"Debería haber clases de salud mental en los colegios": el reto de abordar el bienestar emocional de una sociedad en riesgo
- Este sábado se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental con el foco en los niños y adolescentes
- El psiquiatra Álvaro Moleón es uno de los referentes en el uso de técnicas de neuromodulación para tratar la depresión
Alrededor del 36 % de la población española padece algún problema de salud mental, según el más reciente Informe Anual del Sistema Nacional de Salud. Los más frecuentes, y en ascenso, son la ansiedad, los trastornos del sueño y la depresión. A esto se suma que el consumo de antidepresivos sigue al alza y que España ha llegado a ser considerado el país con mayor uso de benzodiacepinas, que se emplean como ansiolíticos, hipnóticos o relajantes musculares.
Este sábado se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Una cita con la que en esta edición, la Confederación Salud Mental España ha querido poner el foco en la situación de los niños, niñas y adolescentes: uno de cada siete jóvenes de entre diez y 19 años tiene algún problema relacionado con este ámbito, en un contexto marcado por el empeoramiento de su bienestar emocional que no solo responde a factores individuales, sino que está impactado en gran medida por dificultades en el acceso a la vivienda y al empleo. Y un dato asusta: uno de cada 10 adolescentes afirma haber deseado quitarse la vida.
"Creo que es importante que, igual que se dan clases de educación física, debería haber clases de educación mental", expresa en una entrevista con RTVE Noticias el doctor Álvaro Moleón, psiquiatra en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y director Médico del Instituto Andaluz de Salud Cerebral (IASC). Pero sobre todo es uno de los mayores referentes en el uso de técnicas de neuromodulación como la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), una modalidad no invasiva usada principalmente en pacientes con depresión resistente a los tratamientos habituales. Él y su equipo han desarrollado el conocido como ‘Protocolo Sevilla’, que ha demostrado eficacia en el tratamiento de personas que sufren depresión y ansiedad a la vez.
Entre sus reconocimientos está haber sido nombrado 'mejor psiquiatra de España' por los Doctoralia Awards en cuatro ediciones, la última en 2025.
Álvaro Moleón, psiquiatra del Hospital Vírgen del Rocío de Sevilla y director técnico del Instituto Andaluz de Salud Cerebral Cedidas por IASC
Pregunta: ¿Cuáles son actualmente los principales desafíos al hablar de salud mental en España?
Respuesta: El suicidio es el principal reto que tenemos los psiquiatras y profesionales de la salud mental. Es verdad que los datos parecen que están un poco más estabilizados en los últimos años, aunque no dejan de fallecer al año en nuestro país unas 4.000 personas que estén registradas. Hay otros suicidios que no quedan registrados, como personas que fallecen por accidentes de tráfico y realmente son suicidios que no se han cuantificado. Y también el suicidio infanto-juvenil. Es un tema que está creciendo. En 2024, según el INE hubo 90 suicidios de menores de 18 años. Es un dato bastante importante, el mayor en la historia de esta estadística. Esto nos lleva a tener que buscar estrategias de prevención, mejoras en los tratamientos, volcarnos también en la psicoeducación, tanto de la población general como los adolescentes. Creo que es importante que, igual que se dan clases de educación física, debería haber clases de educación mental también, aunque sea algún seminario, algún curso, al menos en población de 12 a 18 años. Hay que evitar el estigma y el tabú y hablar con mucha más naturalidad de este problema, porque es un problema de nuestro día a día que se lleva todos los años muchas muertes de chavales y personas de todas las esferas sociales. Otro reto que tenemos, y es uno en los que más centrado estoy, es obtener diagnósticos y tratamientos cada vez más personalizados.
P: ¿Qué es lo que nos angustia, nos preocupa, cuáles son los principales desencadenantes de nuestros trastornos mentales?
