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'Atlas de lo pequeño'

El lugar donde todos los influencers quieren fotografiarse

  • En la Provenza de Castilla hay 400 hectáreas de color malva que atraen a las ‘influencers’
  • El pueblo cuenta con un centro de interpretación que descubre los secretos de la flor
  • En la destilería sacan toda la esencia a una planta que, en tarros pequeños, lucha contra la despoblación

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El aire de Tiedra se llena de olor a lavanda

Las cosechadoras dejan un reguero polvoriento en el horizonte amarillo de Tiedra, Valladolid. Vienen y van en un baile incesante que se prolonga de sol a sol. Repiten un ritual ancestral que, desde el año 2006, tiene además otro color, el malva de la lavanda.

Ese año Luz Ruiz, psicóloga nacida en este pueblo de apenas 300 habitantes, comenzó a barruntar con su marido un cambio de cultivo: “Veíamos que el cereal no era rentable tal y como lo teníamos planteado nosotros en la explotación, así que buscamos algo alternativo”. Nos lo cuenta en el ‘sobrao’ de la casa familiar. “Era un pajar de mi abuelo y ahora, mira, tengo aquí secando algunos ramos”. Llevan un año colgados de la pared de adobe y han perdido el color pero, a pesar del tiempo, siguen desprendiendo un aroma que lo inunda todo. De aquí sacan la lavanda que luego envasan en saquitos, pero en pleno mes de julio lo que está en todo su esplendor es el campo, que dibuja una línea morada en el horizonte.

Un escenario idílico para los 'influencers'

Antonio Fonseca, ingeniero de montes, admite que su iniciativa ha impulsado el cambio del paisaje de Tiedra en los últimos años: “Ha pasado de ser un pueblo normal de Castilla, que no lo conocía nadie, a un pueblo que se tiñe de malva en verano y que es conocido”, sobre todo por ‘influencers’ que, con vestidos vaporosos, buscan entre las flores el mejor decorado para una foto. “Conozco a gente que ha hecho aquí la sesión de fotos pre boda, sobre todo al atardecer”, cuenta una joven vallisoletana que vive en París y que ha aprovechado las vacaciones para acercarse a esta Provenza castellana.

¡El lugar donde todos quieren hacerse fotos!

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El aire de Tiedra se llena de olor a lavanda

Junto a los campos, montaron en 2019 el Centro de Interpretación de la Lavanda. Les pilló la pandemia y paralizó una actividad que han retomado con la floración. Aquí explican el mundo de la planta, sus secretos, sus posibilidades que, comercialmente, pasan por los típicos saquitos, sales de baño y hasta galletas de lavanda. “Las elaboran unos confiteros que son de aquí de Tiedra. Ya estamos viendo frutos de cómo la lavanda dinamiza el territorio”, explica Ruiz. Han contratado a dos mujeres del pueblo que ahora recolocan los tarritos azules de esencia Tiedra de lavanda, su marca comercial.

Para Iván también es una oportunidad laboral. Es su sexta campaña en la siega de la lavanda: “Me gusta y es otra cosa diferente a la cosecha del cereal”, a pesar de las jornadas inerminables: “Llega un momento en el que, si la lavanda no se recoge, la planta se pasa y ya no valdría para destilar”. Por delante tiene 400 hectáreas de lavanda, así que apremia el trabajo en esta máquina amplia, con aire acondicionado y hasta con nevera para mantener el agua fresca. “Es automático casi todo. Esta máquina lo que hace es segar, cortar el tallo, la espiga y la flor. Lo mete todo a la trituradora, para que luego se destile mejor”.

A la destilería acaba de llegar un tractor con un remolque de lavanda recién cortada, 5.000 kilogramos de materia vegetal. “Según llega aquí lo que hacemos es inyectar vapor a alta temperatura y baja presión, de tal manera que el vapor en su ascensión rompe los componentes volátiles de los aceites. Luego, en un sistema de refrigeración, condensan y los separamos por diferencia de densidad”, explica Antonio.

El oro morado que lucha contra la despoblación

La aparente alquimia se hace química y brota un líquido untuoso que inunda todo de olor intenso a lavanda. “Esto es esencia pura, esencia pura –repite Antonio- Es nuestra reina de las esencias, porque ésta procede de una lavanda fina. La esencia de lavanda va a perfumería y todo lo que son los lavandines, a droguería, cosmética, aromaterapia… En total producimos unas 20 toneladas de esencia al año”, explica mientras recoge en una probeta la esencia. “Mira qué color amarillo que tiene. Parece oro”, asegura. El oro morado que, en tarros pequeños, lucha contra la despoblación.