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La acampada de Sol, una ciudad efímera por el derecho a la vivienda: "Esto tenía que explotar, te vuelve a dar esperanza"

  • Efervescencia colectiva en una movilización improvisada que no deja de crecer
  • "Nunca perdimos la ilusión de que la llama siguiera viva", dicen quienes vivieron el 15M y vuelven ahora a la plaza
Acampada por el derecho a la vivienda y contra los desahucios en Sol, Madrid, este domingo
Acampada por el derecho a la vivienda y contra los desahucios en Sol, Madrid, este domingo MARÍA NAVARRO SOROLLA

La historia no se repite, pero rima. La cita apócrifa de Mark Twain pocas veces tiene tanto sentido como con la acampada de la Puerta del Sol, una movilización espontánea por el derecho a la vivienda donde los ecos del 15M resuenan con fuerza 15 años después, si bien con un tono algo distinto.

La plaza, el corazón turístico y comercial -y reivindicativo, en días como hoy- de Madrid, es un hervidero de gente este domingo al mediodía, apenas 12 horas después de que comenzara esta protesta. Acaba de terminar la manifestación por la educación pública, que desembocaba en Sol, y entre los petos naranjas del Sindicato de Inquilinas se cuelan las camisetas verdes de los docentes y estudiantes.

Hay una efervescencia compartida, una emoción extendida entre los cientos de personas -la gran mayoría jóvenes- que abarrotan el "kilómetro cero" y que nunca habían vivido algo así. En 2011, eran niños o adolescentes. Experimentaron el 15M de refilón, o como un recuerdo lejano. Ahora ven que este es su momento.

La chispa, ahora, ha sido el desahucio de Maricarmen Abascal, una anciana de 87 años, el miércoles en Madrid. La imagen conmovió a todo el país y se han sucedido las manifestaciones contra los desahucios y por el derecho a la vivienda, capitalizadas por el Sindicato de Inquilinas. La última de estas marchas tuvo lugar el sábado por la tarde, una movilización multitudinaria bajo el lema "Ni una Maricarmen más" que devino en acampada por la noche, sin que la Policía lo impidiera, y que ahora da sus primeros pasos.

Asamblea durante la acampada de Sol

Asamblea durante la acampada de Sol MARÍA NAVARRO SOROLLA

Desbordados de donaciones: "No damos abasto"

El alma de la acampada está en la carpa central, montada por el Sindicato, y más aún a la hora de comer. Allí, Lara se afana para repartir comida, agua y cafés. Su primera noche durmiendo en la plaza ha sido "agotadora" pero "increíble, emocionante", por la respuesta popular.

En redes, habían pedido donaciones de comida y bebida, pero han llegado tantas que han paralizado la convocatoria. "No damos abasto, estamos derivando a la gente a que lo lleve a comedores sociales u otras entidades". "Faltan manos, no comida", comenta otro militante de esta organización.

Peticiones de donaciones en la acampada de Sol

Peticiones de donaciones en la acampada de Sol MARÍA NAVARRO SOROLLA

"Aquí no somos ninguna y somos todas"

A medida que pasan las horas, la acampada se llena de gente. Las nuevas tiendas crecen como setas. En pocas horas, ya por la tarde, es irreconocible. Se crea incluso un pasillo central de pequeñas carpas para protegerse de la lluvia prevista para el lunes. ¿Quién ha decidido ponerlas? ¿Y dónde? Imposible saberlo. ¿Hay alguien a cargo? "Aquí no somos ninguna y somos todas", responde Arancha, activista feminista murciana que ya acampó en el 15M y vuelve ahora, con ganas, a hacerlo.

"Una parte de nuestro corazón siempre estuvo deseando que volviera algo así, y nunca perdió la ilusión de que la llama siguiera viva en algún lado", dice, emocionada. Alba, amiga suya, tenía 17 años cuando prendió aquel movimiento, y participó a nivel local. A ella le cambió, hasta el punto que tiene un tatuaje en el que se lee 15M.

El tatuaje de 15M de Alba

El tatuaje de 15M de Alba MARÍA NAVARRO SOROLLA

Más allá de las reivindicaciones concretas, y de lo que hayan cambiado entonces y ahora, para Arancha "la revolución es practicar comunidad desde la misma plaza, y eso emociona". Se sienten cuidadas: mientras hablamos, una voluntaria pasa ofreciendo fruta o bollos. Ellas responden ofreciendo a su vez protector solar, muy útil bajo un sol de justicia. "Ver que la autogestión es posible. En el 15M Sol era una ciudad".

