Ilan Pappé, historiador israelí: "Palestina es un microcosmos del mundo y estamos ante una guerra civil mundial"

  • El académico es una de las voces más críticas con el sionismo: la expulsión de los palestinos, dice, fue una "limpieza étnica"
  • Para él, los derechos de los palestinos son inseparables de la justicia social, económica o ecológica en un mundo fragmentado
El historiador, Ilan Pappé, durante una conferencia

El historiador, Ilan Pappé, durante una conferenciaFoto cedida por Ilan Pappé

Cuando Ilan Pappé (Haifa, 7 de noviembre de 1954) aplicó hace veinte años el término "limpieza étnica" a la expulsión de cientos de miles de palestinos durante la guerra de 1948 (lo que ellos conocen como Nakba, "catástrofe" en árabe), desafió uno de los pilares del relato fundacional del Estado de Israel, que hasta entonces definía ese éxodo como una consecuencia inevitable de la guerra.

Integrante de los llamados "nuevos historiadores", una corriente crítica con la narrativa histórica del sionismo, Pappé considera que el desplazamiento forzoso de ese pueblo continúa en nuestros días. Una posición, plasmada en su libro "La limpieza étnica de Palestina" (2006), que le enfrentó a buena parte del mundo académico israelí, lo que le llevó a abandonar su país en 2007. Desde entonces, vive en Reino Unido, donde ejerce como profesor en la Universidad de Exeter.

Defensor de un único Estado democrático con igualdad de derechos para judíos y palestinos, Pappé analiza en esta entrevista con RTVE Noticias el alcance de las últimas elecciones en Israel, las profundas fracturas que aquejan a su sociedad, cada vez más escorada hacia la derecha, y las que afectan a otras en un escenario internacional que describe como de "guerra civil mundial" entre dos grandes bloques políticos, económicos e ideológicos.

Imagen del historiador Ilan Pappé durante la entrevista con RTVE Noticias

Imagen del historiador Ilan Pappé durante la entrevista con RTVE NoticiasRTVE

Pregunta: Esa sociedad de bloques que usted describe ha quedado patente en Israel tras los últimos comicios ¿Qué había en juego en estas elecciones?

Respuesta: Primero, debemos diferenciar entre los ciudadanos judíos de Israel, los palestinos de Israel y los palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza. Para el electorado judío israelí se trataba de decidir entre una teocracia, un Estado fanático, nacionalista y extremista, que también considera a los judíos laicos y liberales como miembros no deseados de la sociedad; o una vuelta al Israel del siglo pasado, el que confiaba más en los valores liberales y democráticos, donde existía la separación de poderes y donde al menos sus ciudadanos tenían la sensación de vivir en un país occidental.

Para los ciudadanos palestinos de Israel la elección era distinta. No hay muchas esperanzas de que el Estado sea más democrático con ellos, pero sí esperan que un cambio de Gobierno pueda mejorar algunos aspectos de sus vidas, como el nivel de violencia, que es muy elevado por las políticas de la Policía, de los servicios secretos y del ministro Itamar Ben Gvir.

En cuanto a los palestinos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza, entienden, con razón, que nada va a cambiar. Continuará la misma política de asesinatos graduales en Gaza, sin ninguna idea de qué hacer después o la limpieza étnica en Cisjordania por parte del Ejército y los colonos. Creo que bastantes personas en el sur del Líbano y en el sur de Siria también entienden que no habrá cambios ni en las políticas para los palestinos, ni para la región en general.

P.: Por lo que plantea, las perspectivas de alcanzar un acuerdo de paz parecen remotas...

R.: No olvidemos que la alternativa a Netanyahu, Gadi Eisenkot, tampoco cree en la solución de los dos Estados. Cuando era jefe del Estado Mayor declaró que todas las aldeas palestinas de la Franja de Gaza eran bases enemigas. Su visión no es distinta. De hecho, su principal lema en estas elecciones no ha sido que él ofrezca una política diferente respecto a la cuestión palestina, sino que él lo hará mucho mejor que Netanyahu. Prometió que destruiría a Hamás en seis semanas, y que seguirá combatiendo el terrorismo en Cisjordania. No hay ninguna conversación sobre la paz, ni sobre la reconciliación, ni sobre una trayectoria diferente para el futuro. Así que diría que no aporta nada nuevo.

