El efecto Purkinje: por qué hay científicos que animan a vestir de rojo o verde durante el eclipse solar 2026
- La llegada de la oscuridad hará que los tonos rojos pierdan luminosidad mientras los verdes ganan protagonismo
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El fenómeno astronómico que se producirá el 12 de agosto en España será un momento único e irrepetible. Este eclipse solar total no transformará solo el aspecto del cielo. A su vez, cambiará todo el entorno que nos rodee en ese momento: la temperatura bajará unos grados, se levantará una pequeña brisa de aire, los animales cambiarán su comportamiento e, incluso, se modificará la manera en la que percibimos los colores.
Esto último se conoce como efecto Purkinje, un fenómeno de la visión humana que hace que los tonos rojos pierdan luminosidad mientras que los verdes y azulados adquieren mayor protagonismo cuando disminuye la iluminación.
¿Qué es el efecto Purkinje?
El efecto Purkinje es un cambio en la percepción que tenemos de los colores cuando pasamos de una situación de mucha luz a otra con una iluminación mucho más tenue. Un eclipse solar ofrece unas condiciones especialmente llamativas para observarlo, ya que durante la totalidad se pasa prácticamente de la luz del día a la oscuridad en muy poco tiempo. "Si estamos en la franja de la totalidad, es como si dijéramos que tenemos un pequeño laboratorio para experimentar este efecto en muy poco tiempo", explica a RTVE Noticias Mar Gómez, directora meteorológica de eltiempo.es y doctora en Ciencias Físicas.
La explicación científica está en la retina. En ella existen dos tipos de células muy sensibles a la luz: los conos y los bastones. Los primeros funcionan especialmente bien durante el día y permiten distinguir los colores con precisión. Los segundos son mucho más sensibles cuando hay poca luz, por lo que prácticamente no permiten distinguir los colores.
Cuando comienza a oscurecer durante el eclipse, el ojo no pasa de forma instantánea de utilizar unos a otros. "Primero entramos en lo que se llama la visión mesópica, que es como una especie de territorio intermedio en el que los conos y los bastones están funcionando a la vez. Lo que ocurre es que cambia al final la sensibilidad espectral de nuestro ojo", explica Gómez, también meteoróloga de Mediodía en RNE.
“No es que cambie físicamente el color de los objetos“
Sin embargo, resalta un factor importante respecto a esto: "No es que cambie físicamente el color de los objetos, sino que lo que cambia es la manera en que nuestro sistema visual va a responder a esa luz que están reflejando los objetos". El resultado puede ser perceptible en el propio paisaje. Durante los minutos previos a la totalidad podemos tener la sensación de que el entorno presenta un aspecto "más extraño, más frío, más grisáceo" e incluso "metálico".
¿Por qué rojo y verde?
El cambio tiene que ver con la sensibilidad del ojo a las distintas longitudes de onda de la luz.
En condiciones de mucha iluminación, la máxima sensibilidad visual humana se sitúa alrededor de los 555 nanómetros, en la región correspondiente al verde-amarillo del espectro. Cuando la iluminación disminuye y los bastones empiezan a dominar, ese máximo se desplaza hacia los 507 nanómetros, correspondientes a tonalidades azuladas y verdosas. Es decir, "con poca iluminación nuestro ojo se vuelve más sensible a longitudes de onda más cortas", explica Gómez.
Por este motivo, un objeto rojo puede parecernos de repente mucho más oscuro, mientras que uno azul o verde puede conservar aparentemente mucha más luminosidad.
En la ropa esto se observa fácilmente: si llevamos una camiseta roja intensa y otra azul, durante el día, las dos nos pueden parecer más o menos brillantes, pero conforme estemos en la totalidad del eclipse, la roja puede parecer que se apaga, mientras que la azul va a destacar proporcionalmente muchísimo más. Esto, añade Gómez, no significa que el eclipse cambie la propiedad de las camisetas, sino que lo que cambia es la luz reflejada y, por tanto, la respuesta de nuestra retina a esa luz que nos llega.
¿Cómo observar este efecto?
