del proceso de integración europea

para celebrar el referéndum,

en medio de la crisis del euro

pero sobre todo de una profunda crisis de valores

que podría acabar por provocar escisiones entre sus miembros.

Si se mira hoy a Europa, la mayoría de la gente se siente insegura,

ven cómo la crisis de los refugiados

crea caos e inestabilidad en diversos lugares.

La gente siente que el euro

ha sido un desastre económico para mucha gente

y no ven venir la prosperidad, lo que ven es desempleo masivo.

Europa no parece un experimento de países que trabajan juntos

porque no podemos ponernos de acuerdo en nada

y no hay solidaridad entre los europeos.

“Hug a brit”, “Abraza a un británico”

es el lema de la campaña iniciada por la alemana Katrin Lock,

residente en Londres, y un grupo de amigos.

Página web, Twitter, Facebook, Instagram,

al servicio de convencer a los británicos

para que se queden en la Unión Europea.

“Os queremos”, “Sois parte de Europa”,

“Por favor, no os vayáis”.

Desde el corazón llaman a los europeos no británicos

a abrazar a un británico

y colgar las fotos en las redes sociales

en un intento de evitar el Brexit.

La campaña fue viral y ha acabado extendiéndose al continente.

Hay muchos problemas en Europa, hay muchos problemas internacionalmente.

Este no es un mundo seguro, no es un mundo con respuestas sencillas

y justamente porque las respuestas son difíciles no se puede decir:

me voy hacia la puerta y cojo la salida.

Tenemos asuntos juntos y dentro o fuera de Europa,

estos asuntos no van a desaparecer.

Se trata de valores,

tenemos los mismos valores que nuestros amigos españoles, italianos,

eslovacos, valores como la solidaridad,

la apertura, el pluralismo, la diversidad cultural y lingüística.

Tenemos que seguir dialogando sobre la solidaridad y la cohesión

y el entendimiento mutuo y la tolerancia.

Son tiempos difíciles,

tanto más importante que hablemos de estos valores.

El hamletiano dilema de los británicos ya no tiene marcha atrás,

se resolverá el 23 de junio.

No habrá muerte pero a más de uno le puede dar un pasmo,

si sale el Brexit.

En cualquier caso, será un nuevo hito histórico,

una nueva fecha que marcar en el calendario

del proceso de integración europea.

Un proceso en el que desde el principio, hace ya más de 60 años

está previsto que, con el tiempo,

haya una profundización en la integración,

incluyendo esa parte política

que tanto pone los pelos de punta a los partidarios del Brexit.

Brexit o no Brexit, dentro o fuera, irse o quedarse.

Son los propios británicos

los que deben resolver el dilema de su duda existencial.

En Portada - Reino Unido: In or Out

Elaine McParland hace 25 años que reside en Salou (Tarragona): "Me siento más española y catalana que británica". No podrá votar en el referéndum del 23 de junio porque la ley británica prohíbe participar en las urnas a los que lleven más de 15 años viviendo fuera. Es la gerente del restaurante Olivers donde atiende cada día a numerosos turistas británicos. "No sabemos qué va a pasar realmente", asegura Elaine. Cree que muchos de sus compatriotas que viven y trabajan en la costa verán recortados sus derechos sociales si el Reino Unido sale de la UE. "Pienso que tendrán que renunciar a todos los beneficios de los que disfrutamos ahora por ser parte de la Unión", asegura.

Sentado en la terraza del Olivers, está David Smith junto a esposa. Han venido de vacaciones a ver a la hermana de él: "De momento no tengo mucha información y todavía no se qué votaré", afirma David. "El gobierno nos dice que votemos a favor de quedarnos pero tengo que estudiar qué es lo mejor para los míos antes de tomar una decisión". Finalmente, este turista británico reconoce que votará por el Bremain (quedarse en la Unión Europea) porque está convencido de que es más seguro para su país permanecer en el club comunitario.

Temor entre los expatriados a quedar en un "limbo" legal

Dothy Medway es la dueña del Shankly's Bar en Salou (Tarragona) y, aunque lleva años trabajando en nuestro país, apenas chapurrea el español. Tampoco lo necesita porque en su bar apenas entra población local. "No creo que dejemos la UE, creo que la gente votará quedarse". Se queja de que los políticos no están siendo claros y que los datos son confusos pero ella cree que lo mejor es seguir formando parte de los 28. "Vivimos aquí, trabajamos aquí, tenemos negocios aquí, así que lo mejor es permanecer en la UE". Claro que si ella estuviera viviendo en Reino Unido, reconoce que votaría a favor de salir de la Unión Europea.

Ante la amenza del Brexit, el gobierno de David Cameron elaboró un informe el pasado mes de marzo en el que especificaba que los ciudadanos británicos residentes en los otros 27 estados de la Unión podrían perder el derecho de residencia y de trabajo, así como el acceso a las pensiones, la sanidad y a los servicios públicos.

El ministro para Europa, David Lidington, lanzó incluso una advertencia mucho más dura: los británicos podrían perder el derecho a vivir en España o Francia y los casi dos millones de expatriados que residen en la Unión podrían quedar en una especie de "limbo" legal. Algo parecido podría pasar con los 30.000 británicos de Gibraltar que, según ese mismo informe, podrían perder el derecho a la libertad de movimiento y de comercio.

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