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Madrid Fashion Week

Anel Yaos destaca en un EGO que premia a Fátima Miñana

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La plataforma EGO pone fin a la Madrid Fashion Week. EFE

EGO, la plataforma joven de MBFW Madrid, ya no es lo que era. Atrás quedan aquellos percheros cuajados de prendas experimentales, de trabajos de fin de curso, de aventuras entre amigos. Ahora lo que vemos y tocamos son prendas bien hechas, colecciones que tienen una buena factura y un nivel alto creativo y de confección, piezas de autor... Lo único que no ha cambiado son los sueños que tienen los participantes. Todos quieren lograr su meta, vender, ser reconocidos, triunfar. Y no es algo imposible.

Propuestas de Anel Yaos. EFE

La colección de Anel Yaos es una maravilla. Los tejidos, los patrones, la costura, todo es casi perfecto y está muy por encima que algunos de los trabajos que se han visto en estos días de pasarela. Habla de los miedos que nos acechan cada día y “por eso tiene un gran nivel emocional”, dice.

Ha trabajado las prendas en solitario pero también en conjunto, abundan las superposiciones y recorre la colección un aire de improvisación, intencionada, que hace un guiño a los pueblos de vida itinerante. “Cuando tengo miedo quiero huir y he querido reflejar ese momento que sales y te pones lo primero que pillas, por eso hay superposiciones y ese reflejo de los nómadas”.

La propuesta sostenible de Anel Yaos. EFE

Los 'miedos' de Anel Yaos saltan a la pasarela. EFE

El cuerpo del desfile, los modelos, habla de diversidad, aceptación e inclusividad. “Yo no hago colecciones para chicos o chicas, hago colecciones para personas”. También hay una apuesta, real, por la sostenibilidad. Ha colaborado con la casa española de calzado Cuplé y ha cogido zapatos de su almacén, de temporadas pasadas, e integrarlos en la colección. Además, ha trabajado con Majorica y la firma de coleccionismo 'Weist Vintage Couture'. Todo ha ayudado a contar su historia y a hacer la colección.

Una manta familiar de Anel Yaos se incluye en la colección. EFE

Pero ahora viene lo mejor. “Costureras que trabajaron con Pedro Rodríguez y Balenciaga, como Asunción Rodríguez, me han dado tejidos que tenían guardados e incluso piezas a medio terminar que yo he acabado y están en la colección”. Y muestra prendas fabulosas de texturas que vienen del pasado y, sin miedo, salen a la pasarela de 2020. Como la manta que se llevó Anel cuando dejó Sevilla para instalarse en Madrid. Una manta de su familia cargada de recuerdos que ha convertido en capa, sin miedo.

Colecciñon de Fátima Miñana. EFE

Fátima Miñana ha ganado el premio Mercerdes-Benz Fashion Talent, que en la edición anterior se llevó Dominnico. La diseñadora Anaïs Vauxcelles, de 404 Studio, ha hecho un excelente trabajo con el punto crochet y la semana próxima presenta sus prendas en Londres. Devi, firma que controlan tres diseñadores, hacen una férrea defensa de las tradiciones y la artesanía de China. Dos ejemplos de que la moda no conoce fronteras.

El tul conquista la bandera de tejidos de Reveligion. EFE

Casi todos los creadores, diseñadores y modistos incluyen historias entre las costuras de sus prendas. Otros utilizan las colecciones como catarsis o forma de expresión. María Rodríguez Blanco, directora creativa de Reveligion, emociona con su colección y su discurso. Sus prendas hablan del bullying que sufrió de niña en el colegio, un lugar del que no guarda un buen recuerdo y por eso reinterpreta el estilo uniforme con parches de una escuela que se ha inventado, un sitio mucho más amable.

Propuesta de Reveligion. EFE

Un vestido lleva el cuerpo con una pequeña obra de arte hecha en petit point, “estaba en la cocina de mi casa y me pasaba el día mirándole porque no quería comerme las lentejas”, dice. Su hermano es autista y ella mira la vida a través de sus ojos, una vida de color y tul, una fantasía fabulosa para escapar de la dura realidad. Hay piezas en punto con perlas entretejidas una a una, falda de tul con un volante de 211 metros, prendas en patchwork con tejidos que ha hecho ella misma. Ha contado con la ayuda de su madre y de una costurera con dos niños que también tiene su historia. Y todas están, repito, hilvanadas en sus costuras.

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