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Lágrimas y rabia por Maricarmen: el desahucio que parecía imposible sacude Madrid

  • "Teníamos la esperanza de que no iba a llegar", reconocen quienes han acampado para impedir la expulsión
  • Cunde la frustración ante un caso que se ha convertido en un símbolo del problema de la vivienda
Maricarmen, de 87 años, pocas horas antes de que se ejecutara su desahucio en Madrid
Maricarmen, de 87 años, pocas horas antes de que se ejecutara su desahucio en Madrid Fernando Sánchez Fernando Sánchez / Europa Press

Cuando apenas estaba amaneciendo en la calle Alcalde Sainz de Baranda, a pocos pasos del Parque del Retiro en Madrid, en el aire flotaba la sensación de que este no era un desahucio más ni una protesta más. La expulsión de Maricarmen, una anciana de 87 años que llevaba más de 70 viviendo en ese piso, ha provocado una conmoción social sin precedentes en los últimos años y se ha convertido en un símbolo del problema de la vivienda en España.

Prueba de ello son las cerca de 300 personas movilizadas por el Sindicato de Inquilinas que desde la noche del martes acampaban dentro y fuera del edificio para impedir el desalojo, o los centenares de manifestantes que han acudido a las inmediaciones del portal desde primera hora de este miércoles. El objetivo era detener, como ya se había logrado en tres ocasiones anteriores, uno de los desahucios recientes más mediáticos, y que Maricarmen pudiera seguir en el hogar en el que creció.

Pero ni la presión vecinal, ni los intentos de negociación a última hora, ni las ofertas a la empresa propietaria del piso, Urbagestión, han logrado detener un desahucio que muchos de los activistas congregados creían "imposible". "Estamos muy decepcionados, con la movilización que ha habido justo en este caso sentíamos que iba a ser un precedente. Teníamos la esperanza de que no iba a llegar", reconoce Carlota, visiblemente afectada por el cansancio y por la tristeza, y con su saco de dormir y esterilla a cuestas.

Con una sábana y en camilla: la salida de Maricarmen de su hogar

A las 13:00 horas, después de una larga noche y una mañana de tensión y resistencia, Maricarmen ha salido cubierta con una sábana y en camilla del piso en el que ha vivido desde los 17 años para ser trasladada al Hospital Gregorio Marañón por su delicado estado de salud. La ambulancia se ha hecho paso entre los manifestantes que gritaban "asesinos", muchos de ellos entre lágrimas de rabia e indignación.

El rostro desorientado de Maricarmen era la viva imagen del agotamiento. El agotamiento de una lucha judicial de siete años que le ha pasado factura a nivel físico. Hacía apenas unos meses, antes de su último intento de desahucio en junio, todavía podía andar. Hoy, tenía que ir en silla de ruedas. Los trabajadores del Samur Social han tenido que bajarla a pulso desde el sexto piso en el que vivía.

El desenlace de este caso ha caído como una losa sobre los vecinos y activistas, que se abrazaban desconsolados, lloraban o lanzaban gritos cada vez más desesperados contra los agentes antidisturbios. La sensación generalizada es que, de alguna manera, este desalojo tan simbólico se lograría frenar.

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"No es un desahucio, es un asesinato"

Todo había empezado mucho antes, en la tarde del martes, en un acto con la presencia de artistas, músicos y humoristas. Entre ellos, Ana Belén, Carlos Bardem, Juan Diego Botto, Ignatius o Inés Hernand. "Luchad. No os quedéis en casa. Luchad por la vivienda", lanzó Maricarmen, con una voz frágil y emocionada.

Su petición la han atendido, al pie de la letra, cientos de personas congregadas frente a Sainz de Baranda 46, que no han dejado de protestar durante toda la noche. "No es un desahucio, es un asesinato" o "podría ser tu madre, podría ser tu abuela", han gritado a la Policía. Los manifestantes han cargado tanto contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid como contra el Ejecutivo central. "El ático de Ayuso, para Maricarmen" y "rentistas culpables, Gobierno responsable", han cantado repetidamente.

Un gran despliegue policial, con unas 15 furgonetas, ha acordonado la calle a las 06:00 de la mañana. Los agentes no permitían el paso de nadie más, salvo algunos trabajadores o vecinos confusos por lo que estaba ocurriendo. Los medios de comunicación en un primer momento han tenido también vetado el paso, e incluso los que estaban dentro del perímetro policial han sido expulsados, aunque finalmente, a media mañana, se les ha permitido el paso.

"Tristeza" y "orgullo" entre quienes han acampado en el edificio

A cada hora que pasaba aumentaba la tensión, tanto dentro como fuera del cordón policial. Algunos manifestantes han tratado de romper este cordón sin éxito, repelidos por las porras y los escudos de los antidisturbios.

A lo largo de la mañana, los agentes han ido sacando a la fuerza a los activistas, quienes ejercían resistencia pasiva.

Dentro del portal estaba acampado Sergio, de 28 años, quien ha sentido "tristeza", pero también "mucho orgullo de toda esta gente que ha puesto el cuerpo por un derecho fundamental como la vivienda, por defender la casa de Maricarmen". Critica la violencia usada por la policía y denuncia que les han "gaseado" al entrar al edificio.

También en el portal estaba Rosa Mari, educadora infantil en huelga, que no ha dudado en unir su lucha a esta. También, como Carlota, vivió un "momento de esperanza". "En el momento de negociación pensábamos que la empresa iba a aceptar, darle un mes por lo menos", pero cuando la jueza ha dado la orden de ejecución "ha sido como un jarrón de agua fría".

Denuncian una "violencia desmesurada" de la Policía

Ha sentido "frustración" y "rabia" no solo por el desahucio, sino por "ver toda esa violencia desmesurada" por parte de la policía ante una "causa muy digna". "Éramos la última fila y hemos visto todo: cómo metían dedos en los ojos, cómo agarraban del cuello y asfixiaban, daban puñetazos, patadas, cabezazos con el casco, torcían pies…", ha narrado. Otra compañera suya cuenta que "ha habido momentos de mucha violencia que hemos visto que otros compañeros [policías] les tenían que calmar".

El Sindicato de Inquilinas ha compartido varias imágenes de cargas violentas y de las heridas de algunos de los manifestantes concentrados. Una de ellas se ha dirigido a los agentes enseñándoles la foto de Maricarmen: "Esta es a quien vais a desahuciar", les ha dicho, entre los aplausos de la multitud. "Vergüenza me daría desahuciar a Maricarmen", coreaban.

"Esto es un fracaso de la sociedad"

Esperanza, de 69 años, ha venido desde su barrio, Lavapiés, zona cero de la gentrificación y la subida de precios en Madrid. "Para mí esto es un fracaso de la sociedad, que a una señora de esta edad en sus últimos días la pongan en la calle para especular es indecente", denuncia. "Como sigamos así, ¿adónde nos vamos a ir la gente de los barrios?".

Maricarmen no sabe aún dónde va a dormir esta noche ni las siguientes. Lo que sí se sabe es que la movilización continúa: esta tarde hay convocadas manifestaciones frente a las delegaciones de Gobierno en varias ciudades españolas y frente al polémico ático que compró la Comunidad de Madrid en la capital.