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El incendio de Los Gallardos golpea a la comunidad británica: "Si todos hubieran sabido por dónde ir, habría cero muertos"

Los bomberos combaten el fuego cérca de Bédar, en Almería
Los bomberos combaten el fuego cérca de Bédar, en Almería AFP

Jasper es un intrépido joven inglés que desde hace 20 años pasa largas temporadas en Bédar, Almería, junto a su madre y su hermana, de diez años. Cuenta a RTVE Noticias que nadie les dijo nada del incendio de Almería, "no sabían qué había pasado".

Cuando vio la furgoneta cogió el pasaporte, su portátil y el móvil, intentó salir con su motocicleta por la vía principal hacia Los Gallardos, pero era una ruta "muy peligrosa", con las llamas a tan solo cinco o diez metros de la carretera: "No podía respirar", por lo que buscó otro camino. Asumió un gran riesgo para vivir "una de las experiencias más complicadas de mi vida" añade.

De hecho, nos habla de los que no lo consiguieron. Hasta ahora han fallecido, en el incendio de Los Gallardos, 12 personas y hay 23 sin localizar. Muchos de los fallecidos eran británicos, como él, que afirma que quizá "no sabían las vías que debían utilizar" y entraron en pánico. "Ha sido muy duro", dice, "si todos hubieran sabido por donde ir, habría cero muertos", opina.

Jasper juto a su madre Tamara y su hermana Beatriz, realojados del incendio de Almería

Jasper juto a su madre Tamara y su hermana Beatriz, realojados del incendio de Almería Noemí San Juan

Tras pasar la primera noche en una cueva, se ha reencontrado con su madre y su hermana, Tamara y Beatrix, en el hotel de Mojácar, Almería, donde han sido realojadas. Ellas salieron con una vecina a la fueron a buscar, ya que iba en silla de ruedas. La madre nos cuenta el gran susto que han pasado y cómo tuvieron que salir con lo puesto: "llevo tres días con este bañador", dice. Pero abraza a sus hijos con una sonrisa.

La zona del incendio de los Gallardos, en Almería, supera ya las seis mil hectáreas. En ellas hay pequeños núcleos de población que en realidad están compuestos por casas unifamiliares y chalets, diseminados. No son pocas casas, lo que hay es "mucho terreno": "Buenas casas, mucho monte y mucha sequedad". Lo cuenta a RTVE Noticias el alcalde de Antas, Pedro Ridao. En su localidad han evacuado una barriada, colindante con Bédar, y los vecinos han sido realojados en un antiguo convento comprado por el ayuntamiento y reconvertido en refugio para los peregrinos del Camino Mozárabe hacia Santiago de Compostela.

La comunidad británica, dice Ridao, está muy bien integrada con los españoles que viven en la zona. Son personas que vinieron tras jubilarse y han ido cumpliendo años en la zona. Ahora con 70 u 80 son "gente muy conocida, vecinos muy integrados".

Jubilados británicos que casi no hablan español

Unas mesas más allá desayuna un grupo de siete u ocho mujeres británicas, todas jubiladas. Aunque dicen que no quieren hablar con los medios, confiesan a RTVE Noticias que viven todo el año en el camping de Bédar. El viernes les dieron "cinco minutos para coger lo justo". Están todas muy preocupadas por lo que dejaron atrás. No saben "qué encontrarán" cuando vuelvan a sus casas.

También Johen e Ingrid, alemanes que viven aquí desde hace 30 años. Arquitecto y coleccionista de minerales, sufrió el incendio de 2012 en Bédar. Dice a RTVE Noticias que estaban en casa cuando se detectó el fuego y que no tiene información de la policía. "Quizá en dos o tres días pueda estar de vuelta en mi casa", suspira. La pareja apenas habla español, como muchos de los británicos que viven en la zona. Otros muchos, se defienden como pueden.

Renata y María, realojadas en Mojácar por el incendio de Almería

Renata y María, realojadas en Mojácar por el incendio de Almería Noemí San Juan

No es el caso de Renata. Es alemana de 88 años y está alojada en un hotel de Mojácar junto con María, trabajadora de Atende, empresa especializada en prestar servicios a domicilio a personas como ella.

Originaria de la Selva Negra, Renata se enamoró de Andalucía durante unas vacaciones a principios de los años 70. Una vez jubilada, cumplió su sueño de vivir aquí. Aunque primero conoció Granada y cayó prendida por su música, las flores, el olor a jazmín... una amiga le habló de la montaña, de Bédar. Y aquí se quedó.

Vive alquilada en una casa y habla muy buen castellano. Con los años se ha convertido en una más dentro de la comunidad española de Bédar, con los que tiene muchos vínculos. María, la asistente, ayudó a Renata a salir de casa, igual que a su vecina Ana, una española de 93 años.

La asistente, sin embargo, sabe que el cortijo donde vive, un poco más lejos, se ha quemado. Intentó regresar, para sacar a sus perros, pero la Guardia Civil no le dejó pasar. Aún así, está feliz porque le han confirmado que sus dos chihuahuas están a salvo. La Guardia Civil los encontró y un amigo los ha acogido.

Una comunidad extranjera muy diseminada

Al sur de Bédar está Alfaix. Un pequeño pueblo almeriense con apenas 20 casas. La mitad son ingleses como Andreas y Lorena. Llevan 6 años viviendo aquí. Estaban de compras en Garrucha cuando se desató el incendio. Cuentan a RTVE Noticias que les llamaron por teléfono unos vecinos españoles para avisarles.

Sólo pudieron recoger a su perro, que está en un hotel de mascotas. Esta pareja británica también fue realojada en Mojácar, solo tiene buenas palabras para los voluntarios de Cruz Roja: "Mejor que fantástico". Les enviaron directamente a este hotel. Les preocupa la casa en la que viven desde hace seis años: "No tenemos seguro". Pero dan las gracias por estar bien.

De Alfaix llegaron también Theresa y John, madre e hijo holandeses. Ella jubilada y él teletrabaja desde casa. Llevan siete años en España y John habla un perfectísimo español, tras un largo matrimonio con una española. Le preguntamos si sus vecinos hablan igual de bien nuestro idioma: "los ingleses son ingleses", responde evasivo. Ellos pasaron la primera noche viendo el fuego desde casa porque no había peligro.

A la mañana siguiente, sin embargo, nos cuentan que cambió el viento y "había mucho humo". Se marcharon sin pensar y buscaron un hotel junto al mar. Después, las autoridades fueron "puerta por puerta", avisando sus vecinos. En su opinión, demasiado "tarde". Muchos ya habían abandonado sus casas, especialmente los que tenían niños.