Enlaces accesibilidad

Ceuta, entre el agotamiento sanitario y la emergencia humanitaria: claves sobre epidemias y confinamientos

  • Los expertos de la SEE y la OMS descartan una epidemia y recuerdan que el riesgo real está en el hacinamiento
  • Sanidad convoca a las comunidades para coordinar el envío de vacunas preventivas ante la presión asistencial
Personal sanitario atiende a personas migrantes durante el dispositivo sanitario especial desplegado en Ceuta
Personal sanitario atiende a personas migrantes en Ceuta durante el dispositivo especial activado tras la llegada masiva registrada desde finales de julio. Marcos Moreno EUROPA PRESS / MARCOS MORENO

El mar que abraza a Ceuta no solo trae brisa de levante; en las últimas semanas del verano de 2026, ha depositado en sus orillas una marea de vulnerabilidad que ha sacudido los cimientos de la ciudad autónoma. En la playa del Trampolín, en las naves del Tarajal o en el asentamiento provisional de Loma Margarita, el viento de la frontera arrastra murmullos de tensión. Un debate político y social nacional se ha instalado en las calles ceutíes: ¿existe realmente una crisis sanitaria en Ceuta?

La respuesta no admite explicaciones simplistas y exige apartar el ruido de la crispación para mirar los datos de salud pública y la realidad asistencial de la frontera. Desde finales de julio, la llegada masiva de personas procedentes de Marruecos ha generado una situación extraordinaria. Miles de personas permanecen durante semanas en condiciones de alojamiento precarias, lo que ha multiplicado las consultas y ha obligado a activar los resortes de emergencia sanitaria de la ciudad.

Sin embargo, la brecha entre la percepción de alarma y la realidad epidemiológica medida por los científicos es abismal. No hay una epidemia en Ceuta. Lo que hay es un severo desafío humanitario y asistencial que pone a prueba la capacidad de respuesta y la solidaridad del sistema público de salud, según los expertos.

La trinchera de los que curan

Para entender la dimensión del problema, es preciso bajar a la arena, allí donde los profesionales sanitarios atienden, criban y curan día tras día. Las cifras oficiales facilitadas por el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) y la Cruz Roja evidencian la magnitud del esfuerzo.

El pico de máxima presión se registró el 31 de julio y el 1 de agosto, cuando el INGESA contabilizó 1.149 asistencias médicas a personas migrantes en apenas 24 horas. Aunque la intensidad asistencial fue descendiendo en las jornadas posteriores —registrándose 329 asistencias el 6 de agosto, 313 el 12 de agosto y 256 el 19 de agosto—, la carga acumulada sobre el personal médico y de enfermería ha sido abrumadora. Entre el 31 de julio y el 14 de agosto se completaron 5.801 asistencias por parte de INGESA, a las que se sumaron más de 2.500 atenciones adicionales de Cruz Roja en El Trampolín.

Enrique Roviralta, Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ceuta, pide refuerzos sanitarios

Esta marea asistencial ha provocado el desgaste de los profesionales de primera línea. Enrique Roviralta, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ceuta, alzaba la voz este viernes en RNE para retratar la realidad de una plantilla agotada. Describía a facultativos "rotos emocionalmente" y "moralmente muy afectados" tras semanas de trabajo ininterrumpido en condiciones extremas y reclamó urgentemente el envío de refuerzos sanitarios procedentes de fuera de la ciudad autónoma para aliviar el agotamiento físico de los sanitarios ceutíes.

El diagnóstico de las enfermeras es aún más dramático. El Colegio Oficial de Enfermería de Ceuta documentó un incremento exponencial de la actividad con más de 1.600 intervenciones sanitarias concentradas en apenas tres días a principios de agosto. Su presidenta, Rosa María Fuentes, trasladaba personalmente un diagnóstico de "colapso absoluto" al presidente de Ceuta, Juan Vivas, y al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, llegando a solicitar oficialmente la declaración del estado de alarma en la ciudad. La escasez crónica de enfermeras en Ceuta obligó a la movilización de profesionales voluntarios valencianos para apuntalar el servicio ante la extenuación generalizada de las plantillas locales.

