Protestas estudiantiles en Francia: qué piden los jóvenes y por qué mantienen las movilizaciones
- Decenas de miles de estudiantes reclaman mejoras en el sistema educativo
- Los disturbios se han saldado con 5.000 detenciones, en su mayoría menores de edad sin antecedentes
"La violencia no es un medio para llegar a un fin, sino una elección voluntaria para llegar al final", escribió el célebre escritor Jean-Paul Sartre. Él fue una de las personalidades que apoyaron más activamente las protestas de mayo del 68 en Francia. Casi 60 años después, el país ha vivido en las últimas tres semanas una de las mayores revueltas estudiantiles en décadas, que ha provocado el cierre de cientos de colegios y más de 5.000 detenciones, en su mayoría menores de edad sin antecedentes. La semana pasada, al menos 215 estudiantes, 78 profesores y 700 policías resultaron heridos.
Según las autoridades, 24 institutos han sido incendiados o saqueados desde que comenzaron las movilizaciones.
Este martes, decenas de miles de personas han salido a las calles de París, exigiendo mejores en la educación y el cese de los recortes en el sector públicos. Según los organizadores, las protestas reunirán en todo el país a más de 250.000 jóvenes. En la capital, la marcha se ha iniciado en la plaza de la República y cuenta con un dispositivo especial con miles de policías y gendarmes.
La revuelta comenzó el pasado 17 de septiembre a las afueras de París y ha acabado expandiéndose a nivel nacional y obteniendo el apoyo de sindicatos como la CGT y de formaciones políticas como el Partido Socialista (PS) y La Francia Insumisa (LFI) del izquierdista Jean-Luc Mélenchon: "Es una cosa increíble lo que estáis haciendo, no os dais cuenta. Es el movimiento de juventud más poderoso que se haya visto en Francia en 50 años", clamaba el candidato a la Presidencia en las elecciones de la próxima primavera, donde la ultraderechista Marine Le Pen parte como favorita.
Por otro lado, el primer ministro Sébastien Lecornu alega que la izquierda radical está tratando de "sembrar el caos en el país" antes de las elecciones presidenciales. Las protestas transcurren cuando el Ejecutivo ha presentado los presupuestos para el año 2027, criticados por incluir un recorte de gasto público de 43.000 millones de euros.
La actuación policial en las manifestaciones también ha sido cuestionada. Este martes, un agente ha sido imputado por violencia por el disparo de una granada lacrimógena en el rostro de un estudiante de secundaria parisino, que quedó herido gravemente. El policía ha quedado bajo control judicial y se le ha prohibido ejercer sus funciones hasta nuevo aviso.
¿Por qué luchan los estudiantes?
Al igual que una bola de nieve bajando por un acantilado, este movimiento se inicia con un tamaño diminuto, en el instituto Saint-Exupéry en un suburbio parisino. En él, profesores y alumnos se unieron en contra de la falta de personal del centro educativo. Finalmente, se aceptaron sus exigencias y los docentes recibieron personal adicional. Sin embargo, la bola ya bajaba por el acantilado y se hacía más grande.
Muy pronto, en el resto de institutos de todo el país comenzaron las barricadas, los cubos de basura incendiados y los enfrentamientos con la Policía.
Manifestantes se enfrentan a agentes de la policía francesa mientras estallan choques durante una jornada nacional de protesta de estudiantes de secundaria GUILLAUME HORCAJUELO / EPA
Las reclamaciones son universales: una mejoría del sistema educativo, que consideran saturado y con poco personal, mediante una mayor contratación de profesores. En los centros públicos, el 70% de las aulas tiene más de 30 alumnos, a causa del aumento de la fertilidad que vive el país en las últimas dos décadas.
Además, exigen la renovación de los centros educativos, un aumento de la cuantía de las becas educativas y una mejora de las residencias estudiantiles.
¿Por qué lo llaman 'Tercer Acto'?
No es la primera vez que los estudiantes franceses han salido ha la calle a intentar cambiar el status quo del país. De hecho, las protestas de los jóvenes han sido una constante en la Francia contemporánea. La más famosa ocurrió en mayo de 1968, que se expandió por todo el mundo. "Prohibido prohibir", exigía una generación de universitarios en contra del capitalismo, el imperialismo y la sociedad de consumo.
Anteriormente, en 1940 los estudiantes protestaron en la capital contra la ocupación nazi, una manifestación que fue duramente reprimida.
En los últimos años, se han producido otros movimientos de menor envergadura. En 2005, el Ejecutivo de Jacques Chirac (1995-2007) se vio obligado a retirar una ley sobre la evaluación continua, muy criticada por los alumnos, que la consideraban injusta por romper le uniformidad de la misma. Dos años después, los estudiantes salieron a las calles en contra de la ley de autonomía universitaria, que preveía que en un plazo de cinco años todas las universidades fuesen autónomas en su presupuesto. Con Emmanuel Macron en el poder, la juventud protestó en 2018 contra una ley universitaria que consideraron "clasista" por "cuestionar" el acceso automático a la enseñanza superior a los alumnos que aprobasen las pruebas del Baccalauréat, la selectividad gala.
¿Qué ha respondido el Gobierno francés?
El Ejecutivo de Lecornu y el presidente Emmanuel Macron observan con preocupación que ni siquiera el cierre de 400 centros ha sido suficiente para frenar los disturbios.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha hecho un llamamiento a los padres de los autores de los destrozos que sean ellos los que paguen y ha trasladado su voluntad a la Fiscalía. Respecto a ello, El Gobierno llevará el 27 de octubre al Senado un proyecto de ley para que los responsables de daños asuman el coste de las reparaciones. En París, estos daños se calculan en 7 millones y en Auvergne-Rhône-Alpes, a 35 millones.
Para hacer frente a las exigencias de los alumnos, Lecornu ha pedido a los ministros que presenten medidas antes de finales de mes.
Además, el primer ministro ha criticado a LFI por "instrumentalizar" las protestas con fines políticos y acusan a diputados del partido de participar activamente en las revueltas.