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Venezuela no descansa para encontrar a los desaparecidos bajo los escombros una semana después del doble terremoto

  • Las labores de rescate y desescombro se prolongan día y noche
  • En Caracas continúa el reparto de ayuda y se celebran vigilias al caer el sol
Noche de rescate en Caracas: Protección Civil Chacao, personal con chaleco naranja y militar trabajan entre escombros y excavadoras amarillas, iluminados por luces verdes.
Obras de desescombro al caer la noche en el edificio Petunia de Caracas tras los terremotos Susana Samhan

Cae la noche y una excavadora retira los restos de dos torres desplomadas del edificio Petunia, en el barrio de Altamira de Caracas, tras los terremotos de hace una semana en Venezuela, que han dejado más de 1.900 muertos y 10.500 heridos. Un precinto de color amarillo y una fila de voluntarios cierra el acceso a la calle, que aun así bulle de actividad con vecinos que han bajado de sus casas a ver las tareas de desescombro, equipos médicos que atienden a personas con crisis de ansiedad y efectivos de la protección civil que llevan a cabo las tareas de rescate.

Pese a que este miércoles se cumplen siete días de los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela, ni Caracas ni La Guaira, las dos zonas más afectadas, duermen en su afán por encontrar a posibles supervivientes y recuperar los cuerpos de los fallecidos.

Maribel y Eduardo son dos miembros de la Protección Civil que están esperando a que la excavadora retire parte de los escombros para luego ir ellos con palitos o sus propias manos para ver dónde hay muertos para sacarlos.

"Aquí se presume que todavía hay fallecidos. Hace como media hora sacamos una víctima, una mujer", dice esta agente con 17 años de experiencia.

Todavía quedan fallecidos debajo del edificio Petunia

El primero de los terremotos se produjo a las 18.04 hora local y 39 segundos después se registró el segundo. Dos horas más tarde, Maribel y Eduardo estaban desplegados en el edificio Petunia, de donde lograron extraer con vida a varias personas. Ahora, han pasado muchos días y es complicado que haya supervivientes, pero nunca se sabe. De lo que se muestra convencida Maribel es de que todavía quedan personas atrapadas sin vida.

"Estamos trabajando en sacarlas, aquí se trabaja día y noche", afirma esta veterana, a lo que Eduardo remarca diciendo "las 24 horas".

Ellos, de hecho, han permanecido casi todo el tiempo sobre el terreno. Maribel únicamente se fue el sábado a casa para luego volver el domingo temprano. El resto del tiempo que ha estado allí ha dormido en los vehículos de la Protección Civil cuando ha podido. Eso sí, "los vecinos se han volcado, nos han traído agua y alimentos", apunta Eduardo.

Enfrente de donde ellos esperan a que la excavadora termine su trabajo para entrar en acción, hay un centro médico de campaña, donde se atiende a los familiares de las víctimas, residentes en la zona y a los propios rescatistas si necesitan refrescarse los ojos, hacerse un lavado nasal o algún tipo de atención. Sentada en un rincón hay una mujer que llora desconsolada tras haber perdido a un ser querido, que es atendida por los voluntarios. Un soldado se acerca y se emociona al verla en ese estado. Al final los voluntarios también acaban llorando, son jornadas muy duras para un país golpeado por la tragedia.

En el centro sanitario, Andrea Galarraga, directora de sostenibilidad de Venemergencia, una empresa dedicada al sector salud, se dedica a repartir mascarillas a todo aquel que no las lleva para protegerse del polvo que levanta la excavadora y de los posibles gases que puedan emanar de los escombros.

Guardias de 24 horas en el centro sanitario de campaña

Ellos llevan allí desde el primer día haciendo guardias de 24 horas: "De hecho, esta noche yo también me voy a quedar, porque siempre tenemos a alguien civil que se encarga de llevar todo el registro procedimental para que los médicos y paramédicos puedan dedicarse a atender a las personas", indica a RTVE Noticias.

Galarraga mira a su alrededor y explica que no son solo ellos quienes están colaborando, sino que "todavía la gente sigue llegando con medicamentos, con comida, agua, lo que sea". En ese momento se le quiebra la voz. "Está siendo súper emocionante porque aquí está lo mejor de los locales y los extranjeros, hay rescatistas mexicanos que vienen y pasan ocho horas entre los escombros, todo el mundo está volcado y es algo que genera muchísima ilusión".

Durante esta última semana, Venezuela apenas ha tenido tiempo de llorar a sus muertos ante la tarea ingente de encontrar a los desaparecidos y potenciales supervivientes. En el edificio Don Pepe, en el barrio de Bello Campo, donde cinco personas perecieron por el colapso de la mitad del inmueble, los vecinos se reúnen al caer el sol en la calle para participar en una vigilia dirigida por el padre Nelson Molina. Es la primera noche que no hay labores de búsqueda tras recuperar el último cuerpo atrapado en el amasijo de ladrillos, hierros y partes de la estructura del edificio. El desescombrado será para más adelante, porque la mitad del inmueble que se derrumbó da a un callejón muy estrecho donde no caben vehículos grandes.

El párroco de esta comunidad pronuncia palabras de consuelo para los presentes y recuerda la importancia de la oración en estos momentos. Juntos rezan por "esta pérdida irreparable".

En declaraciones a RTVE Noticias, el padre Nelson se muestra admirado por la "generosidad desbordada" que se está viendo en Caracas y en la Guaira: "O sea, no hay ni una persona que no se te acerque para ponerse a disposición. Es algo increíble lo que estamos viendo. Todos quieren hacer algo, todos quieren ser parte de la ayuda", medita.

El párroco que da consuelo en una vigilia

Vigilia junto al edificio derrumbado Don Pepe, donde seis personas murieron por los sismos en Caracas Susana Samhan

Esto ayuda a digerir esta tragedia que ha tomado "por sorpresa a Venezuela". "Son muchos días sin poder dormir, ni descansar o descansando muy mal para tratar de hacer frente a tantas cosas y necesidades", subraya el párroco visiblemente conmovido.

Él está empeñado en consolar a sus vecinos, pero ¿Quién le consuela a él ante este desastre? No duda en responder: "A mí me da consuelo Dios".

Al final de la vigilia, aparece el alcalde de Chacao, Gustavo Duque, municipio al que pertenece Bello Campo, y como asegura uno de sus asistentes "él sí que no ha dormido desde el miércoles pasado".

Duque, que va pertrechado con un chaleco reflectante, se para a conversar con los vecinos, que le transmiten sus inquietudes, y más tarde explica a RTVE Noticias que en Chacao hay tres edificios que se desplomaron totalmente y unos 85 dañados en diferentes grados. Ahora su preocupación es encontrar alojamiento para las personas cuyas casas no sean habitables en estos momentos. Por ello, estos días de frenesí se ha reunido con empresarios y representantes de bancos, empresas de seguros y hoteles para crear un mecanismo para transmitir "un mensaje de tranquilidad" a través de la responsabilidad social. Por lo pronto, ha acordado con los hoteles liberar 250 habitaciones para albergar a los evacuados de sus casas durante tres meses, mientras intentan reparar los edificios que puedan ser rehabilitados.

Estos últimos días han tenido noches insomnes, ya que "ha tocado estar pendiente de los vecinos, ya se descansará más adelante".

No obstante, "la satisfacción es que nuestro eslogan (de la alcaldía) es 'En Chacao, nadie está solo' y esta calamidad nos ha permitido demostrarlo con hechos", asegura.