El petróleo prende el conflicto por el programa nuclear iraní


Ver La guerra del petróleo de Ormuz en un mapa más grande
  • Por el Estrecho de Ormuz pasa el 20% del crudo mundial
  • Arabia Saudí sustiuirá a Irán en el mercado europeo
  • Irán ha abandonado el dólar como moneda de intercambio
MIGUEL CHARTEMIGUEL CHARTE 

Los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) vuelven este domingo a Irán para intentar abrir un diálogo con el gobierno de Mahmud Ahmadineyad sobre su programa nuclear. La insistencia de las autoridades de Teherán de continuar con el enriquecimiento de uranio, (según su versión, con fines pacíficos) ha provocado que la Unión Europea acuerde un nuevo paquete de sanciones que incluye un embargo petrolero a partir de junio.

Como respuesta, el Parlamento iraní podría aprobar la suspensión inmediata sus ventas a la UE, que según Ahmadineyad suponen "tan solo" un 10% de su comercio total, frente a la creciente demanda de países como China o India. Además, Irán ha reiterado su más grave amenaza: el cierre del Estrecho de Ormuz.

El conflicto por la supuesta capacidad nuclear de los ayatolás se desliza, por tanto, por una pendiente peligrosa ligada a fuentes de energía más tradicionales, como son el crudo y el gas, y que pueden ser la causa última de un choque armado.

El "cuello de botella" de Ormuz

El Estrecho de Ormuz, entre Irán y los Emiratos Árabes (33km en su parte más estrecha), es el principal "cuello de botella" para los petroleros que navegan por los mares del planeta. Los países del Golfo exportan buena parte de su producción por esta vía. Casi 17 millones de barriles diarios transitaron por aquí en 2011, un millón más que el año anterior, lo que representa el 35% del tráfico marítimo mundial de petróleo y casi el 20% de todo el crudo comercializado en el mundo, según datos de la Administración de Información Energética de EE.UU.

La cifra equivale a una media diaria de 14 petroleros en dirección al Índico y otros tantos entrando para cargar. Un 85% de este comercio se dirige a las economías emergentes de Asia.

Pero también Europa depende de esta vía. En el caso español, entre enero y octubre de 2011 el 37,6% de las importaciones españolas de petróleo provino de Oriente Medio. Un 15% de estas compras se hicieron en Irán (el segundo proveedor de España, después de Rusia) y un 14,5% en Arabia Saudí, según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas (CORES), dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. El gas catarí, un 13% de las importaciones españolas en el mismo periodo, también pasa por el Estrecho.

Ormuz es asimismo la vía de acceso a las mayores reservas conocidas de combustibles fósiles. Solo la antigua Persia atesora bajo su suelo la cuarta mayor reserva mundial de crudo y la segunda de gas. No hay alternativa inmediata al transporte por mar: ni los oleoductos de la Península Arábiga ni la ruta Iraq-Turquía (que sufre también la inestabilidad política) disponen de la capacidad necesaria.

En circunstancias normales, los países europeos pueden reemplazar el crudo iraní con el de Arabia Saudí y evitar así una subida de los precios. Pero una interrupción del tráfico podría provocar un alza fatal para las economías europeas en crisis, como ha advertido ya el FMI. La Agencia Internacional de la Energía podría verse obligada a liberar reservas, como hizo en el caso de Libia cuando puso en el mercado 60 millones de barriles.

Cierre improbable

No obstante, el cierre es improbable porque perjudicaría, en primer lugar, a las propias exportaciones iraníes (2.2 millones de barriles diarios en 2010), y las consecuencias económicas internas mermarían el apoyo popular al régimen.

Así lo cree el profesor Paul Stevens, del centro de estudios internacionales Chatham House, quien en un artículo en el Times explica que el bloqueo es la "principal arma de disuasión" de los ayatolás y no la emplearán para responder a un embargo de la UE cuando tienen pedidos que satisfacer en Asia.

Por el contrario, Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano, advierte que, "aunque no parece que convenga a Irán dentro de la lógica racional coste-beneficio, tiene la capacidad para hacerlo". "Hemos entrado en un escenario en el que vamos a tener esta tensión durante meses o años", añade.

