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Madrid Fashion Week

Ana Locking, Teresa Helbig, The 2nd Skin y Ángel Schlesser, cuatro botones en busca de ojal

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La joven propuesta de Ana Locking. EFE

La colección de Ana locking se llama To old to die Young pero no tiene nada qué ver con la serie del mismo nombre. Ella parece estar más influida por Euphoria o Years and Years porque su colección tiene un fuerte vínculo con la generación Z. “Conecto muy bien con ellos, y me gusta cómo se comunican, cómo usan las redes sociales para forjar sus identidades, cómo se visten sin miedos ni complejos…. ”, dice con ese entusiasmo que es marca de la casa. 

Diseño de Ana Locking. EFE

Locking, como un vampiro, bebe de la energía, la estética y la libertad de esa juventud para renovar los códigos de masculinidad y feminidad, pero tiene claro que tienen y son lo que son gracias a las conquistas del colectivo LGBTIQ. “Nos miramos en ellos y desde el mundo de la moda estamos cambiando la mentalidad de la gente. Ellos viven y visten la moda en el día a día, porque la moda hace sofisticada la realidad, ¡la moda sofistica la cultura juvenil!”.

La joven propuesta de Ana Locking. EFE

Es importante destacar todo esto para comprender la propuesta de Locking, quizá la aguja más joven y moderna de esta pasarela. Ser moderno es ser inclusivo, tolerante. Ella lo les. Y modernas son sus prendas guateadas, los monos que recorren la colección, los vestidos ‘avolantados’ en tejidos metalizados de tonos fuertes, naranja, verde, azul y negro. Hay sofisticados vestidos de flecos en lúrex que contrastan con prendas en tejidos clásicos, como el tweed en azul noche, customizado con jacquares y lúrex. Ana no inventa nada pero reinventa todo. 

Ana Locking tiene una potente bandera de tejidos. EFE

La primera parte de desfile se tinta de blancos y negros, que hablan de esa etapa angustiosa y melancólica de los adolescentes va variando en intensidad y color hacia una serie más alegre y despreocupada, “prendas para cuando salen de fiesta y se montan una rave, con fantasía y mucho derroche, de texturas y volantes”.

Hay mucho techwear, tejido de laboratorio, y mucho guiño a la costura, como la blusa en organza plastificada con flores de asfalto que se lleva con unos shorts en tweed decorados con lentejuelas. El mismo tejido que usa para una fabulosa biker para chicos. Ellos, los chicos, llevan superposiciones arriesgadas pero muy efectivas, y medias de rejilla y tacones. ¡Hay modelos que están acostumbrados porque hacen los desfiles de gente como Vivienne Westwood”, dice. 

Diseño de Teresa Helbig. EFE

Teresa Helbig poco a poco se va desmarcando del resto de compañeros. En esta edición participa por partida doble: presenta su colección y además, haciendo historia, celebra un desfile en el que se verán los uniformes que ha hecho para Iberia. Ha sido la diseñadora que más actrices ha vestido para la gala de los Goya y ya tiene un punto de venta en Los Ángeles, un mercado en el que quiere ir cogiendo peso.

Ayak Veronica desfila para Teresa Helbig. EFE

Vamos por partes. Opium, su nueva propuesta, es un bello ejercicio de costura que mezcla códigos de la cultura china y la inglesa. El orientalismo y exotismo se cruzan aquí con la sastrería y la excentricidad británica, la artesanía del gigante amarillo con tradiciones tan cuestionadas como la caza del zorro.

La moda artesana de Teresa Helbig. EFE

Vemos vestidos imponentes de tul decorado con cintas de terciopelo en nude y negro y cadena de oro que forman motivos geométricos, como los biombos chinos que van lacados, faldas de un cuero joven e informal, un tanto ochenteras, que se combinan con blusas en devoré de manchas negro y oro y fascinantes chalecos de hombro pagoda. Este elemento se repite, de forma más evidente o más sutil, en vestidos y chaquetas, haciendo ese guiño a la cultura oriental. “Son piezas muy trabajadas”, dice, “en algunos casos hemos tardado hasta dos meses para hacerlos”. Un trabajo que hoy se aprecia en el preciosismo de cada prenda, en la exquisitez de cada detalle.

Las geometrías recorren la colección, en los patrones, en los bordados, en las aplicaciones. “Me pongo a dibujar una flor y me sale una geometría”, cuenta. Y las de ahora son de alta gama, por no decir alta costura. “Este vestido lleva cuadraditos que enmarcan juegos de lentejuelas y terciopelo sobre tul, y te estoy hablando de más de 300 cuadraditos que se posicionan uno a uno”.

Propuestas de Teresa Helbig. EFE

Los quimonos inspiran chaquetas y abrigos de terciopelo negro con flores doradas que contrastan con la sutileza de un vestido en seda rojo que lleva bordada una garza en el cuerpo. Luego Helbig coge el avión y se desplaza a Europa, exactamente a territorio inglés. Allí, con su aguja inquieta, rehace los icónicos trajes lady en lana, con los cuellos ribeteados en piel y un sinfín de detalles coquetos, que adornan el cuello o las mangas, y... ¡son ideales!