R: Hay que verlo todo desde una perspectiva biopsicosocial. O sea, lo biológico, lo psicológico y lo social. Hay muchos trastornos que tienen una base más biológica, como puede ser un problema cardíaco, neurológico, o urológico. O una base orgánica, como depresiones endógenas, depresiones bipolares, cuadros de autismo, de esquizofrenia, que no están motivados por causas sociales. Pero sí que hay problemas sociales que aumentan la prevalencia de los trastornos mentales. Y que, si tú tienes una alteración biológica pero tu contexto es mejor, a lo mejor ese cuadro no va a debutar, pero si tu contexto es peor, pues sí. Y ahí sí aparecen esas situaciones contextuales a las que te estás refiriendo. ¿Cuáles son ahora? El tema de la vivienda -y el económico en general- es importante y también el de los tóxicos. Cada vez hay más consumo de drogas entre los jóvenes y la población. El uso excesivo de pantallas. También vinculado al tema económico, unos padres que cada vez tienen menos tiempo de dedicarle tiempo a sus hijos por las obligaciones laborales, y esos niños al final se crían con menor apego y con un mayor distanciamiento a sus figuras paternas y maternas, lo que puede desencadenar un mayor número de trastornos mentales en la adolescencia. Hay muchas situaciones que, por el propio ritmo de vida que estamos llevando en las últimas décadas, están llevando a que, no sé si hay más trastornos mentales, pero sí la población lo está expresando más.
P: Según un reciente informe de Ipsos, la preocupación por la salud mental es el principal problema sanitario para el 62 % de los ciudadanos, 46 puntos más que en 2020, por delante del cáncer y el estrés.
R: Es muy bueno que se esté hablando más de este tema, porque eso también está ayudando. La normalización que se le está dando al hablar de la salud mental y de problemas psíquicos también está llevando a que la gente lo entienda más y lo meta en su amalgama de problemas. Aunque también creo que está vinculado a que probablemente esté habiendo un empeoramiento de la salud mental en general, y eso también se traduce en que en encuestas como a la que te refieres la población admita que tiene más problemas.
El impacto de las pantallas y las redes sociales
P: Según ese estudio, los 'baby boomers' (de los 62 a los 80 años) son la única generación que no pone a la salud mental en primer lugar, mientras que el 66 % de la 'generación Z' (14-29 años) la ubican como su primera preocupación seguida del estrés (42%), con un aumento de siete puntos respecto a 2025.
R: Creo que esta generación probablemente también lo que está viviendo es una mayor dificultad a la hora de un inicio laboral, de unas buenas condiciones de trabajo. Creo que también antes, en nuestras generaciones, no digo que sea ni bueno ni malo, pero esto tiene su controversia y su discusión, el tema de que la madre muchas veces estuviera en los primeros años de la crianza del crío estuviera con él, estuviera más presente... todo eso crea una vinculación, un apego, una seguridad en ese niño. Ahora estamos viendo a bebés con dos y tres meses que están llevándolos a la guardería. O sea, yo no entiendo cómo puede ser que cuando vayas a adoptar el cachorro de un perro te obligan a que esté tres meses con su madre, cuando sabemos que los perros se desarrollan mucho más rápido que las personas, y hay niños que están yendo a la guardería con dos y tres meses. Y evidentemente ese estilo de vida está llevando, entre otras cosas, al mayor padecimiento de enfermedades mentales y a que estos chavales sufran más que lo que hemos sufrido los que somos un poco más mayores. También la adicción a las pantallas, que están sustituyendo el jugar con un amigo en el patio o en un parque. Y un uso excesivo de redes sociales, que hay que tener mucho cuidado porque al final maximizan en gran medida las bondades de cada uno. Y cuando personas que están en un momento de vulnerabilidad a nivel de salud mental ven que a su círculo le va genial, que están en una playa paradisíaca o en una fiesta pasándolo súper bien, y que ellos se encuentran en la situación en la que están, también ese mundo digital puede llevar a un empeoramiento de la salud mental.
P: De ahí a lo que comentaba de lo pertinente de que hubiera clases de educación mental...
R: Estoy totalmente convencido. Viendo el número de fallecimientos que está habiendo de adolescentes, debería haber clases de psicoeducación. Y creo que los orientadores de los centros lectivos deberían tener mayor formación clínica, porque muchas veces son psicólogos o psicopedagogos pero realmente a nivel clínico no tienen una formación muy avanzada. Creo que debería haber seminarios en los que se explicaran los signos de alarma, se dieran una serie de mecanismos de educación psíquica o mental y pautas de cómo mejorarla. Unos mínimos comentarios de buenos hábitos de salud mental, de los biorritmos, del sueño, del apetito, de enseñar el efecto perjudicial que tienen los tóxicos... Hay una serie de cuestiones que estos chavales, que son muy vulnerables y están en un momento de máxima neuroplasticidad, deberían poder disponer con mayor asiduidad tanto en institutos como colegios y universidades.
