De las aulas al coste de la vida: las claves de las protestas que sacuden las calles en Francia
- Las movilizaciones estudiantiles han escalado hasta desencadenar un estallido nacional
- Las manifestaciones han derivado en quema de edificios, saqueos y enfrentamientos con la policía
Francia atraviesa una oleada de protestas que se ha convertido en una de las crisis sociales más graves del mandato de Emmanuel Macron. Lo que comenzó a principios de octubre como movilizaciones en institutos y universidades ha escalado rápidamente hasta desencadenar un estallido nacional.
La conglomeración de manifestaciones de distintos sectores derivó el sábado en una jornada de vandalismo, con quema de edificios, saqueos de comercios y duros enfrentamientos con la policía, que han obligado al Gobierno a imponer toques de queda parciales en algunas ciudades del país.
Las imágenes de caos y violencia han marcado al conjunto de la sociedad francesa. Según el balance provisional, una persona murió de un paro cardiorrespiratorio, las fuerzas de seguridad detuvieron a unas 2.400 personas y alrededor de 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos.
Por su parte, la Federación del Comercio y de la Distribución estima que los daños derivados del saqueo de unos 1.500 establecimientos podrían ascender a cientos de millones de euros.
¿Quiénes protestan?
Las calles francesas están siendo escenario de una convergencia inédita de protestas. La movilización agrupa a estudiantes de secundaria y universitarios, agricultores, transportistas, sindicatos y trabajadores, activistas climáticos y a los conocidos como 'chalecos amarillos'.
Los iniciadores de las manifestaciones fueron los estudiantes, apoyados en algunas concentraciones por figuras internacionales como la activista climática Greta Thunberg, quien acudió a un instituto en Saint-Denis.
Los agricultores y transportistas, por su parte, han reactivado reclamaciones pasadas contra el acuerdo de la Unión Europea y Mercosur y el alza sin freno de los combustibles.
En el caso de los sindicatos, están movilizados por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, mientras que los activistas climáticos defienden que la justicia climática y la justicia social están profundamente conectadas.
Para encauzar todas estas reclamaciones han regresado los chalecos amarillos, el histórico movimiento de 2018 que ya puso en jaque a Macron. Marchando bajo el lema "Amarillos y Jóvenes", han unido sus reivindicaciones a las de los estudiantes.
¿Cuáles son las principales reclamaciones?
Las demandas se han diversificado a medida que el movimiento ha crecido, creando un bloque de reivindicaciones múltiples.
En el área de la educación pública, los estudiantes exigen mejores condiciones en las aulas tras semanas de paros y consideran totalmente insuficientes las promesas gubernamentales de incorporar 3.000 docentes suplentes.
Las peticiones de los jóvenes se resumen en más contrataciones, aumento de las becas y mejorar las instalaciones tanto de los centros educativos como de las residencias estudiantiles.
El encarecimiento generalizado del coste de vida, la inflación y la pérdida de poder de compra de las familias francesas son el principal motor que ha sumado a los sindicatos y a los chalecos amarillos.
A su vez, hay un rechazo generalizado a las políticas de recorte presupuestario y al deterioro percibido de los servicios estatales.
Por último, los activistas climáticos exigen que el gobierno implemente un gran programa de inversión pública dedicado a la transición ecológica real y demandan fondos urgentes para adaptar viviendas, escuelas, institutos y centros de salud ante las consecuencias del cambio climático.
¿Quiénes están detrás de la destrucción?
Todas estas reclamaciones avivaron las manifestaciones masivas celebradas el sábado en Francia, que derivaron en enfrentamientos con la policía, ataques contra edificios públicos y saqueos de comercios en distintas ciudades.
Una situación que se repitió este domingo en París, en el entorno de la Plaza de la República, y que este lunes ha tenido a los estudiantes de Bellas Artes como protagonistas, al bloquear el acceso al museo del Louvre, en el centro de la capital.
La estatua de la República de París, ataviada con un chaleco amarillo EFE/EPA/MOHAMMED BADRA
No obstante, el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, ha atribuido los actos vandálicos a grupos infiltrados de la "ultraizquierda".
Según la versión del gobierno, expuesta también por Macron durante su discurso de este domingo, a estos grupos organizados se sumaron posteriormente otras personas oportunistas para aprovechar el caos y saquear comercios.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha ido un paso más allá, afirmando que detrás de la violencia extrema hay una clara "maniobra política". Lecornu ha subrayado este lunes que esos arrestos se están traduciendo en una tasa elevada de procesamiento y respuesta penal, que es de prácticamente el 80%.
"Dos tercios son mayores de edad, prácticamente solo hay hombres y se trata de personas que, a menudo, ya son conocidas por los servicios policiales. Por lo tanto, evidentemente, la judicialización también nos va a permitir calmar las cosas para poner a un cierto número de individuos fuera de circulación", ha explicado el ministro.
