"No le conocía personalmente, pero como si fuese de la familia". Las palabras de Trinidad Monge, de 80 años, una de las cientos de personas que hacen cola en la plaza Sant Jaume para visitar la capilla ardiente de Juan Antonio Samaranch, resume el sentimiento de los ciudadanos que se han acercado al centro de Barcelona a despedir al presidente de honor del COI.
En el salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat, donde reposa el féretro de Samaranch, el protocolo habitual ha dado paso a una amalgama de ciudadanos anónimos, representantes institucionales y deportistas que se acercan a dar el pésame a los hijos del dirigente, abrumados ante tamaña demostración de afecto.
La capilla ardiente, que ha permanecido abierta hasta las cinco de la tarde, está llena de coronas de flores procedentes de todos los rincones del mundo. No hay mejor manera de palpar hasta dónde llegó la figura de Samaranch en el panorama deportivo internacional que repasar las corones de flores, desde la enviada por Alberto de Mónaco a las dos que han remitido desde Cuba los hermanos Castro, Fidel y Raúl.
De un extremo a otro del mapamundi han llegado al corazón de Barcelona cientos de coronas de condolencia. De lo más local, su comunidad de vecinos de la avenida Pau Casals de Barcelona, hasta el Comité Olímpico de Rusia y miembros de COI que han enviado su propia corona de flores a título individual. También, por supuesto, federaciones deportivas, clubes de fútbol y baloncesto de toda España.
En el exterior, por encima de las banderas tradiciones y de los himnos se elevó la bandera olímpica, presente en el balcón de la Generalitat y del Ayuntamiento en señal de homenaje al ex presidente del COI, el hombre que rescató al movimiento olímpico de la bancarrota y convirtió los Juegos en el mayor espectáculo del mundo.
A las 10.10, el carillón de la Generalitat emitía las notas del himno olímpico. Un grupo de personas portó una gran bandera olímpica con un crespón negro, símbolo de la capacidad de Samaranch para superar las diferencias políticas o religiosas y situar al deporte mundial por encima de las disputas entre países.
Cientos de periodistas siguen desde las diez de la mañana todo lo que sucede en el Palau de la Generalitat. Cámaras de televisión, fotógrafos y redactores, algunos llegados desde Japón, China y Estados Unidos exclusivamente para seguir el funeral de Samaranch, anotan todos y cada uno de los personajes que han pasado por la Generalitat para trasladar sus condolencias a la familia.
La lista se hace interminable, desde los Príncipes de España a José Montilla, Jordi Pujol, Jacques Rogge, Jordi Hereu, Jaime Lissavetzky, Alberto Ruiz-Gallardón, Mariano Rajoy y Pasqual Maragall, entre otros.
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