Enlaces accesibilidad

Otro verano más cálido de lo normal: cuando la excepción se convierte en norma y los récords dejan de ser noticia

  • Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un fenómeno cada vez más frecuente
  • Los climatólogos recurren a una metáfora para describir lo que ocurre: la atmósfera está "dopada"
Un verano de calor y tormentas

España afronta el verano con previsiones que apuntan, una vez más, a temperaturas por encima de lo normal. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) anticipa un trimestre estival más cálido de lo habitual en prácticamente todo el país, en una tendencia que se ha consolidado durante las últimas décadas y que la comunidad científica atribuye sin fisuras al cambio climático.

Aunque existe una mayor incertidumbre en lo que respecta a las precipitaciones de cara al próximo trimestre, los modelos contemplan una posible mayor frecuencia de tormentas, lo que podría traducirse en lluvias por encima de la media en algunas regiones, aunque concentradas en episodios intensos, más propensas a causar daños que a aliviar la falta de agua.

Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un fenómeno cada vez más frecuente. Además, el verano meteorológico parece haberse extendido más allá de sus límites tradicionales, con temperaturas propias de julio y agosto registrándose ya en primavera y prolongándose en muchos casos hasta bien entrado el otoño.

"Las reglas han cambiado. Los veranos ya no son igual ahora que hace unas décadas, y la prueba más clara es que las olas de calor en España están aumentando en frecuencia, en intensidad y en extensión geográfica afectada, y además lo hacen a un ritmo de tres días más por década. Es decir, ahora mismo hay un promedio de diez o doce días más de olas de calor que en la década de 1980, y las provincias afectadas por las olas de calor son unas tres más, mientras que la intensidad de las olas de calor aumentan por década 0,3 ºC, que parece poquito, pero estamos hablando de temperaturas extremas, y si le metemos unas décimas a algo extremo, todavía es más extremo", explica a RTVE Noticias Rubén del Campo, portavoz de Aemet. "Los veranos son más largos, y este año es un ejemplo muy claro, con condiciones plenamente veraniegas en primavera".

Los registros históricos confirman esa evolución. Las series climáticas muestran un aumento sostenido de las temperaturas en España desde mediados del siglo XX, acompañado de una mayor frecuencia de récords de calor y una reducción de los episodios de frío extremo.

"Si observamos la evolución de las temperaturas desde 1960 hasta ahora, y ya es una serie bastante larga, es muy evidente que en el área mediterránea, y en concreto en España, estamos viviendo en un entorno más cálido. Las temperaturas son más altas, los récords de temperaturas máximas son mucho más altos y mucho más frecuentes que los de temperaturas mínimas, que cada vez son más inexistentes. Igual que el número de olas de calor es mucho más alto y más frecuente que el de olas de frío", coincide el meteorólogo de TVE Albert Barniol.

Una atmósfera "dopada"

Para este experto, la evidencia científica deja poco margen para la duda: "Es una realidad incuestionable. Es verdad que hay gente que por cuestiones políticas prefiere encontrar una explicación distinta, y se queda en ideas como que siempre ha hecho calor. Pero cada vez se baten más récords, y además la forma de batirlos es exagerada. La realidad en este caso es bastante tozuda".

Los climatólogos recurren a una metáfora para describir lo que ocurre: la atmósfera está "dopada" por la emisión de gases de efecto invernadero. "Si un atleta se dopa, bate los récords de una forma exagerada, y esto es algo que muchas veces vemos en los récords de temperatura máxima en una localidad, que se baten por un margen muy amplio. Es una prueba más que confirma la realidad climática de un país cada vez más cálido", expone Barniol.

Además de comportamiento extremo de las temperaturas, la ampliación de la duración del verano es otra de las consecuencias más visibles de este proceso. Los días con temperaturas típicamente estivales son cada vez más numerosos y aparecen antes en el calendario. "Debido al cambio climático, los días en los que tenemos temperaturas propias del verano son cada vez más; el verano está comenzando antes y también se está alargando, por lo que tenemos más días a lo largo del año con temperaturas propias del verano. Es lo que está sucediendo en los últimos 15-20 años", explica el meteorólogo de TVE.

Los días con temperaturas típicamente estivales son cada vez más numerosos y aparecen antes en el calendario.

