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NitiBraid, el invento puntero que diseña implantes a medida con impresión 3D

  • El ingeniero biomecánico Carlos Aguilar es el ganador nacional del premio James Dyson Award
  • Su invento de aplicación médica y espacial combina impresión 3D y estructuras metálicas flexibles
Muestra de un doble vaso bascular impreso mediante la técnica NitiBraid (Carlos Aguilar)
Muestra de un doble vaso bascular impreso mediante la técnica NitiBraid (Carlos Aguilar)
Manuel González
Manuel González

Una tirita que, sin necesidad de retirarla, y gracias a unos sensores, permite saber cómo evoluciona la herida. Un teclado que vibra y guía los dedos del usuario, pensado para personas con párkinson con dificultades para escribir en un ordenador. Una especie de boya inteligente capaz de medir la contaminación del agua sin la necesidad de recoger muestras continuamente. Tres inventos muy dispares, que tienen dos cosas en común, hacer del mundo un lugar mejor y que han recibido el premio James Dyson Award, que lleva más de 20 años reconociendo e impulsando ingenios que solucionan problemas concretos.

A esta lista puede sumarse en breve Carlos Aguilar, ingeniero biomédico y doctor en ingeniería mecánica, que representa a España en la edición 2026 con NitiBraid, una tecnología que combina impresión 3D y estructuras inspiradas en tejidos para fabricar piezas metálicas flexibles. La idea es crear implantes personalizados, que se adaptan a la anatomía de cada paciente.

Carlos Aguilar presentado NitiBraid en las sede de Dyson en Madrid

Carlos Aguilar presentado NitiBraid en las sede de Dyson en Madrid

Una lesión deportiva lo llevó al laboratorio

La historia de Carlos no deja de ser curiosa. Era deportista profesional, se dedicaba al judo hasta que una lesión lo obligó a retirarse de la competición. Fue cuando cambió el tatami por el laboratorio. “Era deportista de alto rendimiento, estaba en la selección española de judo. Mientras competía a nivel internacional, estaba en una startup. Al retirarme de la actividad deportiva, retomé mi doctorado”, comenta en una entrevista concedida a RTVE Noticias. Tras cuatro años y medio, completó la tesis. NitiBraid nace de aquella investigación. Es fruto de una colaboración público-privada que responde a la pregunta de cómo se puede conseguir un metal deformable y que conserve su capacidad de soportar cargas. La clave está en cómo ha combinado las propiedades de un material y su forma de organizarlo.

El estudio de Aguilar sirve para valorar la importancia de la impresión aditiva de materiales, en concreto del metal: “Está siendo una de las cosas más revolucionarias ahora mismo en el campo de la impresión 3D”, asegura Aguilar. "Te permite fabricar cosas que hasta ahora no se podían, geometrías complejas. O crear piezas a demanda y reducir los residuos”, ya que el material sobrante se puede reciclar para su posterior utilización en la creación de nuevas piezas.

Implante diseñado con la tecnología NitiBraid (Carlos Aguilar)

Implante diseñado con la tecnología NitiBraid (Carlos Aguilar)

Un material que se deforma sin perder las propiedades

El punto de partida ha sido el nitinol, una aleación de níquel y titanio que puede recuperar su forma tras deformarse. Es un metamaterial superelástico. No es nuevo. Lleva décadas usándose en dispositivos médicos. Por ejemplo, en algunos stents, pequeñas mallas que ayudan a mantener abiertos los vasos sanguíneos. Gracias a su composición, es posible comprimir su estructura, introducirla en el organismo mediante un catéter y liberarla en la zona donde tiene que expandirse. Carlos Aguilar explica con naturalidad el problema que ha querido resolver: “Fabricar piezas de nitinol mediante impresión 3D planteaba algunas dificultades. Las propias propiedades del material no permiten alcanzar toda la deformación que requerirían algunos implantes”.

Carlos se refiere principalmente a conseguir un comportamiento similar al de un tejido. Para que la pieza a implantar no quede porosa y quebradiza, y mantenga su capacidad de recuperar la forma, hay que controlar muy bien el láser en el proceso de impresión. Es ahí donde entran en juego las fibras entrelazadas de NitiBraid. “El nitinol que imprimíamos podíamos deformarlo de un cuatro a un seis por ciento, y necesitábamos llegar al 50% para poder manipularlo a nuestro antojo”.

Diferentes piezas impresas mediante la técnica de impresión NitiBraid

Diferentes piezas impresas mediante la técnica de impresión NitiBraid

Nitibraid, del sistema cardiovascular al espacio

Solo hay que imaginar una tela y observarla muy de cerca. Las fibras y los espacios que hay entre ellas permiten esa flexibilidad que un bloque compacto impediría. Y esa es la lógica de NitiBraid, producir estructuras metálicas cuyo grosor, separación y puntos de unión permitan un mayor rango de manipulación. Y lo hace fundiendo polvo de nitinol con un láser capa a capa. Hasta ahora, la técnica empleada era recortando un tubo de ese metal.

