Repique de campanas y después silencio absoluto en la 'playa del eclipse': "Me he puesto nerviosa, parecía una simulación"
- Lerín, en Navarra, recibe a unas 5.000 personas en una celebración de la ciencia bajo un cielo oscuro privilegiado
- Así hemos contado el eclipse
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Las campanas en un pueblo pueden tañer por muchos motivos. Una boda, un entierro, las fiestas, las horas, una misa. Pero también, de forma insólita, para anunciar un fenómeno cósmico. Es lo que ha ocurrido durante el histórico eclipse total de sol en Lerín, Navarra.
A las 19.33, hora de inicio de la fase parcial, Rosalina Caballín, campanera de la Catedral de Pamplona y profesora de música, ha hecho sonar en un "campanario portátil" una composición creada por ella misma para la ocasión. Una peculiar conjunción entre ciencia y tradición, entre el folklore y astronomía, para avisar a la población como se viene haciendo desde hace siglos.
A lo largo de la siguiente hora, mientras la luna oscurecía poco a poco el sol, la emoción ha comenzando a adueñarse de las 5.000 personas reunidas en un campo de cultivo cercano a la localidad, convertido por un día en "la playa del eclipse", como bromeaba una de las asistentes. Tumbonas, sombrillas y neveras portátiles han invadido de forma inédita esta pequeña localidad de interior de poco más de 1.000 habitantes, poco habituada a multitudes. Un efecto "playa" potenciado por el calor extremo, con máximas de 39 grados. La ausencia de sombras, perfecta para la visión del eclipse, ayudaba poco a paliar las temperaturas
Un extraño atardecer
Todavía había bastante luz, poco después de las 20, cuando el silencio se ha impuesto de forma gradual y espontánea. Los extraños colores de un grisáceo atardecer, nada similar a lo que conocemos de una puesta de sol, han empezado a impregnarlo todo. Una bandada de pájaros emprendía en ese momento el vuelo, sobresaltada por ese repentino oscurecimiento.
A las 20.28, el silencio, cargado de expectación, era absoluto. Lo ha roto el segundo repique, una composición inspirada por la desaparición de la luz, con la que se avisaba de que era seguro quitarse las gafas de eclipse. Tras ello, en el momento en el que se ha dibujado en el cielo la fase total, gritos de júbilo, aplausos y largos "oooohs".
Rara vez la oscuridad había impresionado tanto. Algunas parejas se han dado la mano o se han besado. Otros se han llevado la mano a la boca, incapaces de cerrarla ante uno de los acontecimientos naturales más sobrecogedores que podemos experimentar los humanos.
Todo lo que habían anticipado los expertos en las semanas previas sobre lo único de este fenómeno no solo se ha hecho realidad, sino que se ha quedado corto. La esfera de la luna, de un negro profundo, dejaba pasar el halo solar y las llamaradas del sol, que brillaban en un firmamento oscuro pero aun así insólitamente iluminado. Al fondo, en el extremo contrario al astro rey, todavía era de día, mientras que en el cielo empezaban a brillar las estrellas.
Venus ha aparecido antes que nunca, para desaparecer poco más de un minuto después. La sensación generalizada, cuando han vuelto a aparecer los primeros rayos de sol, es la de que el tiempo ha volado. Así lo cree Sergio, que ha venido desde Francia para disfrutar del eclipse con sus amigos. "Ha sido increíble, pero un minuto es muy poquito para estas cosas".
"Me he puesto nerviosa, te recorre una corriente eléctrica...", dice Maite, llegada desde Madrid. "Tensión, emoción... parecía una simulación, algo hecho con IA". Cree que el momento de oscuridad total daba la impresión de ser propio de una "novela de terror". "Había un hype [expectación] muy importante para este evento y entiendo por qué, y poco me parece".
Mónica ha venido desde Pamplona con su pareja y sus dos hijas. "Es una emoción compartida muy bonita, muy vibrante", cuenta. "A mí lo que más me ha impresionado ha sido el silencio", confiesa María Jesús, también pamplonesa, quien iba bien preparada con dos sillas de playa junto a su marido, Fernando, quien cree que esta es "una de esas experiencias para contar a los nietos".
"Aunque desde los medios hayáis avisado, da igual, porque hasta que no lo vives no lo entiendes", comenta Asier, un joven navarro que tampoco ha querido perderse el acontecimiento desde uno de los puntos más destacados de la comunidad para la observación del eclipse.
Diez años de astroturismo
Las entradas para acceder al campo de observación estaban agotadas desde hacía días. Un aluvión de gente para el que Lerín, sin embargo, estaba más que preparada. Esta localidad no llega de nuevas al turismo astronómico: desde hace una década, este municipio organiza las jornadas de astroturismo Lerín Tierra Estrella. Lo hace en una ubicación privilegiada, en una zona escasamente poblada que permite ver un cielo poco contaminado y lleno de estrellas, lo que ha permitido que sea nombrado como un destino turístico Starlight.
La casualidad –o más bien, la mecánica celeste- ha querido que este año las jornadas coincidan con el eclipse, el primero total en España en más de un siglo. Todo ello, aderezado por otro espectáculo astronómico como las Perseidas, que alcanzan este miércoles su punto álgido y cuya observación guiada también entra dentro del programa de actividades.
"Esto es un fenómeno astronómico, pero es mucho más que astronomía. Llevo 30 y tantos años intentando convencer no tanto a la gente, que en esto es cómplice, sino a los poderes públicos, de que apostar por la ciencia es apostar por el territorio, apostar por la gente. Es una oportunidad única", cuenta el astrofísico Javier Armentia, exdirector del Planetario de Pamplona y uno de los organizadores de los actos.
En momentos como este, un fenómeno minoritario como el turismo científico se convierte en una atracción de masas. Para ello, el pueblo ha organizado una observación guiada, con charlas y talleres para toda la familia, pero también algo parecido a un festival de música, con puestos de comida y bebida y conciertos. Es el culmen de cinco días de actividades con más de 50 especialistas.
"Esto supone mucho para Lerín, que con poquita ayuda económica ha logrado levantar una cosa que mueve a cientos de voluntarios", explica Armentia a RTVE Noticias. "Hace 10 años Lerín apostó por un patrimonio de cielo oscuro", una apuesta que ahora muestra sus resultados.
Fue él quien lanzó el llamamiento del repique del eclipse a la Asociación de Campaneros de Navarra. "Hace cuatro años desde la Fundación Clima propusimos un repique para avisar el calor extremo, y ahora se me ocurrió si alguien en la historia ha hecho una campana del eclipse". Desde la Asociación le contestaron que no, así que se pusieron a trabajar en ello
Rosalina Caballín, la campanera, reconoce que recibió el encargo algo "perpleja", pero después se ha dejado llevar por "la ilusión de formar parte de todo esto".
"Todo esto" es una experiencia que quedará en la retina de los 5.000 asistentes en Lerín. Una experiencia que ha dejado la emoción unánime de querer más. Por suerte, esto no ha acabado. España tendrá el privilegio de vivir otro eclipse total dentro de solo un año, el 2 de agosto de 2027, aunque esta vez solo en el extremo sur del país.
"Ninguno de nosotros habíamos vivido algo así, así que no teníamos con qué comparar", comentaba Mónica, una de las asistentes al eclipse. Ahora, por suerte, tendremos siempre este eclipse como referencia.