El Archivo Histórico Provincial de Cantabria cumple 75 años
- La joya histórica, un cartulario del siglo XIV, con cubierta de pergamino reaprovechado y escritura visigótica del siglo IX
- Una exposición explica la conservación y restauración de los fondos documentales que son la memoria viva de la comunidad
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En los tiempos de la nube, en los que tenemos más fotografías que nunca, que apenas disfrutamos mientras permanecen en ese limbo intangible, impresionan espacios como el Archivo Histórico Provincial de Cantabria; 50 kilómetros lineales destinados a guardar el patrimonio documental que constituye la memoria de los cántabros.
El Archivo nació en 1950. Empezó siendo una sala en el IES Santa Clara de Santander con pocos medios, como recuerda Francisco García Díaz, su director, quien subraya la notable evolución hasta el día de hoy, ubicado ya en el edificio Los Arenales, con laboratorios, zonas ignífugas, pasillos cortafuegos, y 17 profesionales que se encargan de clasificar y conservar esos fondos. El depósito conserva, por defecto, toda la documentación institucional de las Delegaciones de Gobierno y ministeriales cuando cumplen 30 años, pero se suman donaciones y depósitos de archivos familiares, por ejemplo. “Muchas personas vienen al archivo en busca de su historia familiar o para construir su árbol genealógico”, aclara Francisco García, incluso descendientes de emigrantes que pretenden una doble nacionalidad.
El depósito del Archivo tiene un rígido control del índice de humedad
Entre esos fondos conservados, el de mayor valor histórico es el Cartulario del Monasterio de San Salvador de Oña, un pequeño volumen del siglo XIV, con unas cubiertas de pergaminos reutilizados y escritura visigótica del siglo IX, que lo convierten –dice García- en una pieza excepcional.
Los protocolos notariales pueden superar los 13 kg de peso, lo que dificulta su manipulación
El fondo documental más voluminoso lo componen los protocolos notariales. Son el original de las escrituras de compraventa, testamentos, poderes, que los notarios están obligados a conservar durante los primeros cien años y que a partir de ahí se transfieren al archivo provincial. Sólo uno de estos volúmenes supera los 13 kilos de peso, unido a que son muy consultados, sufren mucho con la manipulación y suelen necesitar restauración. Lo explica Amaya Gamazo, del equipo de Técnicos de Archivo del Provincial.
Los técnicos de archivo dominan a la perfección los cuidados de los fondos desde que llegan, cuando hay deterioro no se pueden utilizar guantes, solo manos lavadas con agua y jabón, “y bien secas”, matiza Amaya Gamazo. Explica que los guantes restan sensibilidad a los dedos y puede inducir pequeños accidentes que hagan perder información. Luego, la restauración es un servicio externalizado que se contrata cuando hace falta; el Archivo no tiene restauradores en plantilla, pero sí de cabecera.
Pergaminos de la Inquisición
La mayor parte del fondo documental es papel, pero también hay soportes especiales como el pergamino. Suelen ser ejemplares muy largos, que requieren tratamiento y cajas especiales. Hay uno, de 4 metros de largo, que lleva escrito un pleito de la Inquisición que reclamaba deudas. Es de 1630.
El depósito – que no almacén, recuerda con interés el director del Archivo- guarda también fotografías, documentación de corregidores o los planos de la Casa de Salud Valdecilla, que encargó el Marqués en 1920. En el caso de los planos, no todos están disponibles para la consulta pública, solo plantas y alzados, pero no, los planos de instalaciones, que requieren permiso especial. Y es que ya no existe el acceso restringido a investigadores de antaño, actualmente, cualquier persona puede acceder a los fondos en las salas de consulta del Archivo, incluso realizar solicitudes de información por correo electrónico.
Los archiveros
Los técnicos de archivo son profesionales con un grado en Historia, Documentación o Humanidades, como base, y una especialización. Se definen como vocacionales, minuciosos, pacientes, “hay que ser meticuloso y tener mucha paciencia”, dice Elena Porras, que es técnico de archivo en el Provincial de Cantabria. Elena lleva cuatro años trabajando en un mismo fondo documental que va a generar –calcula- unas 600 cajas. Las cajas son, en apariencia, como los archivadores de cartón convencionales, también las carpetillas de conservan los legajos se asemejan a las que utilizamos con frecuencia, pero están hechas de un material antiácido, para la conservación.
Cajas y carpetas de archivado se fabrican con material antiácido
Una vez organizada toda la información la suben a la base de datos. Cada caja tiene una etiqueta de papel con un número de identidad que facilita la localización en los depósitos cuando los usuarios demandan para consulta.
La humedad, enemigo de la conservación
La humedad es uno de los grandes enemigos de la conservación. Los problemas se multiplican cuando el depósito se encuentra tan cerca de la Bahía. El riesgo está bajo control con los sistemas de climatización, pero el nivel de humedad se mide a diario, no debe sobrepasar el 50 por ciento, aunque más importante que rozar, o no, el límite aconsejado, es explica el director del Archivo, que el índice de humedad se mantenga constante.
Divulgación
El Archivo Histórico de Cantabria quiere dejar de ser invisible. Difunden su labor en Redes Sociales, organizan visitas en grupo y, ahora, celebran su 75 aniversario con una exposición sobre la conservación y restauración en el Archivo. Estará en la Biblioteca Central de Cantabria hasta el 30 de junio, además de mostrar documentos antiguos e instrumentos, invita a reflexionar sobre la responsabilidad compartida que supone proteger el testimonio vivo de nuestra historia.