Para observar este efecto no se necesita ningún instrumento más que nuestros propios ojos. Pero si se quiere realizar este experimento, el truco es el siguiente: "Poner una camiseta roja y una camiseta azul o verde, durante el día lo que tenemos que ver es cuál es más luminosa, y después observarlas cuando estemos en la totalidad. Ahí vamos a ver cómo cambia esa luminosidad relativa, la roja parece apagarse mucho más rápido, mientras que la azul o verde va a seguir destacándose", afirma Mar.
Si no se tienen prendas de ese color, el efecto se puede observar en flores o señales.
Un fenómeno descrito hace más de 200 años
Este efecto lleva el nombre de su descubridor, Jan Evangelista Purkinje, un médico, anatomista, fisiólogo y botánico de origen checo, con una extraordinaria labor en múltiples disciplinas que lo hacen uno de los grandes hombres de ciencia del siglo XIX.
Purkinje, en 1819, en uno de sus paseos por bosques y jardines se percató de cómo cambiaba la luminosidad aparente de los colores al pasar de condiciones de iluminación intensa a otras de menor intensidad, por la mañana el rojo de las flores brillaba, mientras que cuando oscurecía, ese mismo rojo se apagaba más, al contrario que el color verde de las hojas.
Dedujo entonces que el ojo tiene dos sistemas para ver los colores: uno para la alta intensidad luminosa y otro para la poca intensidad luminosa. Sus observaciones dieron nombre al efecto, y ahora, más de dos siglos después, el eclipse solar se convierte en la oportunidad perfecta para presenciarlo.
El eclipse del 12 de agosto y sus peculiaridades
Este eclipse tendrá una característica especialmente llamativa en España: la totalidad se producirá muy cerca de la puesta de sol. Esta circunstancia hará que, en buena parte del país, el Sol se encuentre muy bajo, lo que obliga a buscar lugares con un horizonte despejado para poder seguir el fenómeno sin obstáculos. El mejor momento para observar el cambio de colores será durante los últimos minutos antes de la totalidad y durante los primeros instantes posteriores.
La explicación que da Gómez es que durante la fase parcial, aunque el Sol ya se encuentre cubierto en un 99,9%, nuestra estrella es muy brillante e, incluso con que una pequeña fracción de su superficie sea visible, nos sigue dando mucha luz.
Por eso, en el momento que se produzca el 100% de la ocultación es cuando se dan las condiciones de visión mesópicas para ver el efecto Purkinje, porque las sombras cambian, los contrastes se vuelven extraños y los colores pierden parte de su aspecto habitual.
A pesar de eso, no todas las personas lo perciben igual. Cada persona se adapta de forma distinta a la oscuridad, depende de la edad, la sensibilidad de la retina o el punto donde se está mirando. Así como el entorno: "Si estamos en un entorno que tiene muchísimos objetos de muchos colores muy intensos, al final es más fácil notar el efecto", explica Gómez.
Las gafas del eclipse, solo para el Sol
Las gafas homologadas son imprescindibles para proteger la vista durante las fases parciales, pero no son adecuadas para experimentar el efecto Purkinje observando el paisaje.
“Pueden afectar totalmente a este experimento“
"Pueden afectar totalmente a este experimento", advierte Gómez. Estos filtros están diseñados para reducir la radiación solar que llega a los ojos y, dependiendo del material del filtro, pueden introducir además una determinada tonalidad. Por eso, observar el paisaje a través de las gafas supondría añadir un filtro adicional que modifica la cantidad y la distribución espectral de la luz que llega a la retina.
Las gafas deben utilizarse para mirar directamente al Sol durante las fases parciales. Durante la totalidad, cuando el disco solar está completamente cubierto, pueden retirarse para observar el fenómeno y el entorno sin ese filtro.
El eclipse ofrecerá una oportunidad excepcional para comprobar cómo nuestro propio sistema visual se adapta a uno de los cambios de iluminación más rápidos y espectaculares que podemos experimentar. Durante unos minutos, cuando el día se convierta casi en noche, el cielo cambiará, el paisaje cambiará y también cambiará la forma en la que nuestros ojos perciben sus colores.
*Este artículo ha sido redactado por la estudiante en prácticas Carla Alonso González bajo la supervisión de la responsable Carmen Campos.