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Reino Unido vive una cita electoral de alto riesgo para Keir Starmer

  • Se celebran elecciones locales en Inglaterra y parlamentarias en Gales y Escocia
  • Los sondeos arrojan una gran derrota en las urnas del laborismo liderado por el primer ministro
El liderazgo de Starmer, a prueba en las elecciones municipales y regionales en el Reino Unido

Los británicos votan este jueves en elecciones locales en Inglaterra y parlamentarias en Gales y Escocia. Los sondeos anticipan una amplia derrota del partido laborista en el gobierno. Podría ensombrecer todavía más el futuro de un primer ministro ya debilitado.

Keir Starmer está viviendo de forma permanente en el alambre. Cuestionado desde hace meses por su base electoral, descontenta por sus políticas consideradas alejadas del ideario laborista y por su falta de resultados, debilitado por las incesantes polémicas que rodean su equipo de gobierno, el primer ministro laborista arrastra además estas últimas semanas como una losa, cada vez más pesada, el caso Mandelson. El escándalo del nombramiento del ex dirigente laborista como embajador en Estados Unidos el año pasado y cesado a la postre por sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein, alimenta casi cada día la crónica política y la vida parlamentaria británicas.

El desgaste es evidente, y se refleja en la (im)popularidad del primer ministro: en un sondeo publicado a finales de abril por el instituto YouGov, solo un 15% de los entrevistados aprobaban la acción de su gobierno. En este contexto, Keir Starmer y su partido enfrentan este jueves un nuevo examen, quizás el más difícil: el de las urnas. La cita electoral es triple, con comicios locales parciales en Inglaterra, y elecciones parlamentarias en Escocia y Gales. "Es el primer gran test electoral para el gobierno desde las generales de 2024", asegura la politóloga Sara Hobolt a RNE. Esta profesora de la London School of Economics (LSE) habla directamente de 'midterms', unas elecciones de medio mandato.

Riesgos de debacle laborista

"Tradicionalmente, estas elecciones sirven para mandar un mensaje al partido en el gobierno", explica Tim Bale, profesor de ciencias políticas de la Queen Mary University de Londres: "no debería de ser diferente esta vez, sobre todo teniendo en cuenta los niveles de enfado de los ciudadanos con el actual ejecutivo". Todas las encuestas apuntan a una dura sanción para el Labour. En Inglaterra, controla 2.300 de los algo más de 5.000 escaños en juego en las diferentes administraciones locales y ayuntamientos. Podría perder más de la mitad, según los sondeos, incluido en zonas de larga tradición laborista como Londres, dónde los votantes eligen los consejos de los 32 'boroughs', los distritos administrativos de la capital.   

Las perspectivas no son más halagüeñas en Escocia y Gales. La victoria del laborismo en territorio escocés hace dos años en las generales hacía pensar que la formación podía poner fin a la hegemonía del Partido Nacional Escocés (SNP) en Holyrood, el parlamento de Edimburgo. Desde entonces, el capital laborista se esfumó, a pesar de los esfuerzos del líder del Labour escocés para distanciarse de Keir Starmer. Anas Sarwar llegó a pedir la dimisión del primer ministro y colega de partido en febrero, sin que sirviera para frenar su caída en los sondeos, que vaticinan ahora un mínimo histórico para el laborismo escocés, y una victoria para los nacionalistas del SNP.  

En Gales, los laboristas podrían sufrir "una perdida existencial" dice Sara Hobolt. Desde la ley de transferencia de competencias y la creación de instituciones propias para las naciones británicas a finales de los 90, el partido siempre ha sido la primera fuerza en el Senedd, el parlamento de Cardiff. Y siempre ha gobernado. Ahora podría quedar tercero, detrás de los nacionalistas galeses de Plaid Cymru y la derecha populista de Reform UK. "Gales era considerado como un territorio seguro para los laboristas", recuerda la politóloga. El primer dirigente del partido, el sindicalista Keir Hardie, fue diputado por una circunscripción galesa al principio del siglo pasado, y la historia de la formación ha estado ligada desde entonces al corazón industrial de Gales. "Será una derrota muy, muy dura desde el punto de vista psicológico para el partido Laborista,” asegura Tim Bale. "Si hay un bastión del laborismo en el Reino Unido, ese siempre ha sido Gales, y perderlo supondrá un duro golpe".

Keir Starmer, un futuro incierto

¿Hasta el punto de significar el final de Keir Starmer en Downing Street? La pregunta está obviamente en el aire. "Starmer está en una posición muy complicada", reconoce el profesor de la Queen Mary University. "Muchos diputados laboristas van a mirar los resultados y pensar: "se tiene que ir". Para Sara Hobolt, "Starmer podría tener los días contados tras el 7 de mayo", aunque ambos expertos se muestran cautos a la hora de idear un escenario post-electoral. El problema del Labour –y la suerte de su líder, según se mire– es que "no existe un consenso claro sobre quien debería ser su sucesor o sucesora", apunta Hobolt. "No hay ahora mismo una alternativa clara", dice Bale.

El primer ministro y sus aliados no se dan por aludidos, de hecho, por lo que podría estar en juego tras los comicios. El pasado domingo, en un artículo en The Observer, Keir Starmer defendía lo realizado por su equipo hasta la fecha, y esbozaba un programa de gobierno para la segunda parte de su mandato, "unas reformas radicales, con un gobierno intervencionista que construya un país más fuerte y más justo". El mismo día, otros periódicos relataban, con todo lujo de detalles y "filtraciones", como los rivales de Starmer en el partido –entre ellos su ministra de Sanidad, Wes Streeting, su ex número dos Angela Rayner y el alcalde de Manchester Andy Burnham– estaban ya afilando los cuchillos y preparándose para una todavía hipotética batalla.

Crecimiento de Reform UK y los Verdes

Aunque sea probable que este viernes, a medida que se conozcan los resultados, el futuro de Starmer esté en boca de todos, los comicios del jueves tendrán también otras lecturas, empezando por los resultados del Reform UK. La formación ultra de Nigel Farage lleva meses encabezando los sondeos a nivel nacional, pero no tiene todavía arraigo, o muy parcial, a nivel local. "Van a ganar cientos de concejales, y pasarán a controlar administraciones locales", augura Tim Bale. "Podrían recuperar muchos escaños de los laboristas en el norte y el este, pero también de los conservadores en las ciudades". Se espera además que el Reform UK entre el parlamento escocés, quizás como segunda o tercera fuerza, mientras que en Gales, la formación está peleando –al menos en las encuestas– por el primer puesto con los nacionalistas de Plaid Cymru.  

Los Verdes son otros que esperan pescar en los ríos revueltos del laborismo. Con un 16% de intenciones de voto a nivel nacional, la formación ecologista quiere afianzarse en estos comicios como una alternativa al Labour en la izquierda. Durante la campaña, ha centrado sus esfuerzos en Londres, donde podría arrebatar al partido de Keir Starmer varios 'boroughs', lo que supondría otro golpe para el primer ministro. Mientras, los conservadores, fuera de los focos, se preparan para otro día electoral difícil, en el que podrían perder la mitad de los escaños que control en las administraciones en juego. Su retroceso, combinado a la probable debacle del laborismo y el crecimiento de Reform UK y Verdes, también refrendaría una tendencia ya observada en las elecciones generales hace dos años: la política, en el Reino Unido, ya no es cosa de los dos grandes partidos tradicionales.