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Francia: nubarrones para una tormenta social perfecta

  • Se suman las protestas de estudiantes, agricultores y 'chalecos amarillos' poco antes de las presidenciales
  • El Gobierno no tiene margen y el estallido puede acabar beneficiando a la extrema derecha
Francia: tormenta política perfecta
Protesta estudiantel en Saint-Denis, Francia, el 15-10-2026 Dimitar DILKOFF / AFP
Antonio Delgado, corresponsal de RNE en París

Revuelta de los estudiantes; de los agricultores; de los chalecos amarillos. Como los dolores de un enfermo crónico, Francia acumula tensiones sociales sin resolver. Un cuadro más delicado aún este otoño por la cercanía de las elecciones presidenciales y porque el Gobierno no puede hacer mucho al respecto.

"Hay un riesgo [de estallido de violencia] derivado de esas tensiones que se van agregando, sin negociación posible. Y probablemente va a acabar beneficiando a la extrema derecha. Es una situación políticamente muy peligrosa", avisa en declaraciones a RNE el veterano sociólogo François Dubet.

Protesta y déficit fiscal

Un poco de historia ayuda a entenderla. Es un tópico relacionar la actual protesta estudiantil con la de 1968. Pero hay otra referencia esclarecedora: 1974, última vez que Francia consiguió tener superávit fiscal. El primer shock mundial del petróleo desbarató entonces el periodo de bonanza conocido como los Treinta (años) Gloriosos. Y desde ese momento el Estado francés siempre ha gastado más de lo que ingresa. Año tras año, medio siglo.

En el actual ejercicio, el déficit va a subir al 5,4 % del PIB, el más alto de la zona euro. Déficit también de credibilidad política, porque Emmanuel Macron llegó a la presidencia de la República prometiendo sanear las cuentas. Y a ocho meses de dejar el poder, la prima de riesgo de la deuda francesa es peor que la de Grecia.

Regreso al presente: el 17 de septiembre en Cretéil, periferia sur de París, los profesores del Liceo Antoine de Saint-Exupéry se manifestaron por la escasez de su plantilla. Algunos estudiantes decidieron sumarse. Un par de semanas después la protesta se había contagiado a centenares de institutos y facultades. Bloqueos, manifestaciones, escenas de violencia. Ya van casi 8.000 arrestados y 2.700 procesados, la mayoría menores de edad.

"El curso pasado no tuve profesor de matemáticas, en todo el año", se quejaba el estudiante Ioannis, en una concentración en la Plaza de la República. "Faltan profesores, hay comedores con ratas, techos que se derrumban", corroboraba Claire, profesora.

El Ministerio de Educación ha anunciado el despliegue urgente de 3.000 docentes de una reserva de sustitutos. Un plan bienvenido pero insuficiente, dicen los sindicatos, dada la escala del problema: una de cada diez clases de secundaria se quedan sin dar por falta de profesor, según una encuesta del mismo Ministerio.

Ese plan tampoco va arreglar el deterioro físico de los liceos - 61 años de edad de media, gran parte de ellos construidos precisamente en los añorados Trente glorieuses. Y está muy lejos de sanar lo que François Dubet llama el “malestar profundo”.

"La promesa de la educación secundaria masiva era que iba a traer una igualdad de oportunidades. Y no se ha cumplido". Dubet, autor del ensayo Le Guetto scolaire (2024), describe una maquinaria averiada que exige a los alumnos amontonar diplomas sin garantías de un futuro académico o profesional solvente. "Lo que está en crisis es la propia institución del Liceo en Francia".

"Permacrisis" y suma de protestas

Vista desde las ventanas del palacio de Matignon, residencia del primer ministro, Sebastien Lecornu, la de los liceos es solo una de las crisis. "Estamos en una forma de permacrisis [crisis permanente]", ha acuñado Lecornu. En el panorama asoman posibles movilizaciones de agricultores, transportistas y otros profesionales agobiados por el coste de la vida. Los medios franceses especulan desde hace semanas con un posible otoño caliente. Este mismo sábado, hay convocados bloqueos en rotondas, a la manera de los ‘chalecos amarillos’ en 2018.

Efectos del shock petrolero en su versión actual. Y todo es susceptible de empeorar. "El apetito de Francia por el dinero mágico ha cebado una bomba de deuda", alertó el 5 de octubre el el influyente diario The Wall Street Journal. "Francia al borde del precipicio de una peligrosa espiral financiera". Prosa muy gruesa.

El Gobierno ve esa alarma exagerada e intenta calmar a los inversores prometiendo que va a sacar adelante unos presupuestos austeros para encorsetar el déficit. “Whatever it takes [cueste lo que cueste]”, ha dicho el ministro de Economía, Roland Lescure, parafraseando a Mario Draghi.

En realidad, el proyecto de presupuestos solo pretende estabilizar al enfermo, rebajar al déficit fiscal del 5,4 al 5 % en 2027. Pero ese esfuerzo maniata al Gobierno a la hora de contentar al otro frente de sus dolores de cabeza: sus ciudadanos indignados por el coste de la vida.

Encima, sin mayoría en la Asamblea Nacional sobrevive al albur de una moción de censura. Y con los sondeos augurando la victoria en las presidenciales de 2027 de la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen. La tormenta perfecta.