"A medida que las sanciones les aprieten, se pondrá en peligro la propia supervivencia interna del régimen" y puede llegar un momento en que Teherán tenga poco que perder al dar este paso. "El paso de un escenario a otro sería inmediato", vaticina Arteaga.

"La escalada militar de EE.UU. tendría que ser fulminante para evitar lo antes posible el minado de las aguas. Si el Estrecho cierra más allá de un mes, sería muy grave para la industria petrolera", explica el investigador español.

Escenario con riesgos

Incluso sin que los iraníes cierren Ormuz, la situación no estaría exenta de peligro, ya que hay tendencias y actores que podrían precipitar un conflicto bélico. De un lado, el programa máximo de Estados Unidos incluye un cambio de régimen. Washington ha intentado tumbar a la República Islámica desde su nacimiento, en 1979, ya que sacó al país de la órbita occidental en la que se encontraba desde el golpe de Estado contra Mossadegh en 1953, amparado por EE.UU.. Entre otras "afrentas", el gobierno del ayatolá Jomeini nacionalizó los recursos naturales, cuya explotación no puede ser cedida a extranjeros, según la Constitución.

Si bien el actual presidente estadounidense, Barack Obama, ha dejado la puerta abierta a la negociación, no es descartable que los republicanos intentaran avanzar en este objetivo caso de ganar las elecciones presidenciales de este año.

También Israel ha reiteado que considera a Irán, aliado de Siria y Hizbulá, como la principal amenaza regional y ha subrayado que no permitirá su nuclearización, pese a que el mismo estado hebrero ha sido acusado en numerosas ocasiones de disponer de este armamento y a que diversos informes descartan que Teherán esté a punto de obtener un arma atómica. El último de estos informes ha sido elaborado por el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS), que asesora a la administración estadounidense, según informa Reuters. 

Por su parte, el régimen iraní denuncia que ya se ha desencadenado una guerra secreta en su contra, con ataques cibernéticos y asesinatos de científicos nucleares. Una nueva agresión externa podría forzarle a actuar.

Por último, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sussex Kamran Matin, apunta la que, en su opinión, es la verdadera razón para una guerra de EE.UU. contra Irán, más allá de la nuclearización. "Irán ha dejado de usar dólares como moneda en sus ventas de petróleo, y ahora comercia en su moneda nacional (el rial), o en las monedas de sus clientes, como en el caso de China o India", explica. Según Matin, esta decisión perjudica la hegemonía económica de Estados Unidos, porque el uso del dólar como moneda de cambio le permite financiar su enorme déficit. "En 2003, antes de la invasión de Irak, este país había empezado a vender su petróleo en euros", recuerda Matin.

Un incidente puede prender la mecha

Si la Marina iraní y la de EE.UU. (en Baréin está la base de la V Flota) entran en contacto en el Golfo, el riesgo será aún mayor.  En ese caso, la estrategia iraní sería la de usar minas y acosar a los barcos enemigos en lugar de confrontarlos abiertamente, según explica Arteaga. Llegados a este punto, cualquier pequeño incidente puede ser fatal. No hay que olvidar que algunas de las tripulaciones que patrullan el Estrecho están formadas por Guardianes de la Revolución, los pashdaran, conocidos por su fanatismo.

Volviendo a la guerra irano-iraquí, encontramos un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando dos antagonistas blanden las armas en esta región estratégica. Hacia el final de aquella contienda, el Estrecho fue escenario de la llamada "guerra de los petroleros": iraquíes e iraníes bombardeaban sus barcos, y la marina de EE.UU. ofreció protección a los cargueros neutrales.

Entre frecuentes intercambios de provocaciones por ambas partes, en 1988 el crucero estadounidense USS Vincennes derribó, por error, un avión comercial iraní con 290 personas a bordo. Todas murieron, en una de las peores tragedias de la aviación comercial. Un "error" similiar hoy podría encender la mecha que conduce a un barril de petróleo.

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