Al coger entre las manos algunas de las muestras que ha traído Aguilar a la entrevista, se entiende perfectamente. Hilos de metal extremadamente finos, pero muy resistentes y entrelazados. Uno de ellos tiene forma de esfera, que al lanzarla contra el suelo y, a pesar de ser metálica, rebota como si fuera una pelota.

No solo ve una aplicación en la medicina cardiovascular, también ha despertado interés de la industria espacial, “con todo el auge de geopolítica, soberanía, el sector defensa y espacio están muy en auge”. NitiBraid permitiría desarrollar estructuras muy resistentes y altamente deformables que puedan transportarse comprimidas cientos de miles de kilómetros en el espacio, y expandirse al llegar al punto de destino. Pone como ejemplo las ruedas de los vehículos espaciales: “Tienen que ser flexibles para adaptarse a cualquier terreno y muy resistentes porque nadie puede cambiar una rueda en un planeta lejano”. Asegura que, aunque esos neumáticos trenzados sufran una avería, la estructura podría seguir funcionando.

Diferentes piezas de nitinol impresas con la técnica NitiBraid

Diferentes piezas de nitinol impresas con la técnica NitiBraid

Los otros finalistas del James Dyson Award 2026

NitiBraid es uno de los dos mil proyectos que se han presentado a la edición 2026 del James Dyson Award, un certamen de mayor recorrido fuera de España, pero que tiene mucho prestigio en la comunidad investigadora. Casi 70 han participado en España. Unos premios organizados por la fundación del ingeniero y empresario británico que lleva su nombre, conocido mundialmente por sus productos tecnológicos para el hogar y la belleza. De los 28 países presentados, se elige un proyecto por territorio que pasa a la final mundial. Carlos Aguilar aún no sabe si estará en la última criba; “llegar hasta aquí ya es una recompensa inmensa a todo el esfuerzo y sacrificio que ha significado mi doctorado y la prueba de que una ciencia sin transferencia carece de sentido. El conocimiento debe salir de los laboratorios para resolver problemas”, apunta el ingeniero.

Proyecto Nitritrack (Sara Fernández)

Proyecto Nitritrack (Sara Fernández)

Otros dos proyectos centrados en salud y el espacio han obtenido mención especial. NitriTrack, de Sara Fernández, estudiante de la Universidad Politécnica de Cataluña. Se trata de un dispositivo que facilita la lectura y el registro de saliva para su posterior análisis e investigación. Es una tira que lleva unos sensores, esta cambia de color según la cantidad de nitrito presente en la muestra y guarda el resultado. Entre sus utilidades está estudiar la hipertensión o detectar posibles problemas renales. De momento, es un proyecto que, según su creadora, está en un estado piloto y que aún tiene que pasar por un proceso de comparación de lecturas para llegar a plantear una futura aplicación médica.

Proyecto Prometheus (Eduardo Mayoral)

Proyecto Prometheus (Eduardo Mayoral)

Prometheus, de Eduardo Mayoral, es muy diferente. Aborda el tema del suministro energético de pequeñas misiones espaciales que dependen de la luz solar,, y que no siempre disponen de ella. Sería el caso de un vehículo lunar que tuviese que funcionar en la parte oculta del asteroide. Mayoral propone una fuente radiactiva, que convierte la luz en electricidad con la ayuda de un receptor fotovoltaico. Al sistema se podrían incorporar más o menos módulos de generadores eléctricos, dependiendo de la energía requerida en cada misión.

Judit Giró a 'Noms propis'

Judit Giró posa junto a su invento, The Blue Box josep echaburu josep echaburu

Un precedente español ganador mundial en 2020

Hay un caso español que consiguió batir al resto de países en 2020. El de Judit Giró, ganadora internacional con The Blue Box. Sigue siendo la única española que ha alcanzado el reconocimiento global de estos premios. Es la inventora de un dispositivo que detecta el cáncer de mama a partir de una muestra de orina, con unos sensores instalados en una especie de caja. Un análisis informático es capaz de identificar patrones asociados a la enfermedad. Según ha contado varias veces, la inspiración le llegó observando el comportamiento de la naturaleza animal, al ver que algunos perros reconocían señales de cáncer a través del olfato. Su idea, desde entonces, es que el proyecto sirva de complemento a las mamografías. En la actualidad, tras superar las fases regulatorias, es la próxima comercialización del producto entre profesionales médicos.

El ganador mundial del James Dyson Award de esta temporada se embolsará unos 35.000 euros, destinados a seguir desarrollando el invento. Una ayuda que viene bien, pero que Carlos Aguilar recuerda que no será suficiente para que se materialice NitiBraid. Además de las pruebas en laboratorio, estos implantes necesitan ser probados primero en animales y después en humanos para conseguir las validaciones necesarias. Un proceso de millones de euros. Aún queda mucho camino por recorrer para ver estas mallas texturizadas como aplicación médica. Si logra alzarse con el premio internacional, la repercusión puede que llame la atención de inversores y grandes corporaciones médicas.