El paradigma de la paridad

P.: ¿Y los jóvenes israelíes? Las encuestas muestran que crece su apoyo a los partidos ultranacionalistas, ¿puede cambiar esta tendencia?

R.: Cualquiera en Europa, o en cualquier otro lugar del mundo, que espere que un bloque político dentro de Israel cambie radicalmente las políticas y abra un horizonte de paz, convivencia y capacidad para abordar cuestiones importantes como la justicia ecológica, social y económica, aprenderá que eso no existe.

Por ello, si la comunidad internacional cree que esta situación no solo victimiza a los palestinos, sino que también tiene consecuencias para la energía, la economía mundial y la democracia, debe cambiar su política basada en que hay dos partes iguales, el llamado "paradigma de la paridad", la percepción de que el mundo solo necesita mediar entre israelíes y árabes. El problema se parece mucho al que planteaba la Sudáfrica del apartheid en su momento de máximo apogeo. Israel necesita ser tratado como un problema del que el mundo, y especialmente Europa, tiene que ocuparse y no como un socio o cliente. Europa tiene más responsabilidad que nadie en lo que está sucediendo en Palestina.

P.: Gran Bretaña, donde usted reside, especialmente, según la historia...

R.: Gran Bretaña, sí, pero no solo. Ni un solo intelectual europeo, incluidos los de España, ni un solo político europeo después de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto le dijo a los judíos de Europa: "Volved, construiremos una Europa capaz de hacer frente al racismo contra los judíos". Todos dijeron: "Qué idea tan maravillosa: id todos a Palestina y construid allí un Estado judío europeo". Este es el origen del problema. Se pidió a los palestinos que fueran la solución al antisemitismo europeo. No se trata de plantear ahora un "traedles de vuelta", esa no es una idea seria, pero Europa tiene que defender hoy a las víctimas de su apoyo a la colonización de Palestina. Ese es un papel moral crucial como sistema político y como sociedad.

Miles de manifestantes propalestinos participaron en la Marcha Nacional por Palestina en Londres, organizada por la Campaña de Solidaridad con Palestina, el 11 de octubre de 2026

Miles de manifestantes propalestinos participaron en la Marcha Nacional por Palestina en Londres, organizada por la Campaña de Solidaridad con Palestina, el 11 de octubre de 2026SOPA Images

P.: En el pasado usted ha dicho que el sionismo terminará colapsando. ¿Sigue manteniendo esa opinión?

R.: Siempre he hablado de procesos a largo plazo, no del año que viene ni del siguiente. He hablado de la implosión de la sociedad judía desde dentro: no existe una base común entre los dos grandes grupos que pueda ayudarlos a mantener un consenso. La división y el odio son tan profundos que resulta muy difícil imaginar cómo pueden construir una sociedad conjunta. Ni siquiera sus enemigos externos comunes les han permitido ponerse de acuerdo sobre qué tipo de Estado quieren.

Sí creo que las políticas en Gaza y Cisjordania aumentarán el aislamiento de Israel en la comunidad internacional. Sé que esto no está afectando de manera inmediata a las posiciones de los gobiernos, pero sabemos que la sociedad civil está muy movilizada en apoyo de los palestinos, y que eso ha tenido un impacto en distintos ejecutivos, incluido el Gobierno español. Creo que la victoria de Lula en Brasil y otros gobiernos elegidos recientemente son indicios de que, allí donde los ejecutivos representen valores liberales, democráticos y socialdemócratas, aumentará la probabilidad de una política de sanciones más dura contra Israel. Incluso en EE.UU. se oyen voces dentro del Partido Republicano que empiezan a considerar a Israel una carga más que un activo. Y hay cambios en las comunidades judías de todo el mundo, especialmente en la estadounidense.

Dos formas de entender el mundo

P.: A escala más global, ¿qué cambios observa en la sociedad europea considerando que la extrema derecha crece en países como Alemania a pesar del llamado "cordón sanitario" impuesto por otras fuerzas políticas?

