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Salud ambiental

Dos años menos de vida por culpa de la contaminación

  • Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias, las renales, las metabólicas e incluso las mentales tienen un componente ambiental importante
  • Los elementos más contaminantes no están solo en las grandes ciudades, sino también en el mundo rural
  • Los expertos recomiendan el uso de mascarillas en el exterior en los días de mayor polución

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Con bata blanca - Dos años menos de vida por culpa de la contaminación - 12/11/21

Tras la conferencia COP26 que ha celebrado la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Glasgow, quedan ya pocos negacionistas del cambio climático. Hasta los más escépticos empiezan a aceptar que nuestro planeta necesita ayuda urgente. Pero la polución ambiental no solo enferma a mares y bosques, también es la responsable de restar una media de casi dos años de vida a cada persona en Europa. De hecho, es una de las principales responsables de la carga mundial de enfermedades de diversa índole, lo que explica que cada vez se otorgue más importancia a la disciplina de salud ambiental.

“Las escuelas de salud pública han tenido departamentos de salud ambiental desde hace más de cien años. Se trata de entender cómo el medio ambiente afecta a la salud de las personas. Es un campo muy interdisciplinar. Para poder estudiarla se necesitan muchas formas de conocimiento: desde la medicina, la ingeniería o las ciencias ambientales a la toxicología, entre otras”, explica la Dra. Ana Navas-Acién, catedrática de epidemiología en la Universidad de Columbia (Nueva York).

Esta disciplina analiza la calidad del aire, el agua, los suelos, la contaminación de alimentos y otras exposiciones involuntarias a la polución que deberían prevenirse con políticas de salud.

Enfermedades con detonantes ambientales

La contaminación la respiramos, la bebemos o la comemos, pero una vez que se encuentra en nuestro organismo, los tóxicos ambientales se distribuyen por todo el cuerpo y pueden afectar a cualquier órgano. “El cáncer, por ejemplo, tiene en gran medida un origen ambiental, pero la contaminación también influye mucho en el desarrollo de otras enfermedades como la cardiovascular, contrariamente a lo que muchos creen. Y es que tradicionalmente se ha asociado a los estilos de vida poco saludables”, apunta Navas-Acién.

Así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que el 31% de las enfermedades cardiovasculares se podría evitar si pudiéramos eliminar los contaminantes ambientales. La mitad de los 6,7 millones de muertes atribuibles a la contaminación del aire en 2019 fueron por motivos cardiovasculares, tal y como muestra un estudio realizado conjuntamente por la World Heart Federation, el American College of Cardiology, la American Heart Association, y la European Society of Cardiology. Tanto es su peso en la enfermedad cardiovascular que ya se considera el cuarto factor de riesgo causante de más mortalidad, solo por detrás de la hipertensión, el tabaquismo y la mala alimentación.

Además de influir negativamente en las enfermedades respiratorias, la contaminación también afecta al desarrollo cognitivo desde la infancia, favorece las enfermedades mentales y las renales. La diabetes y otras enfermedades del sistema metabólico también tienen un componente ambiental muy importante.

Los perjuicios de la polución no son solo a largo plazo. Según la epidemióloga, está estudiado que “los días en los que hay más contaminación en el aire se producen más ingresos hospitalarios, tanto por enfermedades respiratorias como cardiovasculares. Los efectos agudos son bastante claros y los crónicos son también muy relevantes”.

Los contaminantes más perjudiciales

Los elementos más contaminantes no están solo en las grandes ciudades, sino también en el medio rural. “Resulta frecuente que se usen en el mundo rural aguas subterráneas contaminadas por causas naturales con compuestos inorgánicos como el arsénico. La contaminación de los pesticidas u otros tóxicos que se usan en la agricultura es también perjudicial, sumada a la que se genera en el aire con tractores, camiones o con la producción agrícola en sí”, revela la experta.

Las ciudades, por la gran concentración de gente que tienen, también suponen un foco de muchísima contaminación: el tráfico rodado, especialmente los vehículos de diésel, y las calefacciones que funcionan por combustión son altamente contaminantes. “Además, algo en lo que nadie piensa es en el roce de los neumáticos con el asfalto, que también genera muchísimas partículas tóxicas, contaminando el aire con metales”, avisa la doctora.

¿Cómo podemos protegernos?

La Dra. Navas-Acién opina que las mascarillas deberían quedarse cuando finalice la pandemia como método de protección frente a la polución. “Desde el mundo asiático nos han dado una lección al mundo occidental. Hace años que ya es común allí el uso de la mascarilla en espacios interiores para protegerse de las enfermedades infecciosas y en exteriores para resguardarse de la contaminación ambiental, sobre todo en los días con picos de polución”.

La mascarilla es la última línea de protección, pero necesitamos estrategias ambiciosas de salud pública y de diseño urbano. Hay que potenciar el transporte público, el transporte en bicicleta, el caminar...”, sugiere la experta.