Enlaces accesibilidad
Atlas de lo pequeño

Biela y Tierra: en bici para visibilizar la lucha contra la despoblación

  • Ana Santidrián y Edurne Caballero recorren la provincia de Teruel para visibilizar acciones de emprendimiento rural
  • Durante dos meses pedalearán unos 1.000 kilómetros para visitar más de 50 iniciativas
  • En Blancas visitan la explotación de Azafrán La Carrasca, el primero ecológico en España. Te lo mostramos en España Directo

Por
España Directo - Atlas de lo pequeño: Contra la despoblación, el emprendimiento rural

Se llama Biela y Tierra y el proyecto es eso: recorrer el terruño en bicicleta. Las caras visibles son Ana Santidrián, bióloga, y Edurne Caballero, técnico de proyectos. “Pedaleamos para visibilizar las iniciativas sostenibles que hay en los pueblos pequeños. Hemos escogido esta provincia porque Teruel ya tiene una gran trayectoria en la lucha contra la despoblación”, explica Ana mientras pedaleamos por un camino en medio de la nada.

En los próximos dos meses recorrerán 1.000 kilómetros y visitarán 52 iniciativas en una de las provincias consideradas como la Zona Cero de la España Vaciada. Este viaje es una continuación del que ya hicieron el año pasado por otras provincias. Tienen experiencia en caminos y carreteras secundarias. “Lo bueno de viajar en bici es que no contamina y te permite sentir el paisaje con todos tus sentidos”, asegura Ana, frente a la sabina milenaria de Blancas. Está situada en un campo de cereal. Solitaria. En medio de la nada. Sorprende la belleza retorcida de su tronco y la sombra grande que se extiende como si fuera una tela de araña.

Equipo 'Atlas de lo pequeño'
Equipo 'Atlas de lo pequeño'

Equipo 'Atlas de lo pequeño' Laura García Rojas

Para este viaje necesitan buenas alforjas. La bicicleta es una casa sobre dos ruedas: “Lo que intentamos es ser perfectamente autónomas y así poder dormir donde nos pille en el camino”. Lo dice Edurne mientras saca una esterilla, una mini-tienda de campaña, un táper de arroz con lentejas y otro de frutos secos.

La recompensa, sin embargo, está al final del camino, en un viaje que es una vuelta a los orígenes. Junto a la ermita de Blancas (196 habitantes), hay un campo de cuatro hectáreas dedicado al azafrán. A estas alturas del año no se nota, pero en el cobijo de la tierra aguardan los bulbos. La familia Esteban ha recuperado un cultivo que la despoblación, por falta de manos para plantar y ‘esbriznar’ (sacar la brizna), extinguió. Carlos Esteban cogió el testigo de su padre en un acto de amor por la tierra. “Son saberes que, al final, nos nutren y llegan también a nuestros alimentos”, comenta Ana, haciendo referencia a esa filosofía de soberanía alimentaria que esconde el proyecto Biela y Tierra.

Carlos Esteban
Carlos Esteban

Carlos Esteban Laura García Rojas

“Yo vivía en Teruel, en la ciudad, pero ahora el tema del campo cada día me gusta más”, cuenta Carlos que, a pesar de su juventud, apostó por volver al pueblo de su padre. Ahora conoce bien las entrañas de la tierra. “Lo que tenemos que hacer ahora es sacar el bulbo de cinco años. Lo recuperamos y lo volveremos a plantar en septiembre. Todas las flores que dará después ya están formadas en este bulbo”, explica.

Biela y Tierra es también un proyecto de comunicación. Por eso Ana y Edurne documentan todos los encuentros con los emprendedores rurales: “Lo que hacemos es tender puentes entre el entorno rural y el entorno urbano, para que haya un conocimiento mutuo. Primero hablamos, tomamos notas y después hacemos una entrevista con lo más relevante. Con toda esa información elaboramos los cuadernos de campo”, explica Edurne, mientras Ana se dedica a grabar la conversación con José Antonio.

El padre de Carlos es la memoria de cómo el azafrán era un cultivo vivo en Blancas: “Se paraba el mundo. Todo era azafrán. Incluso se cerraba la escuela y todos los niños ayudábamos a esbriznar”, cuenta mientras abre la tapa de una caja que guarda dos kilos: “Fue el primer azafrán ecológico de España. Lo conservamos bien cerrado, para protegerlo del cambio de temperatura y humedad”. Producen solo siete kilos al año que valen su precio en oro, el oro rojo de Blancas.