R.: Creo que Palestina es un microcosmos de lo que ocurre en el mundo. Tenemos dos coaliciones políticas, económicas e ideológicas, con manifestaciones locales que varían de un lugar a otro, pero, en esencia, estamos en una guerra civil mundial. Por un lado, hay una coalición basada en los valores de una forma muy extrema de capitalismo: una élite muy pequeña que se preocupa por su propio futuro, pero no por el del planeta ni de la sociedad. Se beneficia de los conflictos porque también tiene su dinero invertido en las industrias militar y de la seguridad, apoyándose en el odio y el miedo de las sociedades, especialmente hacia los inmigrantes o, donde no hay inmigrantes, hacia las minorías. Está construyendo un mundo basado en la conexión pura entre las finanzas y el poder, no entre los valores y el poder.

Frente a ella, hay una contra coalición que cree que la función de los políticos es abordar las injusticias ecológicas, sociales y económicas, ya sea en el ámbito local, en su propio continente o a escala mundial. Cuando pierdes en un lugar, pierdes en esa guerra civil global de la que hablo. Sin coaliciones mundiales no se puede garantizar el futuro del planeta, el cambio climático es el mejor ejemplo. No basta con ganar elecciones en Brasil si las de Argentina van exactamente en la dirección contraria. Es comprensible que a la gente le resulte muy difícil pensar que lo que debería importarle es lo que ocurre en el mundo y no solo en su entorno inmediato. Pero nuestro papel como educadores, académicos y periodistas es mostrar la conexión entre tu desempleo, el riesgo de perder tu casa a manos de intereses comerciales y la realidad internacional.

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La frustración de los jóvenes y los límites de la socialdemocracia

P.:Habrá jóvenes que lean esta entrevista y piensen que las políticas de las que usted habla también les han fallado: siguen sin acceso a la vivienda, son más pobres que la generación de sus padres...

R.: En primer lugar, tenemos gobiernos socialdemócratas, no de izquierdas, que adoptan ciertas medidas de corte social, pero no son políticas verdaderamente socialistas. Fracasan porque miran hacia el centro, no hacia su izquierda. Piensan que no pueden ganar unas elecciones a menos que cedan en parte a lo que quiere la derecha: el libre mercado, cierta economía de austeridad y una reducción del gasto en servicios públicos o en capítulos como la vivienda.

Pongamos como ejemplo a Zohran Mamdani en Nueva York. Su propuesta para hacer que la vida sea asequible para los jóvenes en la ciudad de Nueva York está siendo cuestionada con mucha fuerza por los sectores capitalistas. Pero, como se trata de una ciudad y no de un Estado, todavía puede defender su programa para abaratar aquello que los jóvenes, no solo en España, consideran inasequible. Parte de esto tiene que intentarse también a escala nacional. Exige mucho valor por parte de los políticos, especialmente cuando mucha gente asocia el socialismo todavía con la Unión Soviética, el comunismo y las nacionalizaciones.

Estamos en un momento de crisis que exige líderes. Necesitamos personas que no tengan miedo a tomar decisiones difíciles y que, por tanto, sean mucho más eficaces al afrontar los enormes desafíos locales y globales que tenemos. Creo que eso podría generar una realidad que combine la utopía con una predicción realista.

También necesitamos educadores capaces de explicar la relación entre una decisión difícil y un futuro mejor. En este sentido, espero un mundo gobernado por personas que asuman su entrada en la política como una vocación, no como una carrera profesional. La mayoría piensa en las próximas elecciones y cada vez menos en resolver los problemas; solo intentan abordarlos si creen que pueden perjudicarles en las urnas.

Esto, lo perciben los jóvenes. Ahora bien, también tengo mi propia crítica hacia esa generación que se manifiesta y rompe escaparates en París y en otras ciudades: cuando se les pide que entren en política, responden: "No, la política es sucia, no queremos formar parte de ella". No se puede pretender todo a la vez. Tienen razón en que son el futuro, pero, si son el futuro, no basta con manifestarse, es más importante ocupar las posiciones de poder para transformar la realidad.

Decenas de miles de jóvenes franceses se manifestaron recientemente en Francia pidiendo mejores salarios y condiciones de vida

Miembros de la Orchestre du Nouveau Monde actúan en París (Francia), el 5 de noviembre de 2026, durante una manifestación intersindical nacional contra el proyecto de ley de presupuestos de 2027Tonny LinkeTonny Linke

P.: Usted habla de los jóvenes de París, pero la llamada 'Generación Z' lleva tiempo saliendo a la calle en otras partes del mundo como Asia, América, África, etc...