Una turista se protege del sol en Córdoba. SALAS / EFE

Las previsiones para este año llegan además después de un mes de mayo inusualmente cálido y en vísperas de un episodio de altas temperaturas que podría dejar registros excepcionalmente elevados para la segunda quincena de junio, tanto en España como en Francia y otros países europeos. A ello se suma otro factor que preocupa a los meteorólogos: el estado de las aguas que rodean la península y Baleares. "Estamos viendo tanto en el Mediterráneo como en el Cantábrico, en este inicio del verano, tienen anomalías positivas de temperatura, es decir, el agua está más caliente de lo normal, y esta inercia cálida del mar también ayuda a mantener una inercia más cálida en la tierra, donde normalmente las fluctuaciones de temperatura son más bruscas. Por tanto, sí que hay una idea de que en general va a ser un verano muy caluroso", afirma Barniol.

No obstante, los especialistas advierten de que episodios de calor como el registrado en mayo o este de la segunda quincena de junio no permiten anticipar con total certeza cómo se desarrollará el conjunto del verano. Lo que sí reflejan los modelos climáticos es una elevada probabilidad de que la estación vuelva a situarse por encima de los valores habituales.

"El hecho de que hayamos tenido episodios cálidos no implica necesariamente que vayan a continuar produciéndose, pero lo que nos dicen los pronósticos y los modelos para el trimestre veraniego es que es altamente probable que el verano vuelva a ser más cálido de lo normal, y esto obviamente lleva consigo la posibilidad de más olas de calor, de más episodios de altas temperaturas, aunque también está previsto que este verano pueda haber más episodios de tormentas que otros años, lo que puede refrescar momentáneamente el ambiente", señala el portavoz de la Aemet, Rubén del Campo.

¿Influirá El Niño?

Entre las variables que los meteorólogos vigilan de cara a los próximos meses está la evolución del fenómeno de El Niño, cuyo desarrollo ya ha sido confirmado por la comunidad científica. Sin embargo, coinciden en que su influencia directa sobre España durante el verano será limitada.

La Aemet considera que la elevada probabilidad de temperaturas por encima de la media durante los próximos tres meses responde principalmente a la tendencia de calentamiento asociada al cambio climático. En ese contexto, El Niño actuaría como un factor que refuerza una situación ya de por sí favorable al calor. "El Niño ya se está desarrollando frente a las costas del Pacífico ecuatorial, y es ahí donde se están midiendo de momento las anomalías térmicas tan exageradas. Es el inicio de una cadena de cambios, que a medida que vaya evolucionando tendrá una repercusión a escala mundial, pero necesita un recorrido y un tiempo, que va a ir más allá de lo que ocurra este verano en España", asegura Albert Barniol.

Por lo tanto, los efectos más destacados podrían percibirse en los próximos meses. Los climatólogos recuerdan que existe un desfase temporal entre el calentamiento del Pacífico y sus repercusiones atmosféricas a escala global, por lo que los principales impactos sobre España se esperarían sobre todo durante el otoño y el invierno de 2026-2027. "El Niño ayuda a que la temperatura global del planeta sea más elevada, porque el calentamiento del agua del Pacífico se transfiere a la atmósfera. Pero no de cara al verano, sino después", recalca el meteorólogo de TVE.

Rubén del Campo coincide en que el fenómeno aún no habrá alcanzado su máxima intensidad durante los meses estivales, aunque sí podría contribuir a reforzar una tendencia ya marcada por el calentamiento global. "En verano no habrá alcanzado todavía esa intensidad y no hay una correlación clara entre la ocurrencia del fenómeno y el tipo de tiempo esperable en el sur de Europa, pero lo que hace El Niño es aumentar en alguna décima la temperatura media global, y al final lo que está ocurriendo es que hay un aporte de energía extra. Si ya venimos de una atmósfera dopada por la mano del hombre, lo que va a pasar es que tengamos muchos boletos para que este verano vuelva a ser más cálido de lo normal, y con este aporte extra de energía, los fenómenos meteorológicos adversos, como por ejemplo las tormentas, estando rodeados de mares tan calientes, pueden venir con más energía y con mayor torrencialidad", advierte el portavoz de la Aemet.