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Comprensión lectora y dispositivos electrónicos: qué hay detrás del batacazo en los resultados del informe PISA

  • En solo tres años los alumnos de 4º de la E.S.O. han retrocedido el equivalente a un año escolar
  • Los expertos señalan al uso abusivo de las pantallas en casa y en las aulas como posible causa
Los dispositivos electrónicos y la bajada de la comprensión lectora
LUCÍA BLAZQUEZ

Los estudiantes de 4.º de la E.S.O. muestran resultados preocupantes en matemáticas, ciencias y, sobre todo, comprensión lectora en el último informe PISA. En solo tres años, han bajado casi 20 puntos, es decir, han retrocedido el equivalente a un año escolar.

Según los datos recopilados, tienen dificultades para leer textos de más de 400 palabras. La docente de la Universidad Camilo José Cela de Madrid y divulgadora en bienestar digital, Laura Cuesta, explica que los menores se han acostumbrado a consumir vídeos muy cortos que no les exigen mantener la concentración durante más de unos segundos. “Utilizamos menos la capacidad y el esfuerzo cognitivo, eso se traduce en que vamos teniendo un menor desarrollo”, asegura.

Para los expertos, uno de los principales problemas es el uso abusivo de las pantallas. En casa, los adolescentes pasan una media de cuatro horas frente a dispositivos electrónicos, en la mayoría de los casos utilizando redes sociales, viendo vídeos cortos o jugando a videojuegos. “Los smartphones hacen el mismo daño que el tabaco o el alcohol”, alerta el director adjunto del Centro de Políticas Económicas de ESADE, Luis Gortázar.

Más caída en familias con más acceso a dispositivos

La caída es más acusada entre los menores con mejores condiciones económicas, que tienen un mayor acceso a dispositivos electrónicos. Sin embargo, el problema no se limita a los hogares. La rápida digitalización de nuestra sociedad ha llevado a que las aulas de nuestro país se llenen de tecnología, pero sin una estrategia clara de digitalización.

La psicóloga Diana Jiménez muestra su preocupación por esta situación. Esta generación, explica, ha estado expuesta a la tecnología desde edades muy tempranas y su cerebro todavía está en proceso de formación. Pero el problema va más allá del uso de dispositivos: tal y cómo en su consulta, muchos adolescentes se sienten solos y desatendidos. “Tienen ansiedad y el cerebro no puede hacer dos cosas a la vez: estar a salvo y aprender”, apunta.

Una parte de los jóvenes que sufren problemas de salud mental acaba refugiándose en las pantallas. Al mismo tiempo, quienes perciben una merma en sus capacidades cognitivas pueden sentirse frustrados. “En definitiva, es una pescadilla que se muerde la cola”, sentencia.

Desde su punto de vista, estamos creando una generación poco resiliente y con una baja capacidad de esfuerzo, que podría acabar teniendo problemas en su etapa adulta. Sin embargo, no cree que haya que culpar a los propios jóvenes, sino que los adultos debemos reflexionar sobre cómo los hemos educado: “Hemos utilizado la tecnología de niñera”, concluye.