La paradoja hospitalaria

En medio de esta situación, surge una paradoja que confunde a la opinión pública: ¿cómo puede afirmarse que existe un colapso asistencial y, al mismo tiempo, negar que el Hospital Universitario de Ceuta esté saturado? La clave reside en que la presión sobre un sistema sanitario no se mide únicamente por el número de camas ocupadas.

El INGESA ha insistido en que la capacidad operativa del Hospital Universitario se mantiene a salvo de la saturación y que la atención médica ordinaria de la población ceutí está plenamente garantizada. Los partes oficiales de ocupación respaldan esta afirmación: a fecha de 11 de agosto, el hospital albergaba a 110 pacientes sobre un total de 179 camas utilizables, lo que representaba un porcentaje de ocupación del 61,45% y dejaba 65 camas libres para contingencias. En el balance posterior del 16 de agosto, se reportaron 212 camas funcionantes, de las cuales 101 estaban ocupadas y 111 permanecían libres, registrándose el ingreso de únicamente 28 pacientes migrantes.

El INGESA activó desde el 31 de julio el Nivel 1 de su Plan de Catástrofes Externas, una medida extraordinaria que confirma la gravedad del escenario asistencial, pero que demostraba que el hospital disponía de recursos suficientes para responder sin necesidad de pasar a niveles superiores de emergencia. Por tanto, mientras que la institución se ampara en las camas libres para descartar la palabra "colapso", los colegios profesionales utilizan una definición mucho más amplia. Para el personal de primera línea, el colapso no está en las camas libres del hospital, sino en la saturación de las urgencias, el desbordamiento de la Atención Primaria, la escasez de conductores de ambulancias y el desgaste de los equipos móviles que trabajan fuera del hospital.

Diagnóstico bajo la lupa

Este viernes se han alzado voces del máximo rigor científico en RNE y TVE que desmantelan los bulos y ofrecen un diagnóstico epidemiológico certero. Frente a la tentación de la desinformación y el miedo, la ciencia ha aportado serenidad.

El doctor Julián Domínguez, jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Ceuta, ha lanzado un mensaje de tranquilidad a la población ceutí que vive estos días con una "sobrecarga emocional tremenda". "En absoluto es necesario un confinamiento sanitario", ha afirmado en La Hora de La 1 con rotundidad el epidemiólogo, descartando propuestas drásticas de levantar barreras físicas en la ciudad. "Los epidemiólogos nos basamos en datos, y esos datos no nos indican que haya habido un repunte enorme ni una epidemia generalizada", ha asegurado el experto.

Julián Domínguez, jefe de Medicina Preventiva del Hospital Ceuta: "No es necesario un confinamiento sanitario"

Domínguez ha desglosado las enfermedades detectadas para evitar rumores sobre patologías inexistentes como el cólera o la tifoidea. Ha explicado que el brote de gastroenteritis febril registrado en los asentamientos ha sido provocado por la bacteria Escherichia coli y no por patógenos extraños o de carácter epidémico generalizado. Este brote está plenamente controlado y encapsulado: de los aproximadamente 60 pacientes afectados, en estos momentos tan solo seis permanecen ingresados.

El especialista ha detallado el resto de patologías bajo estricta vigilancia epidemiológica. Se han detectado únicamente tres casos esporádicos de tuberculosis activa y dos sospechas de varicela en fase de estudio.

Respecto a la sarna, Domínguez ha reconocido un repunte de casos con respecto al año anterior, pero ha aportado un dato muy revelador, y es que las cifras acumuladas de sarna son inferiores a las registradas durante los dos años anteriores, coincidiendo con la histórica crisis fronteriza de Ceuta.

