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El cierre de filas frente a Israel se estrecha en parte de Europa: ¿por qué no actúa unida?

  • A propuesta de España, el Consejo de Exteriores ha debatido, sin consenso, suspender el Acuerdo de Asociación con Israel
  • La Unión es el principal socio comercial de Israel, concentra cerca de un tercio de su comercio exterior
La imagen divide verticalmente las banderas de la Unión Europea e Israel con una grieta, simbolizando tensión en sus relaciones. La bandera de la UE muestra estrellas amarillas sobre fondo azul, mientras que la de Israel presenta la estrella de David.

España, Irlanda y Eslovenia han llegado esta semana al Consejo de Exteriores de la Unión Europea con una propuesta que, durante años, habría sido políticamente inviable: revisar, suspender o incluso cancelar el Acuerdo de Asociación UE-Israel, el pilar jurídico de la relación entre Bruselas y Tel Aviv.

"Desde que Israel ha lanzado esta guerra permanente contra todos sus vecinos, no hay ni una sola respuesta de la UE, por eso nos estamos jugando nuestra credibilidad. Hay que mandar un mensaje fuerte al Gobierno de Israel, decirle que la UE no puede mantener una relación como si no estuviera pasando nada", dijo en Luxemburgo, lugar de la cita, el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares.

Pero, a pesar de los mensajes de apoyo de algunos de los homólogos europeos que, junto a España, también son cosignatarios de la carta enviada a la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, para pedir la suspensión total o parcial del Acuerdo de Asociación, la propuesta, para la que se necesita la unanimidad de los 27 miembros en el primer caso, y una mayoría cualificada en el segundo, no salió adelante por la oposición de países como Alemania o Italia. Asimismo, tampoco prosperó la iniciativa liderada por Francia, Suecia y otros cinco Estados de la UE, para imponer restricciones al comercio procedente de los asentamientos en Cisjordania, ilegales según el Derecho Internacional.

Una medida que la UE tiene sobre la mesa desde hace meses, junto con las posibles sanciones a colonos israelíes violentos y o a dos de los ministros del gabinete de Benjamín Netanyahu, Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, pero para cuya aprobación también se requiere unanimidad.

"No hay acuerdo total en todos estos temas, pero por ejemplo, la suspensión del Acuerdo de Asociación, ¿detendrá la expansión en Cisjordania? Probablemente, tampoco. Así que centrémonos en los temas en los que sí tenemos acuerdo, que son muchos", respondía Kallas ante las críticas planteadas durante su comparecencia respecto del doble rasero de la UE. "Cada vez que alguien plantea esta cuestión del doble rasero les pregunto cuánto están haciendo ellos por Gaza y los palestinos. Y habitualmente la acción de la Unión Europea lo supera", argumentaba.

Aún así, la jefa de la diplomacia europea admitía que la presión sobre la UE ha aumentado notablemente en un momento en que Estados Unidos, bajo la segunda presidencia de Donald Trump, está reduciendo su implicación en distintos ámbitos de la arena internacional. "La UE no puede hacerlo todo", se justificaba. "Somos los mayores contribuyentes en Sudán, los mayores en Somalia, en términos de misiones allí. Pero donde tenemos un problema, que es Ucrania, estamos (casi) solos", respondía.

Qué es el acuerdo - y por qué importa ahora

Firmado en 1995 y en vigor desde 2000, el acuerdo regula el acceso preferencial de Israel al mercado europeo, articula la cooperación científica y tecnológica - uno de los grandes activos de la relación - y establece el marco del diálogo político bilateral. Incluye, además, una cláusula clave en su Artículo 2: el respeto a los derechos humanos como base del vínculo. Activarla - o siquiera invocarla, tal y como ha hecho el Gobierno español, junto a otros dos países de la UE - ya ha marcado el mayor deterioro formal en décadas y el principal argumento jurídico y político para quienes defienden su revisión.

Pero lo verdaderamente relevante no es solo la iniciativa. Es lo que revela: una Europa más dispuesta a presionar que antes pero, nuevamente, dividida acerca de cómo presionar al gobierno de Benjamín Netanyahu, al que el presidente español, Pedro Sánchez, acusó recientemente de "vulnerar el derecho internacional".

