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Madrid Fashion Week

Brain&Beast, un oasis de genialidad en este desierto de moqueta

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Desfile de Brain&Beast. EFE

Ángel Vílda es el mejor antídoto contra el sopor que en algunos momentos se instala en torno a la pasarela. El director creativo de Brain&Beast es un torbellino que nos revoluciona a todos antes, durante y después del desfile. Dos horas antes del show ya empieza a llegar la ‘familia’ que saldrá a la pasarela, gente de lo más dispar, desde Eduardo Navarrete a la top Ayak Veronica. Su ‘fauna’ y ‘flora’ trae consigo un aire fresco que se lleva el olor a rancio.

Mayka Merino en el desfile de Brain&Beast. EFE

Durante el desfile la energía fluye entre las gradas y la pasarela y Vilda consigue que las lágrimas de emoción formen un orgulloso arco iris. Después, la fiesta y el aplauso, es decir, la celebración y el reconocimiento.

Oasis, la colección, es quizá el trabajo más maduro de Vilda y su equipo. Siguen estando presentes sus chiclés sociales, sus fobias y filias y sus dramas, éticos y estéticos.

Propuesta de Brain&Beast. EFE

Hay mucha trampa en la colección porque las prendas engañan a primera vista aunque luego, viéndolas de cerca, enamoran. Los tejidos son amables: algodones, sedas y lanas de alta calidad forman la bandera de tejidos en la que cabe el rayón, “es un semisintético porque siempre intentamos evitar la química”, dice.

Eduardo Navarrete desfila para Brain&Beast. EFE

El poder reside siempre en el patrón, rebelde y perfecto, “partimos de patrones normales y los pervertimos. La prenda, el germen, se reconoce enseguida pero la llevamos siempre a lo inusual, lo que no es habitual”. Lo hacen, por ejemplo, con las gabardinas. Vemos un top, una falda y hasta un poncho que tienen todos los códigos del trench. Prendas que funcionan en pasarela y en venta, prendas exquisitas que llevan ese sello tan personal del autor. Una de las agujas más geniales y creativas de la moda española. 

Propusta de Brain&Beast. EFE

Las prendas vaqueras, en denim, llevan trozos de lana, en mangas y en el bajo del pantalón. Todo perfectamente encajado para que parezca improvisado. Hay muchos guiños a los tejidos románticos, como el Liberty, y a la costura clásica, como el guipur, el muaré y el tweed. “Pero llevados a mi mundo, con el guipur he hecho una sudadera y con el tweed lamé he hecho una falda que puedes darle la vuelta y llevarla como vestido”.

Tanta sofisticación y refinamiento contrasta con la estampación de las camisas y sudaderas, “compramos revistas de los años 50 en el mercado de Sant Antoni e hicimos un collage con imágenes de iconos como Ava Gardner o un Cadillac”, revela.

Ayak Veronica con vestido de Brain&Beast. EFE

Se atreve a llamar ‘convencional’ a un abrigo morado con grandes botones y cintas que salen del tejido o los bolsillos. Ese elemento, las cintas, salpica toda la colección cayendo desde un tirante o un cuello sobredimensionado que se convierte en un lazo. Y para terminar, un vestido negro en muaré y guipur hecho con las cintas de las coronas que se llevan a los entierros. Impresiona verlo cuando lo lleva Ayak Veronica. Tanto que te hace contener la respiración unos instante para luego coger aire otra vez, y fuerza, para regalarle una gran ovación.

Propuestas de Ulises Mérida. EFE

Ulises Mérida presenta 'Caos', una colección que describe el estado de ánimo que le envolvió tras la mudanza que hizo de su tienda. Quizá el hecho de vaciar baúles y cajas, embalar y transportar sus archivos y sus fondos de armario le ha sumido en un viaje sentimental con el que se ha revisitado. Su colección tiene un poco de todas sus colecciones anteriores, ya que ha recuperado ideas y tejidos, una acción que tiene, por otro lado, un espíritu de responsabilidad y sostenibilidad.

La paleta de color es más oscura que en otras ocasiones y entre tonos otoñales se asoman verdes hoja y naranjas quemados. “Suelo tener cinco o seis colores pero en esta hay más variedad”, confiesa.

'Caos', la propuesta de Ulises Mérida. EFE

Todas las modelos llevan un mono de terciopelo de colores potentes –oro, burdeos, azul pato- y sobre esa segunda piel Mérida ha modelado cada look, algunos muy complejos. Demasiada información que resta protagonismo a esas piezas que hace tan bien.

“Son 40 looks, es una locura, y hay cosas como muy descolocadas, una idea que me encaja muy bien con el caos de esta colección”. Destacan las piezas en punto palomita, los abrigos acolchados ligeros como una pluma, las prendas en tweed, que utiliza por primera vez, y su icónica camisa Bettina que crece en tamaño y se tiñe de berenjena”, cuenta.

Marcos Luengo, uno de los veteranos de la pasarela. EFE

Marcos Luengo tiene oficio, veteranía y una elegancia para contar las cosas y hacer sus colecciones que, todo hay que decirlo, le hace único. Es un rara avis de la pasarela, pero no por extravagante o alternativo, más bien porque tiene categoría. Ya nos tiene acostumbrados a vincular su trabajo con el de otros artistas plásticos y ahora su textil se fusiona con la pintura de Kike Garcinuño.

He fotografiado su obra y luego con Photoshop he insertado cuadros tartán y pata de gallo para estamparlo después sobre prendas de terciopelo de seda, como los vestidos o los abrigos sin mangas”, dice el maestro. Un trabajo que le hacen en Italia porque se trata de piezas muy especiales, como la cazadora bomber que se ha tardado en hacer cuatro días”.

Escocia inspira a Marcos Luengo. EFE

Destaca por asombroso el abrigo en lino recubierto de nylon, la pieza que engloba todos los códigos de la colección, como el color negro y las mangas agrandadas. En suntuosas organzas vemos vestidos y blusas que se llevan, creando contrastes de tejido y color, con túnicas en crêpe de colores refrescantes e incluso con una falda kilt.

Impone un abrigo de doble faz que muestra el lado del pelo, las faldas-pantalón loden, los trench de aire Balmoral y entre tanta prenda cinegética salen alegres sastres de falda casi desestructurados, sensuales corpiños con ballenas que marcan la cadera sobre faldas o pantalones y, de cara a la noche, sencillos vestidos negros que, mirados con calma, llevan detalles de costura.

Vestido de novia de Marcos Luengo. EFE

Hay muchas texturas, todas nobles. Vemos jerséis en mohair en rojo intenso con faldas tubo de pata de gallo, un look tan ideal como el vestido camisero de cuadros que se combina con botas altas.

“En esta colección hay mucha sastrería, siempre la hacemos, la verdad, sobre todo en el taller, pero es la primera vez que tiene tanta presencia en la pasarela”, revela. Y presume Luengo de los botines que llevan un original tacón. “Están hechos en Elda, allí fabrican de maravilla, son los mejores”. Lo dicho, todo un señor. Un grande del téxtil, un veterano que tiene una mentalidad más joven que muchos de sus compañeros de generaciones posteriores. Un maestro de la costura, pero de los de verdad. No hay más que ver el vestido de novia que ha cerrado el desfile, una obra de arte.

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