Alba, Víctor y Arancha, quienes vivieron en su momento el 15M y vuelven a acampar

Alba, Víctor y Arancha, quienes vivieron en su momento el 15M y vuelven a acampar MARÍA NAVARRO SOROLLA

"Hasta que el cuerpo aguante"

Ahora vuelve a serlo. Una ciudad naciente, efímera, que aprende a autogestionarse paso a paso. Entre los activistas cunde la extraña emoción de estar entrando en un terreno inexplorado. Algunos reconocen en privado que no esperaban que la idea de la acampada fuera a fructificar, aunque ahora que lo ha hecho, la pregunta es: ¿hasta cuándo?

El martes es la fecha fijada en el calendario, el día en el que el Gobierno espera sacar adelante un decreto de vivienda. Pero nadie se atreve a fijar una fecha de caducidad para la acampada. "Hasta que el cuerpo aguante, y hasta que la gente siga viniendo y apoyando", dice Lara. "Hasta que podamos desmontar las tiendas, que se montan en dos segundos pero luego…", bromea Alba. Ella trabaja aquí al lado, y se plantea ir y volver desde la tienda: "Aquí no pago alquiler", dice entre risas.

Entretanto, los activistas concentrados se organizan por tareas –cocina, limpieza, pintar pancartas-. También por zonas: los "barrios" de esta improvisada ciudad en miniatura también emulan los de Madrid. Junto a la estatua ecuestre de Carlos III está, por ejemplo, el Sindicato de Inquilinas de Carabanchel.

Una niña junto a un cartel de 'Buitres fuera' en la acampada de Sol

Una niña junto a un cartel de 'Buitres fuera' en la acampada de Sol MARÍA NAVARRO SOROLLO

"Te vuelve a dar esperanza, yo ya la había perdido"

La media de edad es joven: la mayoría de los acampados rondan los 20 y 30 años. Muchos, claro, viven de alquiler, como Elisa, quien cuenta que ha montado una web llamada "Alquila tranquila" para poder poner reseñas a los caseros.

Otras, más mayores, tienen su propia casa. Es el caso de Lucía, quien viene sobre todo "para luchar porque estos van a tener que vivir de alquiler", dice, señalando a su hija, Laura, de unos 6 años. "Esto está genial, tenía que explotar por algún lado. Te vuelve a dar esperanza, yo ya la había perdido", afirma señalando a la acampada.

Para ella, la lucha por la vivienda es algo personal, después de que su hermana fuera desahuciada hace años. Y parece que para la pequeña Laura también. Cuando Lucía comenta que ella vendrá también el lunes por la mañana a apoyar, su hija la interrumpe: "¡Yo también quiero!". "No hija, tú a batallar pero en el cole".

Lucía, su hija Laura, y María José. Vienen de la manifestación por la educación pública a la acampada de la vivienda

Lucía, su hija Laura, y María José. Vienen de la manifestación por la educación pública a la acampada de la vivienda MARÍA NAVARRO SOROLLO

El objetivo es que la plaza no se quede vacía en ningún momento, por seguridad y por mantener la presión hacia el Gobierno y los partidos para que aprueben el decreto de vivienda. Para ello, los activistas se organizan haciendo turnos. Hablan entre ellos para cubrir a quienes trabajan por la mañana o por la tarde. El Ayuntamiento de Madrid ha pedido al Gobierno desalojar la plaza, así que los manifestantes viven con una cierta incertidumbre.

Entre tanto, las horas muertas se rellenan con juegos de mesa, cartas, libros –en la propia carpa central se reparten algunas obras-. Hay también actividades organizadas –yoga, talleres-, y todo el mundo puede proponer la suya. Mimi, quien viene del barrio de Lucero, cuenta por ejemplo que ella ha propuesto un bingo musical para la tarde.

Pero quizá la actividad más extendida es, simplemente, el hablar los unos con los otros. Las necesidades logísticas lo hacen casi obligatorio: "¿Qué necesitáis? ¿Quién tiene cuerda?".

Y si no, las asambleas de bienvenida son un buen punto para conocerse. A las 16:00 había convocada una, pero la afluencia de gente ha sido tan masiva que se han organizado varias. En ellas, miembros del Sindicato de Inquilinas explican a los nuevos afiliados su funcionamiento. "Los derechos se consiguen aquí sentándonos, gritando. El individualismo nos gana si solo somos individuos frente a los caseros, si no nos organizamos", lanza una de las militantes. Desde hoy, son muchísimos más los afiliados a la organización.

Asamblea de bienvenida del Sindicato de Inquilinas

Asamblea de bienvenida del Sindicato de Inquilinas MARÍA NAVARRO SOROLLA

A las 20:00, el ambiente es más festivo. El "Fuck rent Fest" ha convocado a artistas y humoristas, entre ellos Biznaga, Petunias, Marwan, Samantha Hudson, o Eddi Circa. El ánimo no decae. Hay que aguantar, insisten desde el Sindicato, al menos hasta el martes. Por el entusiasmo generalizado que se respira en la plaza, parece que no será difícil.