Starmer resiste ante las peticiones de dimisión en su semana más crítica, marcada por el caso Mandelson
- El exembajador en Estados Unidos fue nombrado sin superar el examen de seguridad previo
- La oposición cuestiona que el Gobierno siguiese el "debido proceso" en una tensa sesión de control
El nombramiento del exministro laborista Peter Mandelson como embajador británico en Reino Unido ha supuesto para el premier Keir Starmer un quebradero de cabeza por capítulos. El último de ellos arrancó la semana pasada y gira en torno al filtro de seguridad que Mandelson no pasó y que no le impidió acceder al cargo, pero Starmer ha vuelto a dejar claro este miércoles que, por mucho que se arrepienta de todo lo relacionado con este caso, no está dispuesto a entregar las llaves del número 10 de Downing Street antes de tiempo.
Mandelson fue cesado en noviembre como embajador, cercado por su amistad con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein. El primer ministro ya pidió perdón entonces, pero en la última semana se ha visto obligado a responder a otra derivada que pone en cuestión la gestión que el Gobierno hizo de un proceso que arrancó en diciembre de 2024, cuando Starmer eligió al excomisario europeo como su enviado a los Estados Unidos de Donald Trump.
Tomó posesión en febrero de 2025, pero entre medias, en enero, el Departamento de Escrutinio de Seguridad del Reino Unido (UKSV, por sus siglas en inglés) examinó la idoneidad de Mandelson. Una publicación en prensa destapó la semana pasada que el exembajador no pasó este examen y que, aún así, el procedimiento siguió adelante, una irregularidad que Starmer supuestamente desconocía y que le ha costado el cargo a un alto funcionario del Ministerio de Exteriores, Olly Robbins.
Starmer ha insistido este miércoles durante una tensa sesión de control parlamentaria en que desconocía estos problemas y que, de haberlos sabido, no habría seguido adelante con el nombramiento. La responsabilidad de este aparente fallo en la comunicación no recaería por tanto en Downing Street o en el núcleo duro del Gobierno, según la versión oficial a la que se agarra el primer ministro para describir como un "grave error" que no se enterase a su debido tiempo de lo que ahora sabe.
La versión del funcionario cesado
Según el jefe de Gobierno, ni él mismo ni ningún otro ministro supieron de este hecho —en una reciente comparecencia en la Cámara de los Comunes aseguró que se enteró este pasado 14 de abril— y la duda estriba ahora en saber por qué.
Robbins, que también dio el miércoles su versión también ante el Parlamento, aludió a una "presión constante" para que Mandelson pudiese tomar posesión cuanto antes del puesto de embajador y a un supuesto desinterés sobre el fondo del proceso, incluido el examen de seguridad que ahora figura en el centro del debate público.
Starmer, que ya ha anunciado cambios procedimentales para que los embajadores políticos no puedan ser nombrados hasta pasar el examen del UKSV, ha negado durante la sesión de control posibles presiones por parte de Downing Street. Asimismo, ha asegurado que el funcionario cesado también declaró que "no se sintió presionado personalmente" para realizar una determinada evaluación sobre Mandelson
La oposición aumenta la presión
El Partido Laborista cuenta con más de 400 escaños en la Cámara de los Comunes, una sólida mayoría que por ahora le sitúa fuera de peligro, pero la oposición ha aprovechado este escándalo para aumentar la presión sobre el Gobierno y minar su reputación. La líder tory, Kemi Badenoch, ha acusado a Starmer de incompetencia o deshonestidad, agitando la posibilidad de que el mandatario haya podido incluso engañar al Parlamento en algún momento, una de las grandes líneas rojas en la política de Reino Unido.
Badenoch, que sí ha reconocido que Starmer no tuvo por qué mentir "deliberadamente", ha centrado sus críticas en el hecho de que, a su juicio, no se hubiese seguido el "debido proceso" y ha advertido de una supuesta grieta en la seguridad nacional si Mandelson tuvo acceso a información clasificada antes de tomar posesión. Considera que es momento de que el premier "asuma la responsabilidad y se vaya".
"Por mucho ruido que hagan, nada me distraerá de hacer mi trabajo", ha sentenciado el jefe del Ejecutivo para intentar zafarse de estas críticas, dando por hecho que, "errores de juicio" aparte, todavia tiene por delante varios años más para seguir gobernando.
La presión real para Starmer, en cualquier caso, podría llegar de sus propios compañeros de filas, por ahora en calma pese a las noticias que se han ido conociendo en esta última semana. La prueba de fuego llegará el 7 de mayo, con unas elecciones locales que no anticipan buenas noticias para el laborismo y en las que el Partido Conservador buscan coger algo de aire tras la debacle de las generales de 2024.