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La ONU ya definió lo que es un genocidio en 1948: la intención de destruir un grupo, sea étnico o nacional. Tres tribunales internacionales sentenciaron que la matanza de Srebrenica lo fue. Entre los condenados, los entonces presidentes Milosevic y Karadzic y el comandante Mladic. Serbia, como Estado, fue declarado culpable por no haberlo prevenido.

Las imágenes de Srebrenica, hace 30 años, son muy similares a las que se viven hoy en Gaza. La Justicia Internacional ha acusado a Israel de genocidio y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, tiene una orden de arresto por crímenes de lesa humanidad. Ambas demandas han usado Srebrenica como referente porque ven un patrón común.

El derecho internacional no sirvió para evitar la masacre de Srebrenica y tampoco lo está consiguiendo en Gaza.

Husam, su mujer Suhaila, y sus cinco hijos cuentan cómo intentan sobrevivir en Gaza. A casi nadie le queda ya dinero para comer y cada vez que van a recoger ayuda humanitaria se juegan la vida en los repartos que controlan los militares. Husam manda a un equipo de TVE vídeos caseros desde dentro de la Franja. Es la única manera para saber cómo viven los gazatíes: Israel ha prohibido el acceso al enclave palestino a todos los medios internacionales, una vulneración desproporcionada del derecho a la información, según han denunciado las asociaciones de prensa extranjeras.

Han pasado siete meses desde que la Corte Penal Internacional emitió una orden de detención contra Benjamín Netanyahu por presuntos crímenes de guerra en Gaza, pero hasta ahora no se ha ejecutado. "No ha podido condenar a ningún responsable estatal a ningún nivel, en ningún lugar del mundo, porque no ha podido capturarlos", explica a TVE Reed Brody, abogado especializado en derechos humanos y miembro del Grupo de expertos en derechos humanos sobre Nicaragua (GHREN) de Naciones Unidas.

Como firmantes del Estatuto de Roma, los países europeos tienen la obligación de detener al primer ministro israelí si pisa su territorio, pero se han negado a hacerlo naciones como Francia o Italia. Esta semana, Netanyahu ha sobrevolado el espacio aéreo de estos países en su último viaje a Washington, y no ha sido detenido. "Netanyahu puede hacer lo que hace con la complicidad, sobre todo de Estados Unidos, pero también de Europa", señala Brody.

Desde que tomó posesión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha mostrado como el mejor aliado que Israel puede tener en la Casa Blanca. Washington ha ido sancionando a aquellos que investigan a Israel por presunto genocidio. Ya lo hizo con cuatro jueces de la Corte Penal Internacional y ahora con la relatora especial de la ONU para los derechos humanos en los territorios palestinos.

Hamás ha aceptado liberar a 10 rehenes vivos en las negociaciones de alto el fuego en Gaza, aunque califica las conversaciones de "difíciles" por la "intransigencia" de Israel. EE.UU. propuso liberar también a nueve rehenes muertos y establecer una tregua de 60 días. Ambas partes siguen negociando temas como la ayuda humanitaria y la retirada del Ejército israelí, exigida por Hamás. Israel, por su parte, pide el desarme y retirada de Hamás del Gobierno de Gaza.

Trump afirma que "el acuerdo puede cerrarse esta semana o la siguiente", calificando el conflicto de tener "mucho odio". Netanyahu también se muestra optimista, aunque advierte que no aceptará un acuerdo "a cualquier precio" y que Israel tiene "requisitos de seguridad".

Por otro lado, el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, asegura que la ofensiva militar "creó las condiciones para avanzar en un acuerdo" gracias al daño infligido a Hamás. Mientras tanto, los bombardeos israelíes mataron el miércoles a 54 palestinos en el campo de Al Mawasi y a ocho más en Shati, además de herir a 30 personas. Desde octubre de 2023, Israel ha matado a más de 57.575 palestinos y herido a cerca de 136.879. La ONU calcula que Israel controla más del 85% de Gaza.

En los últimos meses de guerra, Netanyahu sufre la presión de los familiares de los rehenes y de los soldados, pero también de los judíos ultraortodoxos. La mayoría de los religiosos del país reniega del servicio militar, a pesar de que el Supremo acabó hace un año con las exenciones.

La protesta ha transcurrido junto a la oficina de reclutamiento de Jerusalén, donde han empezado a convocar a filas a los ultraortodoxos. Los rabinos insisten en que los estudiantes de la Torá son una especie de retaguardia espiritual.

Tiene el aspecto de una ciudad fantasma, aunque en realidad nunca fue una localidad normal. Nur Shams es un campo de refugiados palestinos en Cisjordania. Desde lejos, Nahiah señala a RTVE dónde estaba su casa. El Ejército israelí la demolió, también la de sus familiares. "De madrugada, sin aviso y sin explicaciones", cuenta. Tanto aquí como en el vecino campo de Tulkarem y siempre esgrimiendo razones de seguridad y de lucha contra el terrorismo.

Amin, por ejemplo, malvive en un lugar a medio construir, sin puertas ni ventanas. Al pueblo israelí le pide que entienda que personas como él, civiles sin vínculos con ninguna milicia, no merecen este castigo.

Moussa Bourekba, investigador principal del CIDOB ha hablado en Las Mañanas de RNE tras la visita de Netanyahu a la Casa Blanca después de la propuesta de alto el fuego de 60 días de Trump: "lo que ha quedado claro con esta visita es que están de acuerdo en que la mejor solución a este conflicto es una franja sin palestinos", en un contexto en el que "Netanyahu ha convencido a Trump de que la única vía es usar la fuerza".

El investigador sostiene que "cuando Trump dice que los países árabes ahora van a respetar a Israel y a Estados Unidos después de la guerra en Irán, está manteniendo la narrativa de que la estabilidad solo se puede conseguir mediante la fuerza, pero la realidad histórica demuestra todo lo contrario". Ante esta postura, Bourekba plantea que "Washington no puede ser un mediador legítimo ya que es parte al conflicto, es decir para ser mediador se requiere imparcialidad y neutralidad".