R.: Lo que caracteriza hoy la vida de millones de personas en Palestina, África y otras regiones, es que ni siquiera pueden permitirse salir a la calle como los jóvenes de Francia, España o Italia. Se enfrentan a un peligro existencial: mañana pueden morir por una bala, un misil, una pandemia o el hambre. Erradicar ese riesgo no significa que todos los problemas de la vida queden resueltos, pero sí permite dirigir la energía hacia cuestiones que, sin ser de vida o muerte, resultan fundamentales para la calidad de vida, el bienestar y la participación en una sociedad capaz de afrontar sus retos.

En lo que respecta a Europa, la sociedad debe entender que no es posible colonizar el mundo durante trescientos o cuatrocientos años sin que el mundo regrese a ellos. No pueden decir: "Os colonizamos y os robamos vuestros recursos, pero ahora no vengáis". Eso no va a ocurrir. Dentro de cuarenta años, Europa será mucho más multiétnica y multicultural, tendrá un número de inmigrantes mayor que el actual y deberá hacer lo mismo que el resto del mundo: adoptar el diálogo no solo como una herramienta puntual para resolver un problema, sino como una forma de vida.

El mundo árabe, entre la protesta y la normalización con Israel

P.: Volviendo a su región ¿Cree que pueden darse cambios parecidos tras la fallida Primavera Árabe?

R.: Aunque ahora mismo no veamos cambios drásticos porque la primera fase de la Primavera Árabe ha terminado sin grandes transformaciones en su cultura política, como historiador sé que esas revoluciones atraviesan períodos de contrarrevolución. Es algo que todavía no ha terminado. Cuanto más democrática y revolucionaria se vuelva la situación, más probable será que el mundo árabe regrese a las décadas de 1950 y 1960, cuando no solo los pueblos mostraban solidaridad con Palestina, sino también sus gobiernos. Puede ocurrir algo parecido en el mundo musulmán y en otras partes del Sur Global. Todos estos procesos, junto con el empeoramiento de una economía de guerra en Israel, crean la posibilidad, no la certeza, de que resulte muy difícil sostener al Estado si continúa en esta dirección. Israel aún puede ser sostenible con un Ejército poderoso y armas nucleares, pero ya hay una emigración significativa entre los sectores más acomodados y cualificados de la sociedad, que se han trasladado fuera del país. Así que en el futuro, también podrá ser un Estado sin su élite educativa, tecnológica y económica.

P.: Pero esa solidaridad se aleja cuando países como EAU o Baréin firmaron los Acuerdos de Abraham con Israel, un país hoy en guerra con Irán

R.: Los últimos dos años les han demostrado que su política de mantener buenas relaciones simultáneamente con Israel, Estados Unidos, los palestinos e Irán no está funcionando. Ni en sus peores pesadillas hubieran imaginado sus ciudades expuestas a grandes bombardeos con misiles. Todo esto está provocando un replanteamiento entre las élites políticas del Golfo. Por eso Arabia Saudí ha frenado tanto sus contactos con Israel en comparación con el punto en que se encontraban antes del 7 de octubre de 2023. Si estoy en lo cierto este dilema continuará para ellos porque la política fundamental de Israel hacia los palestinos y la región no va a cambiar. Además, incluso ellos querrían ver avances simbólicos en la cuestión de Palestina, pero no hay un solo político israelí que pueda ofrecérselo.

Por otro lado, como historiador, creo que los millones de personas del mundo árabe que pasan hambre y están enfadadas por el nivel de vida o la falta de libertades todavía no han dicho su última palabra. Palestina simboliza todas estas cuestiones para muchos sectores de la sociedad y el Israel que habrá dentro de cinco, seis o siete años será mucho más difícil de normalizar incluso para el régimen árabe más receptivo. Sea Eisenkot, Netanyahu o cualquier otro primer ministro de Israel, las políticas fundamentales del Estado no cambiarán y no creo que Oriente Próximo vaya a tolerar esta realidad durante mucho tiempo.