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El presidente francés, Nicolas Sarkozy, junto a la ministra de Economía, Christine Lagarde (izquierda) y el ministro de Empleo, Laurent Wauquiez (derecha); antes de la huelga general del día 29 de enero.REUTERS/Philippe Wojazer
RTVE.es / AGENCIAS - PARÍS Francia se prepara para vivir una jornada de
huelga general en la que se espera un
amplio seguimiento por parte de los trabajadores, que pretenden paralizar el país. La protesta, respaldada por la oposición socialista, se anuncia como
jueves negro para el
presidente francés, Nicolas Sarkozy, en la primera gran movilización en contra de su política desde que llegará al Elíseo en mayo de 2007.
La crisis económica y el temor a la pérdida de empleo ha logrado que todos los sindicatos franceses, habitualmente en desacuerdo, se hayan unido para convocar a los trabajadores a una protesta que reivindicará por todo el país el mantenimiento de los puestos de trabajo, la capacidad adquisitiva de los asalariados y los servicios públicos. Más de dos millones de personas están desempleadas en Francia y la Comisión Europea estima que el paro alcanzará el 9,8% en 2009.
A la cabeza, como es habitual estarán los
sindicatos del transporte, que perturban gran parte del tráfico aéreo y terrestre del país. Así, Air France anulará el 30% de sus vuelos de corto y medio recorrido, aunque los de largo recorrido se mantienen; la autoridad aérea ha recomendado al resto de compañías que operan en Orly y Charles de Gaulle, los aeródromos parisinos, que suspendan un tercio de sus vuelos.
Los trenes, paralizados En el ferrocarril, la SCNF prevé que los trenes regionales sufran en gran medida la huelga, hasta el punto que
solo está asegurado el 30% del tráfico. En alta velocidad, solo circularán el 60% de los convoyes, mientras que los trenes Eurostar y Thalys, que unen Francia con Reino Unido y Bélgica, funcionarán con normalidad.
Los paros ferroviarios comienzan este mismo miércoles a las 20.00 de la tarde y se prolongarán hasta la mañana del viernes. En París, el metro y las comunicaciones con los suburbios también resultarán afectados.
Numerosos
colegios y liceos cerrarán durante el jueves y también se espera un considerable seguimiento de la huelga en la
sanidad pública. En el sector privado, en cambio, es más complejo estimar el seguimiento, ya que la tasa de sindicación es más débil que las empresas públicas y muchos trabajadores optarán por acogerse a la reducción de tiempo de trabajo -días libres de los que disponen por hacer más de 35 horas semanales- antes que afrontar el caos de los transportes o buscar a alguien que cuide de los niños.
El
presidente de la patronal Medef, Laurence Parisot, ha señalado que "probablemente habrá ausencia de efectivos" en las empresas, aunque "más relacionadas con las condiciones de los transportes que a una voluntad real de hacer huelga".
Contra Sarkozy "Lo ideal sería que exista el sentimiento de que el país está paralizado durante un día", ha comentado Jean Claude-Mailly, el secretario general de Force Ouvrière, tercer sindicato del país. El secretario general de CGT, la mayor central sindical, Bernard Thibault, ha prometido
"una movilización impresionante, mucho mayor de las que hemos vivido en los últimos años".
No es la primera huelga que sufre Sarkozy desde que empezó su mandato, en mayo de 2007, ya que en estos 20 meses ha habido movilizaciones contra la reforma del mercado de trabajo, de la justicia, de los hospitales públicos, entre otras. Especialmente virulenta fue la huelga de los funcionarios públicos, por la disminución de su plantilla y la reforma de sus jubilaciones, ya que entre ellos se encuentran gran parte de los afiliados a los sindicatos.
La movilización de mañana se presenta como la mayor convocada hasta ahora contra la política del presidente, quien, aunque ha dicho
comprender las quejas de sus conciudadanos, ha reafirmado que no detendrá sus reformas. Según los sondeos,
tres cuartos de los franceses apoyan o simpatizan una movilización que consideran "justificada".
La oposición, que ha recobrado cierta pujanza tras
la elección de Martine Aubry como secretaria general del Partido Socialista después de meses desbordada por la popularidad de Sarkozy y las divisiones internas, quiere aprovechar para convertirse en "intérprete del descontento". Así,
los dirigentes socialistas marcharán mañana junto a los trabajadores en las principales ciudades francesas.