La explicación técnica radica en que este año la ciudad no celebró su tradicional feria anual, reduciendo así los contactos estrechos interpersonales. "El brote está controlado y son casos contados", ha zanjado el doctor Domínguez insistiendo en la importancia de salvaguardar la tranquilidad cotidiana de los habitantes de Ceuta frente al acoso de las noticias falsas.

El verdadero peligro

La perspectiva de Julián Domínguez coincide milimétricamente con el análisis del doctor Pello Latasa, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), quien también ha intervenido este viernes en TVE para advertir contra el grave error de estigmatizar a las personas migrantes vinculándolas de manera automática a enfermedades contagiosas. "A nosotros nos preocupa mucho esta identificación peligrosa", ha declarado Latasa. "El principal foco de riesgo epidemiológico no reside en las personas migrantes, sino en las durísimas e indignas condiciones de vida a las que se ven obligadas a someterse tras su llegada".

Latasa ha detallado que los problemas de salud detectados están directamente relacionados con la falta de alojamiento adecuado, la precariedad higiénica, el hacinamiento y la escasez de agua potable y saneamiento básico. Para el epidemiólogo de la SEE, la clave para neutralizar el riesgo radica en reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica y respuesta rápida para lograr una identificación precoz de los casos sospechosos, aplicando las medidas de control basadas en la evidencia.

Pello Latasa, vicepresidente de la SEE, explica la importancia de las vacunas en Ceuta

En el caso de la sarna, Latasa ha recordado que el contagio requiere de un contacto muy estrecho, continuado y prolongado de piel con piel, o mediante el uso compartido de sábanas y ropa de cama infectadas. "La sarna no se contagia comprando el pan ni paseando de forma casual por las calles de Ceuta", ha insistido el vicepresidente de la SEE para desmontar temores absurdos. Por consiguiente, la única respuesta útil desde la perspectiva de la salud pública pasa por garantizar el refugio básico, la higiene, el saneamiento de las instalaciones y el acceso al sistema de salud.

En esta misma dirección se ha expresado en RNE el epidemiólogo Daniel López Acuña, exdirector de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS). López Acuña ha tachado de "xenófobas, desproporcionadas y carentes de evidencia epidemiológica" las propuestas políticas de confinamiento generalizado que se han lanzado. "No hay riesgo epidémico generalizado", ha asegurado. "No nos enfrentamos a una enfermedad de transmisión aérea masiva como la COVID-19, ni a un brote de ébola, ni a la presencia de cólera en el agua". Para el exdirector de la OMS, sugerir el confinamiento es crear confusión y explotar de forma irresponsable la susceptibilidad psicológica que la población arrastra desde la pandemia.

"Plantear un confinamiento en Ceuta es crear confusión y miedo no justificado"

El doctor López Acuña ha insistido en que los protocolos internacionales de gestión de grandes crisis establecen que la respuesta adecuada se basa en la provisión inmediata de techo, agua, saneamiento y atención médica preventiva in situ. El riesgo real de contagio o transmisión de enfermedades de la población migrante hacia los residentes de Ceuta es "mínimo, cuasi ínfimo", y el riesgo para los profesionales sanitarios que atienden directamente a los pacientes es "muy bajo" siempre que se respeten las medidas ordinarias.

"Si el sistema sanitario local siente estrés o sobrecarga, lo que se debe hacer no es confinar a la gente, sino solicitar de inmediato refuerzos de emergencia, como un hospital militar de campaña de la UME o el propio puesto de la cooperación española", ha aconsejado López Acuña.

Vacunas, el escudo invisible

Este lunes el Ministerio de Sanidad ha convocado a las comunidades autónomas en la Comisión de Salud Pública para activar el mecanismo de solidaridad territorial que permita enviar vacunas a la ciudad de Ceuta. Entre las dosis solicitadas con urgencia figuran la vacuna triple vírica (para prevenir el sarampión, la rubéola y la parotiditis), la de la varicela, la de la poliomielitis y la vacuna contra el tétanos y la difteria.

