Las protestas estudiantiles de Francia se contagian a Italia
- Milán ha protagonizado el fin de semana escenas propias de una guerrilla urbana
- Las redes sociales han servido para que las protestas estudiantiles de Francia se contagien a otros países como Italia
Este lunes Italia parece haber despertado de un estado de somnolencia y mira con sorpresa lo ocurrido el fin de semana, después de días abducida por el estado de salud del papa.
La tarde del domingo, por segundo día consecutivo, el centro de Milán se convirtió en un escenario de guerrilla urbana. Lo sucedido remite, inevitablemente, a la situación que se vive en Francia. Pero los protagonistas son menos y muy jóvenes. Jovencísimos. Las cifras bailan según las fuentes, pero todos coinciden en que en la calle se han concentrado más de 2.000, la inmensa mayoría vestidos de negro, encapuchados y con el rostro cubierto. De los alrededor de 200 detenidos, más de la mitad, son menores de edad. Y lo graban todo, o casi todo, con sus teléfonos móviles. Los enfrentamientos han tomado tal intensidad que cerca de 150 agentes policiales fueron heridos este fin de semana.
Para hacer frente a la situación, el Gobierno de Italia, de la ultraderechista Giorgia Meloni, tiene previsto celebrar celebrar un Consejo de Ministros el martes. Este lunes, ha reunido en Roma a varios ministros con competencias en seguridad. En este encuentro, han valorado medidas para hacer frente a los disturbios. Por el momento se desconoce qué van a decidir, aunque algunos medios adelantan que se tratará de un decreto-ley.
El vicepresidente y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, ha anunciado en sus redes sociales que habrá "500 militares más para defender" Milán.
Las protestas estudiantiles llegan a Italia
Durante el fin de semana se produjeron numerosas manifestaciones de estudiantes, en su mayoría pacíficas, y muchos se preguntan cómo han derivado en disturbios sin aparente adhesión ideológica. Motivación política, sí, claro, todo es política. Y la rabia, la ira que queda patente en sus acciones, refleja el obvio malestar con la situación actual. "Somos invisibles", dicen algunos a las cámaras de los reporteros. Y eso es política. Lo que nadie se atreve a afirmar aquí es si detrás de esto hay movimientos de extrema derecha o de extrema izquierda. Nadie lo sabe con seguridad. E Italia está atónita ante esta explosión violenta del descontento, que tiene en las redes sociales su primer canal de consenso, su verdadera plaza pública, esa zona en la que se encuentran y se organizan.
La contundente respuesta de las fuerzas de seguridad contuvo, al final de la tarde, la nueva jornada de saqueos a supermercados, tiendas de equipamiento deportivo o de licores, destrozos de mobiliario público o privado, vehículos… todo lo que se cruzaba en un camino desaforado y a la carrera… en una atmósfera de gases lacrimógenos y chorros de agua por parte de los antidisturbios, que los jóvenes responden con lanzamientos de objetos y potentes petardos. La plaza del Duomo fue acordonada para asegurar la seguridad de la Catedral de Santa María Nascente. En la mente de todos, el desastre que ha arrasado el ayuntamiento de Limoges, en Francia. Aquí no ha llegado a tanto, ni mucho menos, pero los fieles que estaban en su interior fueron evacuados por una salida secundaria.
Los enfrentamientos del domingo fueron la segunda parte de los altercados del sábado por la tarde. Como si se buscara la revancha. Porque el sábado fue una jornada de reivindicación y manifestación en diversas ciudades de Italia. El día grande de un movimiento que ya se había hecho notar el día anterior. Además de Milán, Turín, Bolonia, también la capital, Roma, acogieron marchas mayoritariamente pacíficas, en las que estudiantes y trabajadores se unían, como en otras partes de Europa, para protestar y exigir. Protestar contra el coste de la vida, incluida la vivienda, y los bajos salarios… exigir mejores servicios públicos, más recursos para educación, impuestos más justos, y menos gasto militar.
Hacia la huelga general
En la concentración de la capital italiana, la Confederación General Italiana del Trabajo reunió a unas 100.000 personas y anunció la convocatoria de una huelga general para el 20 de noviembre. En Roma la jornada transcurrió tranquila. Pero en otras ciudades no. La noche trajo disturbios en Milán, Turín, Bolonia, Brescia y Bérgamo. Según las autoridades italianas, participaron unos 11.000 jóvenes.
Ante la situación, la primera ministra, Giorgia Meloni, muestra respeto por las manifestaciones, pero avanza con mano dura ante las algaradas. Y acusa a la oposición de no ser más contundente condenando a los violentos. La oposición, que sí se ha expresado en contra de los altercados, la acusa de haber perdido un tiempo precioso, cuatro años de estabilidad política, sin haber llevado a cabo ninguna de las reformas que exige la ciudadanía. Italia vota en 2027, no se sabe si en primavera o en otoño, y los partidos se lanzan el descontento social a la cara, unos a otros.
La tasa de inflación en Italia se sitúa en el 4,2%, sobre todo por la subida del precio de la energía, según datos de septiembre. Y esto es casi el doble que la revalorización de los salarios, que crecen a un ritmo del 2,4%. Una pérdida de poder adquisitivo que acrecienta, mes a mes, día a día, la desigualdad social.
La First Cisl (la Federación Italiana de Redes de Servicios del Sector Terciario), el sindicato de los trabajadores del sector bancario, de seguros, financiero, de recaudación de impuestos y de las autoridades reguladoras publicó el mes pasado un estudio sobre la desigualdad patrimonial en Italia. Los resultados son contundentes: la mitad de la riqueza total del país está en manos del 5% de las familias, las más ricas. Y apenas el 8% de esa riqueza se la tienen que repartir los que menos tienen, que aquí en Italia, según este estudio, es casi la mitad de la población.