"La diferencia en las posturas responde a varios factores", explica a RTVE Noticias el profesor de Derecho de la Unión Europea y Relaciones Exteriores de la UE de la Universidad Europea de Valencia (UEV) Frédéric Mertens. "Fundamentalmente hay conexiones económicas entre Israel y algunos de estos países. Además, también está el peso del electorado. Hay una mayoría de gobiernos a la derecha, por no decir derecha populista, y sus votantes. Buena parte de ellos sienten una cierta empatía con el Gobierno israelí actual o con Israel de manera general. Ambos factores hacen que, a pesar de algún movimiento de liderazgo como el de España, la tendencia de momento aún no se haya invertido", añade.

Primera vuelta de las elecciones municipales en Francia

Un colegio electoral en Marsella CLEMENT MAHOUDEAU/AFP

Por otro lado, el académico belga subraya el peso que la situación en Oriente Medio puede tener en los comicios europeos. "Por ejemplo, Francia, que ha mantenido una postura más ambigua respecto del acuerdo con Israel, en un año tendrá nuevas elecciones generales y el contexto actual puede tener un impacto significativo. No olvidemos que las comunidades musulmanas tienen cada vez más peso demográficamente hablando y obviamente tienen una mayor simpatía hacia el pueblo de Gaza que hacia el de Israel. Al final todo se mide en clave interna", prosigue.

La ambigüedad de Francia y la negativa de Italia

La historiadora israelí Miriam Rosman, experta en relaciones UE - Israel, coincide con Mertens en cómo las decisiones del Ejecutivo francés responden a cuestiones electorales, polarización política o al peso interno de las distintas comunidades. "La relación entre Francia e Israel siempre ha tenido altibajos, pero ahora el deterioro es más constante, especialmente desde que Macron ha quedado fuera de iniciativas clave de mediación entre Israel y Líbano. Para él es un importante revés diplomático”, comenta la docente durante un encuentro virtual con periodistas internacionales.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron (derecha), y el primer ministro del Líbano, Nawaf Salam, brindan una rueda de prensa conjunta este martes tras su reunión en el Palacio del Elíseo en París EFE/EPA/LUDOVIC MARIN / POOL

De hecho, Macron endurecía su discurso este martes durante la comparecencia ofrecida de forma conjunta con el primer ministro libanés, Nawaf Salam, en el Palacio del Elíseo para abordar la segunda ronda de negociaciones entre Líbano e Israel, que se celebrará este jueves en Washington. "Francia está comprometida tanto con la existencia como con la seguridad de la población israelí. Al mismo tiempo, hemos condenado lo ocurrido en Gaza, lo que sigue sucediendo en Cisjordania y las violaciones de la soberanía territorial del Líbano. En este contexto, resulta legítimo que Europa actúe. Si Israel continúa con una política que contradice su propia historia, no podemos actuar como si nada ocurriera", afirmaba el galo.

Análisis recientes del European Council on Foreign Relations - como los de Julien Barnes-Dacey, Ellie Geranmayeh o Hugh Lovatt - coinciden en que la crítica a Israel ha dejado de ser periférica en Europa para instalarse en el centro del debate político. Lo que antes se contenía en declaraciones ahora empieza a traducirse en una narrativa menos neutra, y en medidas concretas sobre la mesa.

Sin embargo, el profesor Mertens regresa al pragmatismo, a la oportunidad política y a lo que él denomina "el equilibrio entre coste y beneficio" para abordar la postura de otro país, la Italia de la primera ministra, Giorgia Meloni, quien recientemente decidió suspender la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel, que lleva renovándose desde hace décadas cada cinco años, en protesta - sin apuntar directamente a Israel - por "la situación actual" en Oriente Medio.

"Los gobernantes se observan y Meloni probablemente habrá esperado a ver la reacción de sus homólogos occidentales y no occidentales antes de tomar cualquier tomar decisión. Por ejemplo, también en temas como la imagen de Trump disfrazado en Jesucristo, una cuestión que sí tiene impacto en Italia. ¿Qué precio voy a pagar por enfrentarme a Trump y cuál puede ser mi beneficio sin que ocasione demasiado daño a la economía?", plantea el académico.