Sin embargo, esta llamada a la movilización de vacunas ha sido malinterpretada por algunos sectores de la opinión pública como una señal de que en Ceuta existen brotes activos de poliomielitis o sarampión. La explicación epidemiológica es de una naturaleza estrictamente preventiva.

Daniel López Acuña ha aclarado este extremo: "La petición de vacunas es un procedimiento internacional estándar preventivo ante grandes influjos de personas refugiadas o migrantes de las que desconocemos por completo su estatus vacunal de origen". No se trata de reaccionar frente a una epidemia en curso, sino de actuar de forma preventiva para asegurar la protección de los propios migrantes recién llegados y mantener blindada la inmunidad de grupo por encima de un porcentaje óptimo del 95% para evitar cualquier riesgo de transmisión.

Pello Latasa coincide con este criterio, recordando que la Comisión de Salud Pública ya aprobó en junio de 2026 un documento técnico estratégico para la vacunación homogénea de las personas migrantes y refugiadas que acceden de forma irregular a nuestro territorio. Esta estrategia recomienda realizar la inmunización prioritaria de estas personas lo antes posible, idealmente dentro de las tres primeras semanas de su estancia, con especial énfasis en la población de adolescentes y adultos y, de manera prioritaria y urgente, en los menores de edad para vacunas infantiles críticas como el sarampión, la tosferina o la polio.

Por tanto, la vacunación masiva en Ceuta se dirige de forma exclusiva y quirúrgica al grupo "diana" de los propios migrantes recién llegados. No existe ninguna necesidad médica de vacunar a la población general ceutí, puesto que los residentes locales ya disfrutan de excelentes coberturas de inmunización que los protegen de cualquier riesgo. La llegada de estas vacunas es, en esencia, la puesta en marcha de un escudo invisible de salud pública y un acto elemental de humanidad que protege a las personas vulnerables y fortalece la seguridad sanitaria colectiva.

Solidaridad frente a la crispación

La verdad de la situación sanitaria en Ceuta se desvela con nitidez cuando se apagan los altavoces de la política y se atiende al análisis científico. La ciudad autónoma no afronta una catástrofe epidemiológica ni un peligro inminente de contagio comunitario que justifique medidas excepcionales o restrictivas de los derechos fundamentales como el confinamiento colectivo.

Lo que Ceuta vive es una emergencia humanitaria de primer orden que se traduce en una presión asistencial extraordinaria sobre sus profesionales médicos y de enfermería. El hospital no sufre por la falta de camas; el personal sufre en las trincheras de las Urgencias, de los cribados a pie de asentamiento y en la enorme sobrecarga emocional y física que supone atender a miles de personas con recursos limitados.

El verdadero peligro sanitario se encuentra fuera de las paredes del hospital, en el barro de los asentamientos improvisados, bajo lonas donde se hacinan personas y donde la higiene resulta un lujo inalcanzable. El virus más peligroso en Ceuta no es el sarampión ni la tuberculosis; es la tentación de sustituir la respuesta humanitaria y la evidencia científica por el miedo, la insolidaridad y la desinformación.

La respuesta proporcionada y la solución definitiva a este desafío no pasan por levantar muros de aislamiento médico, sino por activar el mecanismo de solidaridad territorial entre todas las comunidades autónomas. Ceuta necesita vacunas para inmunizar, pero sobre todo necesita recursos de apoyo para sus profesionales extenuados, y un plan nacional coordinado que permita dotar de alojamiento digno, saneamiento básico y agua potable a las personas que buscan refugio en sus tierras.

Solo a través de la solidaridad, el rigor técnico de la epidemiología y el respeto absoluto a los derechos humanos fundamentales se podrá proteger eficazmente la salud de los ceutíes y dar una respuesta humana y digna a quienes llaman a las puertas de Europa.