25 años de la injusta condena a Dolores Vázquez: el gran error judicial del caso Wanninkhof que conmocionó a España
- Un jurado popular la condenó a 15 años de prisión basándose en indicios, sin pruebas biológicas ni huellas incriminatorias
- El hallazgo del ADN del verdadero asesino destapó en 2003 un linchamiento mediático que aún sigue sin indemnizar
Este viernes se cumplen exactamente 25 años de una de las mayores injusticias de la historia judicial española. El 25 de septiembre de 2001, la Audiencia Provincial de Málaga dictó una condena de 15 años de prisión contra Dolores Vázquez Mosquera por el asesinato de la joven Rocío Wanninkhof.
Aquella sentencia ratificó el veredicto de un jurado popular que la declaró culpable sin una sola prueba material, impulsado por una investigación orientada por prejuicios y un severo linchamiento mediático. Dolores permaneció 519 días en prisión preventiva por un delito que no cometió, antes de que la genética señalara al verdadero agresor.
Un juicio alimentado por indicios y prejuicios
La tragedia comenzó tras la desaparición de Rocío Wanninkhof, de 19 años, el 9 de octubre de 1999 en Mijas (Málaga). Su cadáver apareció casi un mes después en Marbella con nueve puñaladas.
Sin evidencia física, la Guardia Civil centró las sospechas en Dolores Vázquez, expareja sentimental de la madre de la víctima, Alicia Hornos, con quien había convivido diez años y ejercido una figura de crianza con las hijas.
Pese a que el abuelo de la fallecida afirmó atónito: "No acabo de creérmelo. Dolores ha criado a mis nietos y los quería como si fueran sus hijos", la hipótesis policial se fijó en la venganza. El propio ministro del Interior, Ángel Acebes, aseveró que la acusada tenía "el perfil delincuencial más verosímil".
Durante la vista oral iniciada el 3 de septiembre de 2001 en Málaga, la Fiscalía no presentó pruebas biológicas ni científicas. Las huellas dactilares en las bolsas del cadáver resultaron negativas, las fibras textiles de sus prendas no coincidían y los neumáticos de su vehículo tampoco se correspondían con las roderas halladas en la escena. Además, las facturas de Telefónica certificaban llamadas registradas desde su teléfono fijo en la franja horaria clave.
Pese a ello, un informe psicológico elaborado sin entrevistarla la tildó de "violenta, agresiva y con rasgos esquizoides". Analistas y periodistas como Toñi Moreno definieron el proceso como "un ejemplo claro de lesbofobia", mientras que en los platós de televisión la catalogaban como "fría y calculadora".
El 19 de septiembre de 2001, el jurado la declaró culpable por 7 votos contra 2, y el 25 de septiembre el magistrado Fernando González Zubieta dictó la condena. En su alegato final, Dolores proclamó: "Busquen a los culpables, que están ahí fuera. Nunca han tenido nada contra mí y no lo tendrán porque soy inocente".
La ciencia señala al verdadero culpable
El abogado defensor, Pedro Apalategui, recurrió la resolución ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. El 1 de febrero de 2002, el TSJA anuló la sentencia por "falta de motivación" en el veredicto y ordenó repetir el juicio. Dolores Vázquez salió en libertad bajo fianza el 8 de febrero de 2002 tras 17 meses encarcelada.
El nuevo juicio nunca se celebró. En agosto de 2003, el asesinato de la joven Sonia Carabantes en Coín cambió el rumbo del caso. La prueba de ADN confirmó que el material genético hallado bajo las uñas de Sonia coincidía exactamente con el perfil extraído de una colilla junto al cuerpo de Rocío Wanninkhof en 1999.
Los datos condujeron a la detención del británico Tony Alexander King el 18 de septiembre de 2003. King, un agresor sexual con antecedentes en el Reino Unido delatado por su exmujer, confesó los crímenes y fue condenado a 19 años de prisión por Rocío y a 36 por Sonia.
519 días en prisión y una reparación moral pendiente
Tras sobreseerse definitivamente la causa en 2005, Dolores Vázquez solicitó una indemnización de cuatro millones de euros por responsabilidad patrimonial del Estado por sus 519 días privada de libertad. La petición fue desestimada por el Ministerio de Justicia y ratificada por el Tribunal Supremo en 2015, por lo que hoy continúa sin recibir compensación económica alguna.
El juez González Zubieta transmitió a su abogado tras jubilarse un emotivo mensaje: "Por favor, dile a Dolores Vázquez que le tengo cariño y deseo que sea feliz". Actualmente, Dolores vive retirada en Betanzos (A Coruña), como testimonio de la mayor equivocación de la justicia española del siglo XXI.