Asesores financieros: ¿Cómo distinguir entre buenos profesionales y vendehumos?
- Economistas, divulgadores y expertos en educación financiera nos dan pistas sobre quiénes pueden necesitar un asesor financiero y cómo elegir a uno de confianza
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Si un asesor financiero te promete que con él vas a "ganar mucho dinero" nada más conocerte y sin hacerte preguntas, "malo".
Así opinan Antonio Gallardo, responsable de estudios de la Asociación de Usuarios Financieros Asufin, y varios expertos más entrevistados para este capítulo de Economía de bolsillo, donde abordamos qué características deben reunir estos profesionales.
Para empezar, es el cliente, y no el asesor, quien debe facilitar información. Hay tres cuestiones clave que un buen asesor ha de plantear antes de empezar cualquier trabajo: ¿Qué quieres conseguir con ese patrimonio? ¿qué plazo de tiempo manejamos? y ¿cuál es tu nivel de tolerancia al riesgo?
Si no te preguntan por esto, "yo tendría cuidado", advierte el periodista económico José María Camarero.
A su juicio, es preciso conocer qué busca el cliente, hasta donde está dispuesto a arriesgar su dinero y en qué horizonte temporal se mueve.
Una mujer de 63 años a punto de jubilarse que quiere que los ahorros de su vida "crezcan un poco" pero sin ponerlos en peligro y un varón con 40 años al que le quedan 25 para la jubilación y que aspira a amasar cierto capital con el ahorro no buscan lo mismo; no se les debe asesorar igual.
¿De quién fiarse?
Por otra parte, los asesores financieros han de acreditar su formación y estar legalmente autorizados para realizar estas labores. Sara Vicent, experta en educación financiera para familias, denuncia que "en redes sociales hay muchos consejos sobre finanzas" y personas que se ofrecen, pero no todos pueden considerarse asesores.
"Debemos consultar en páginas webs oficiales y comprobar que esos asesores poseen la titulación necesaria para ejercer, recomienda.
Una precisión. Ni los vendedores de seguros ni muchos gestores de bancos pueden actuar como asesores financieros. Es más. Hay profesionales que están autorizados a realizar inversiones, pero no a prestar servicios de asesoría.
La subdirectora de Educación Financiera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Gloria Caballero, propone acudir a la web de su institución, donde se registran los profesionales y las empresas de asesoría autorizadas y que acreditan los títulos EFPA (European financial Planning Asociation).
¿De qué viven?
Por supuesto, los honorarios de estos asesores también han de tenerse en cuenta. Algunos cobran un fijo a final de mes; otros se llevan comisiones, y la mayoría obtienen ingresos de ambas fuentes. Por eso, este tema ha de quedar bien claro antes de contratar cualquier servicio de asesoría, para que no nos coloquen productos con comisiones exageradas de las que solo se benefician ellos. Y es que disponer de un asesor cuesta dinero. Si no lo tenemos, ¿para qué?
Surge entonces una consideración relevante: ¿A quién le merece la pena este servicio? ¿A partir de qué cantidad de dinero debemos pedir ayuda?
Desde luego que la educación financiera de la población española dista mucho de ser perfecta y que a todos nos vendría muy bien que alguien nos aconsejase en temas económicos. Hay además situaciones críticas (como la recepción de una herencia) en las que estos consejos resultan muy útiles. Pero, ¿hasta qué punto los requerimos para nuestro día a día?
Según Antonio Gallardo, existen tres tipos de ahorro: aquel pensado a corto plazo (para hacer frente a imprevistos); el de medio plazo, con el que sufragar por ejemplo un viaje o la compra de una vivienda, y ahorro previsto a largo plazo, con miras ya a la inversión. Solo este último merece ser puesto en manos de un asesor financiero.
La línea mágica
El periodista José María Camarero fija en 100.000 euros el límite a partir del cual dicha figura cobra mayor sentido.
Esta cantidad es lo máximo que cubre el Fondo de Garantía de Depósitos. No es que desaconseje la asesoría para cifras menores, pero a partir de ahí, sí resulta verdaderamente útil, opina.
Sin tecnicismos
Con todo, la última palabra la tiene el cliente. Un asesor financiero aconseja, orienta, pero las decisiones finales son cosa nuestra. De ahí que un buen asesor deba ser transparente y explicar los conceptos con claridad. Los buenos profesionales "no utilizan tecnicismos para confundirte", se aseguran de que su cliente comprende todo el contexto y se adaptan a sus objetivos y perfiles.
Confianza, transparencia, comunicación y seguimiento son, a juicio de estos expertos, las cualidades que toda relación entre un cliente y su asesor financiero debe reunir.
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