Lecornu ha destacado que muchos saqueadores no llevaban ni máscaras ni capuchas, por lo que las autoridades están revisando imágenes y vídeos de los sucesos de los dos últimos días.
Además, ha asegurado que el Ejecutivo trabaja para "proteger" las elecciones presidenciales de 2027, ante lo que considera un movimiento de extrema izquierda que quiere generar una desestabilización profunda para cambiar el calendario e impedir la votación.
Desde la oposición, la extrema derecha de Marine Le Pen ha respaldado la teoría de que la izquierda radical está detrás de los disturbios, acusando a líderes como Jean-Luc Mélenchon de "secuestrar" las reivindicaciones sociales legítimas y de alentar o legitimar el caos en las calles.
¿Dónde se han producido los peores disturbios?
Aunque la mayoría de los más de 500.000 manifestantes marcharon de forma pacífica en unas 90 concentraciones por todo el país, ciudades como París, Marsella, Lyon, Burdeos, Estrasburgo y Toulouse vivieron graves episodios de violencia.
El incidente más grave y simbólico tuvo lugar en Limoges, donde un grupo asaltó e incendió el histórico edificio del Ayuntamiento (inaugurado en 1883), provocando el derrumbe de su emblemática torre y la destrucción de gran parte del inmueble.
Un incendio consume y destruye el ayuntamiento de Limoges PASCAL LACHENAUD / AFP
En Burdeos, la residencia de la prefecta fue atacada, y en París hubo saqueos en comercios del centro y enfrentamientos prolongados cerca de zonas neurálgicas.
En Marsella, algunos grupos lograron irrumpir brevemente en el vestíbulo del ayuntamiento. Además, personas encapuchadas asaltaron y causaron destrozos en una comisaría municipal y también se registraron asaltos a una armería.
En Lyon, fue incendiado y vandalizado el edificio de la oficina de turismo de la ciudad, dejándolo en ruinas. Además, se reportó el saqueo de un hotel y de comercios de marcas de lujo.
¿Por qué ahora y por qué crece el descontento contra Macron?
El estallido coincide con un momento de máxima debilidad para el Ejecutivo. El gobierno enfrenta serias dificultades en un Parlamento fragmentado para aprobar unos presupuestos que incluyen duras medidas de ajuste económico, necesarias para lidiar con la alta deuda pública de Francia.
A seis meses de las elecciones presidenciales de 2027, Emmanuel Macron concentra un fuerte rechazo popular. Las políticas económicas de sus mandatos previos (como la reforma de las pensiones y los intentos de subir impuestos a los combustibles) han dejado un poso de malestar estructural que ha facilitado que una protesta puramente educativa prenda la mecha de la indignación general.
El propio primer ministro Lecornu ha definido el panorama francés como una permacrisis (una crisis permanente).
Y esa indignación está siendo aprovechada por la extrema derecha de Le Pen y la extrema izquierda de Mélenchon, que parten como favoritos en unos comicios que parece que borrarán del mapa electoral a las formaciones tradicionales y de centro.
¿Cómo están respondiendo Macron y su gobierno al estallido?
Ante unos disturbios en aumento, el Elíseo ha desplegado una estrategia basada en la fuerza policial y la firmeza judicial, en medio de críticas por la proporcionalidad.
Las autoridades han llevado a cabo un despliegue policial masivo, movilizando miles de agentes y unidades de élite que han utilizado cañones de agua y gases lacrimógenos.
Esta respuesta policial ha generado una polémica por el armamento de los antidisturbios. El ministro del Interior autorizó nuevamente el uso de granadas aturdidoras, un armamento que había sido suspendido temporalmente después de que un menor de 15 años perdiera una mano en Lens días atrás.
El Gobierno ha admitido que la policía perdió el control de la situación en algunas ciudades durante el fin de semana, lo que ha achacado en parte a la falta de previsión. Laurent Nuñez ha presentado su dimisión como ministro del Interior, pero ha sido rechazada por Macron.
“El país necesita orden y calma, no una escalada“
Macron ha prometido que los autores de los destrozos serán perseguidos judicialmente y el ministro de Justicia ha exigido a los fiscales una respuesta "extremadamente firme". Además, el presidente francés ha reclamado al Gobierno, y en particular a Laurent Nuñez, que extraiga conclusiones sobre la gestión policial de las protestas y garantice la transparencia.
El jefe del Estado anunció este domingo que los prefectos podrán prohibir determinadas concentraciones para proteger las ciudades, los edificios públicos y los comercios. Así, Lecornu ha anunciado este lunes en una rueda de prensa que, ante "el desmadre muy localizado en algunos centros urbanos" ha pedido a algunos prefectos que declaren toques de queda parciales en ciertas localidades para "la protección de las personas, pero también de bienes y en especial comercios".
Macron también ha pedido a los partidos políticos que condenen "sin ambigüedad" la violencia porque "el país necesita orden y calma, no una escalada".