P: ¿Se le da a la salud mental el mismo relieve que a la física?
R: Creo que vamos en el buen camino y que en unos años lo conseguiremos, pero todavía queda. Entre otros, por los propios médicos de otras especialidades, que siguen viendo a la psiquiatría como la hermana fea. Creo que seguimos en el camino de que en 2035 o 2040 podamos hablar de una igualdad en este sentido.
A los hombres les cuesta más pedir ayuda
P: ¿A la gente le cuesta pedir ayuda?
R: A los hombres más que a las mujeres. Aunque los intentos de suicidio son bastantes más frecuentes que en las mujeres, el hombre acaba con su vida tres veces más que la mujer. El hombre cuando pide ayuda muchas veces la pide tarde y muchas veces la pide a instancias de su mujer, de su madre o de su hija. La mujer sigue teniendo un rol más de cuidadora que el hombre, y al hombre le suele costar más porque muestra una vulnerabilidad al decirlo en su medio de iguales o en el trabajo. Otro aspecto que me demuestra que a la mujer le interesa más la salud mental es que, por ejemplo, en mi perfil de Instagram, el 80% de mis seguidores son mujeres.
P: ¿Influye que haya dificultades para acceder a un profesional?
R: Sin duda. España sigue siendo a nivel europeo uno de los países que menos psiquiatras y menos psicólogos tiene por habitante. Psicólogos clínicos, que son los que atienden en su mayor parte a nivel público. Es habitual, al menos aquí en Andalucía, que para la primera cita o para revisiones te den cita en un psicólogo clínico, por ejemplo, cada seis meses. La atención psicológica normalmente, para que un proceso psíquico se pueda modificar, al principio sobre todo hacen falta sesiones semanales. No tanto en psiquiatría, que a lo mejor cada mes o mes y medio puede funcionar, pero en psicología es imposible que funcione cada seis meses. Ese déficit evidentemente se traslada a un empeoramiento de la salud mental de la población, a una búsqueda de atención privada y a un colapso de la atención privada.
El alto consumo de ansiolíticos
P: España ha sido ubicada como el país con mayores tasas de consumo de benzodiazepinas. ¿A qué atribuye que la respuesta social o médica prioritaria siga siendo la pastilla?
R: Si hay más listas de espera, cuando a un paciente no le puedes dedicar un rato cada semana o cada 15 días en consulta, lo que haces al final es ponerle alguna medicación que lo relaje y que al menos esté controlado sintomáticamente, aunque no haya sanado su problema de base, hasta la siguiente consulta. Porque muchas veces los médicos de familia no pueden hacer otra cosa. Muchas veces son la primera puerta a estos problemas. Cuando un paciente dice que tiene síntomas de ansiedad o se siente deprimido, muchas veces como la derivación al psiquiatra va a tardar varios meses, le ponen su antidepresivo o su ansiolítico. A veces con buen criterio y a veces un poco apresurado, pero como tampoco tienen dónde ampararse, por eso también está esa prescripción posiblemente exagerada de benzodiacepinas y ansiolíticos en nuestro país. Por eso también estamos intentando abordar otros tratamientos utilizando más terapias físicas como la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), la estimulación por corriente directa o los ultrasonidos, que fármacos que son mucho menos específicos y más lesivos a nivel de efectos secundarios.
P: ¿Y cuáles son las alternativas a las pastillas más avanzadas y eficaces?