La historiadora, Miriam Rosman, atribuye la decisión a la presencia de soldados italianos en el Líbano y a los incidentes sucedidos - los disparos del Ejército israelí a un convoy desplegado en la misión de paz de Naciones Unidas (FINUL). “Italia ya había mostrado críticas junto a otros países europeos por las acciones de Israel en Irán y Líbano, pero sin duda la suspensión del acuerdo, siendo más simbólico que otra cosa, saca a Italia del bloque claramente proisraelí dentro de Europa", afirma.

Los intereses económicos, por encima de todo

Sin embargo, y a pesar de esa maraña en la que se entremezclan por igual estrategia y cálculo político, Roma ha sido, junto a Berlín, el país que más resistencia ha opuesto a la iniciativa llegada desde España, Italia o Eslovenia para suspender el Acuerdo de Asociación UE -Israel. "No creo que bloquear un acuerdo comercial sea una herramienta útil, porque equivale a atacar a toda la población israelí", afirmó en Luxemburgo el ministro de Asuntos Exteriores de italiano, Antonio Tajani. "Consideramos esto inapropiado", declaraba al respecto su homologo alemán, Johann Wadephul.

"Al final lo que les ocurre a los humanos va por detrás de los intereses geopolíticos y económicos", dice al respecto Frédéric Mertens. "Hasta que Europa no resuelva la transición energética, pasando de energías fósiles a limpias, vamos a ver posturas similares sobre Oriente Medio meramente por una cuestión energética. La creencia es que si como europeos nos apartamos totalmente de Israel podemos sufrir consecuencias en la zona. Por eso no creo que vaya a haber una unidad para romper ese acuerdo de asociación con Israel", concluye.

Merz y Sánchez se ven en el Consejo Europeo

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el canciller alemán, Friedrich Merz, hablan antes de la reunión del Consejo Europeo en Bruselas, este jueves 19 de marzo NICOLAS TUCAT / AFP

Así, si una suspensión total parece improbable, dicen los expertos, una revisión parcial - más calibrada - permitiría enviar una señal política sin romper completamente la relación. Pero incluso ese escenario implicaría un cambio cualitativo, especialmente para Alemania, el principal dique de contención frente a cualquier intento europeo de adoptar medidas con impacto real sobre Israel en cuanto que su seguridad sigue siendo "razón de Estado" (Staatsräson) para el gobierno alemán.

Israel: desconcierto y una brecha que se ensancha

Desde Israel, el giro europeo se percibe con una mezcla de conmoción e incomprensión. En ese contexto, Miriam Rosman introduce un diagnóstico que va más allá de la diplomacia y pone el foco en la narrativa. “Israel tiene un problema serio de comunicación. Se ha perdido la batalla de la comunicación”.

Esa debilidad en la narrativa conecta directamente con el momento político en Unión Europea. Mientras países como España o Irlanda presionan para aumentar la presión, en otras capitales se intenta mantener el equilibrio. Pero incluso sin decisiones formales, el clima ha cambiado.

A partir de ahí, describe un doble cálculo. En Europa se asume que la presión puede intensificarse sin romper la relación. En Israel, en cambio, se extiende la idea de que ese deterioro es asumible, dada la centralidad de Estados Unidos y la creciente diversificación de alianzas con otras potencias medias o lejanas.

Sin embargo, advierte, esa lógica "puede ser engañosa". Porque la brecha no es solo diplomática, sino también de percepción y legitimidad. Y ahí es donde la historiadora sitúa posibles salidas: “Israel necesita reconectar con comunidades internacionales y con ciertos sectores de la sociedad. La educación es clave para cambiar percepciones. Es necesario dialogar con diferentes poblaciones, incluso aquellas críticas”. Y va más allá, apostando por la vía política más ambiciosa: “Un posible camino es avanzar hacia acuerdos como los que Israel tiene con Egipto o Jordania, por ejemplo con Líbano. Llegar a acuerdos de paz”.