Vestido de novia en punto de Teresa Helbig. EFE

Helbig presume de la sastrería, con la que disfruta mucho, y propone chaquetas muy masculinas, largas, que la modelo lleva en solitario, con botas muy altas. Pero babea con el vestido de novia. “¡Buah!, es una pasada. Llevamos años intentando hacerlo y no nos ha salido como queríamos hasta ahora. No se deforma porque todo el punto va ensamblado sobre piezas de tul rígido”, revela. Y lo cuenta, esto y todo lo demás, con pasión, con orgullo. El que siente por su equipo que ahora la rodea mientras muestra todas estas joyas que se cuelgan de un perchero pero que, en breve, empezarán a recorrer el mundo. ¡Teresa, no te vayas! Y si te vas, llévanos contigo. 

El nuevo hombre de Ángel Schlesser. EFE

Daniel Rabaneda, director creativo de la casa Ángel Schlesser, ha hecho un guiño a los inicios del fundador de la casa. Poca gente sabe que el cántabro comenzó en la moda haciendo ropa para hombre y aunque luego se centró únicamente en la moda femenina nunca dejó de lado los códigos de la sastrería ni la paleta de color que siempre se asoció al varón, marinos, marrones, gris. Rabaneda ahora hace una pequeña inmersión en los armarios de los chicos, con prendas muy bien construidas, entre las que destacan los abrigos.

La sobriedad, marca de la casa Ángel Schlesser. EFE

La línea de mujer mantiene el estilo de las anteriores temporadas. La lana es el tejido central y se trabaja en diferentes acabados para vestidos, camisas y trajes. “Hay lana con jacquares, lúrex, lana fieltrada, sargas de lana… son muy distintas y eso da riqueza de texturas a la colección, en la que he usado también sedas y algodón.

La sobriedad, marca de la casa, recorre toda la propuesta, “aunque hay una explosión de color”, dice. “Eso sí, muy contenida”. El negro es protagonista, sobre todo en la sastrería. Los vestidos tienen un aire setentero y tienen un estilo que podría llamarse urban boho, bohemio de ciudad. Rabaneda los hace con tejidos masculinos pero escotes muy sensuales o con cortes en la cadera y espalda.

Las tímidas excentricidades de Ángel Schlesser. EFE

Todos los tejidos viajan de un armario a otro. “Me gusta mostrar esa versatilidad del tejido en cuanto al género y también en cuanto al momento del día”, dice.

La colección es un puzle de piezas que encajan, a veces en consonancia cromática y otras en contraste. Vemos un top de lamé en rojo que se lleva con un sastre de lana toalla pero también vestidos de noche de un minimalismo casi monacal que solo se rompe con delicados drapeados y pliegues.

Propuesta de The 2nd Skin Co. EFE

The 2nd Skin Co., la firma de Antonio Burillo y Juan Carlos Fernández, lo tenía difícil tras el derroche estético de Dominnico pero ha estado a la altura de lo esperado. Un tejido de Jacquard que representa un bosque es el punto de partida de la colección. Los colores de ‘su’ naturaleza son los que forman su paleta cromática que tan solo desarrolla tonos de amarillo, naranja, burdeos y lavanda.

Cuentan que apuestan fuerte por las prendas de día, y vemos piezas en lanas de cuadritos, paños y fieltros que tienen siempre esos patrones tan femeninos y encantadores que son una de sus señas de identidad. 

Amarillo, naranja, lavanda y borgoña en la propuesta de The 2nd Skin Co. EFE

Las superposiciones asaltan la pasarela para poner en valor la versatilidad de las prendas, haciendo que convivan los vestidos de cóctel con las piezas más diurnas. Los volúmenes crecen según avanzan las manecillas del reloj, logrando “estructuras y patrones oversize”, dicen mientras una modelo camina con un vestido de corte imperio y falda gigante que se adueña más tarde de la pasarela. “Esto es más que costura, ¡es costurón!”, dice Fernández. Y más ‘costurones’, en amarillo con escote muy trabajado, en palabra de honor con cuerpo lazo burdeos y falda rosa palo.

Los 'costurazos' de The 2nd Skin Co. EFE

Destacan sus lazos, siempre colocados con elegancia, y los hacen de adorno o para que cumplan su función y ajusten el tejido al cuero, y los fruncidos de tafeta que se arrugan de una forma dulce, casi infantil.

Esta pareja de estetas reafirma su presencia en el mercado internacional. El 13 de febrero irán a Qatar para “presentar la colección Ramadán a un cliente que tenemos allí, es una colección que le hemos hecho en exclusiva”, dicen. Después irán con la colección que hemos visto hoy a Milán y después a París.

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