R: A nivel de psiquiatría está habiendo un movimiento en las últimas décadas, sobre todo a nivel español, con la aparición de las técnicas de estimulación cerebral. Para muchos de los trastornos mentales tenemos tres pilares terapéuticos: la psicoterapia, que es el primero por el que habría que empezar en la mayoría de los casos; la farmacoterapia, que es la química; y las técnicas de estimulación cerebral o neuromodulación, que es la tercera. (De estas) la que más desarrollo tiene en los últimos años, y en la que más hospitales públicos se ha instaurado aparte de centros privados de referencia, es la EMT. Sí es verdad que desde hace casi 100 años se empezó a utilizar la terapia electroconvulsiva, la mal llamada "electroshock", que tuvo muy mala fama en su día porque se hacía sin anestesia y tenía secuelas cognitivas importantes (hoy se sigue usando en algunos casos de una manera mucho más segura que antaño). Estas técnicas desde entonces se han desarrollado muchísimo y se están haciendo de forma totalmente no invasiva, ambulatoria, bien tolerada y muy efectiva, teniendo una tasa de respuesta en algunos trabajos que rozan el 70-80% de los casos de depresión resistente, por ponerte un ejemplo, aunque hay otras indicaciones como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), las secuelas del ictus o las adicciones. Estoy convencido de que estas técnicas, que al final lo que buscan es una mayor eficacia, una disminución de efectos secundarios y un tratamiento mucho más personalizado van a ser el presente y el futuro.
Los beneficios de la Estimulación Magnética Transcraneal
P: Usted es uno de los mayores especialistas en España en EMT. ¿En qué consiste y para qué perfiles tiene mayor eficacia?
R: La EMT es una técnica de estimulación cerebral en la que, mediante la liberación de pulsos magnéticos a través de una bobina basándonos en la Ley de Faraday, ese pulso magnético atraviesa el cuero cabelludo, el cráneo, las meninges y llega a unas neuronas concretas que has estimulado de una forma muy específica, muchas veces apoyándonos en resonancias magnéticas. Intentamos que ese pulso magnético llegue a esa neurona que pertenece a un red neuronal que está vinculada a una patología mental determinada, como puede ser la depresión, el TOC o las adicciones, que son para las que más evidencia hay, sobre todo para la depresión resistente al tratamiento, aquella en la que el paciente no ha respondido al menos a dos antidepresivos a dosis completas y a psicoterapia previamente. Liberamos un pulso magnético que al llegar a la neurona la despolariza y logramos excitar o inhibir un circuito neuronal determinado que está funcionando mal en ese paciente y produciendo la sintomatología de ese trastorno. Lo que acabo haciendo es modificar el funcionamiento del circuito neuronal intentando que vuelva a funcionar como antes de enfermar. Y todo eso lo hacemos habitualmente a nivel ambulatorio, sin requerir ingreso, con una buena tolerabilidad porque los efectos secundarios son menores. Sobre todo suele ser cefalea. El más temido es convulsión, es muy poco frecuente aunque puede ocurrir y por eso siempre tiene que estar prescrita la técnica por un médico.
P. ¿Qué resultados concretos han comprobado en los pacientes?
R: Nosotros tenemos aproximadamente un 60-65% de tasa de respuesta en el trastorno depresivo resistente. Cuando hablo de respuesta es que el paciente mejora al menos el 50% de los síntomas con los que empezó. En el TOC podemos hablar de aproximadamente de un 50% de tasa de respuesta. En adicciones estamos viendo resultados que superan el 50%. Principalmente funciona en pacientes depresivos que tienen más problema biológico que psicosocial. Evidentemente no sirve para todo ni todas las situaciones, por eso es muy importante una valoración médica hecha por un experto y hacer un protocolo a medida.
P: ¿En qué punto se encuentra la incorporación de la EMT en la sanidad pública y cuál es el principal escollo para su democratización?
R: Por suerte, en el último lustro el número de estimuladores magnéticos transcraneales en los hospitales públicos de nuestro país está creciendo de forma muy llamativa. Hemos pasado de cuatro, cinco o siete estimuladores a principios de los años 20 a más de 30, y va en aumento. La mayoría de los hospitales principales tienen ya un estimulador magnético. Y es algo que, con muchísima probabilidad, en 5 o 10 años no habrá 30 sino 70 u 80. La dificultad para la democratización es que no deja de ser un tratamiento con dispositivos caros. Bueno, tienen un coste moderado, estamos hablando de que, en función de lo que le añadas, si lo adquieres con neuronavegador, para hacerlo lo más preciso posible, requiere inversiones que pueden superar los 150.000 o 200.000 euros. Entonces eso hace que vaya más lento de lo que debería, pero se está solventando y se están ejecutando muchas adquisiciones por el bien de la salud mental de la población.