Enlaces accesibilidad

Amira Hass, periodista israelí en Cisjordania: "Lo que están haciendo los colonos muchos lo llaman terrorismo"

  • Durante décadas fue la única periodista israelí viviendo en los territorios palestinos
  • Ha recibido multitud de premios internacionales por su trabajo y su defensa de los derechos humanos
Amira Hass: "Lo que está pasando en Cisjordania es terrorismo judío"
Retrato de la periodista israelí, Amira Hass Diario Haaretz

A sus casi 70 años, Amira Hass (Jerusalén, 1956) conserva intacta la irreverencia que ha definido su trayectoria como una de las grandes reporteras de Oriente Próximo. Durante décadas, fue la única periodista israelí en vivir en los territorios palestinos, una elección que le ha acarreado descalificaciones y no pocos riesgos entre sus propios compatriotas, pero también un conocimiento profundo de la causa palestina —poco común en una informadora hebrea— de su pasado, su presente y sus raíces.

En esa mirada se entrelaza también su propia historia. Hija de supervivientes del Holocausto: su madre, una judía de Sarajevo, a punto estuvo de terminar en el campo de concentración de Bergen Belsen; su padre, rumano, pasó tres años en un gueto durante la Segunda Guerra Mundial.

Ambos, comunistas, llegaron a Israel como refugiados, no como sionistas, pero sí desencantados de una Europa en la que ya no se reconocían, donde la macabra estampa del nazismo había servido para prender la mecha del antisemitismo.

A Hass la criaron en la conciencia de que la injusticia no entiende de razas, colores, etnias o religiones. Surge en cualquier lugar, por lo que siempre, dice, debe ser combatida, venga de donde venga, especialmente si la perpetra el país que la vio nacer, "sobre todo por eso". Fiel a esa premisa, la reportera se trasladó a Gaza en 1993 y, desde 1997, reside en Ramala (Cisjordania), donde ha construido su hogar.

Allí ejerce desde hace décadas como corresponsal del diario israelí Haaretz, medio para el que escribe desde 1991 sobre la ocupación israelí y la sociedad palestina. Es autora de Crónicas de Ramala (2005), una obra que ofrece un valioso testimonio de la vida en los territorios ocupados y que ha sido traducida a cinco idiomas. También ha publicado Drinking the Sea at Gaza (2000) y Domani andrà peggio (2004), este último como colección de sus columnas en el semanario italiano Internazionale.

Bajo una ola de ataques sin precedentes contra la población palestina en Cisjordania, donde reside, y en un contexto marcado además por la reciente aprobación, por parte del gabinete de Benjamín Netanyahu, del mayor número de asentamientos (34) autorizados de una sola vez, la reportera repasa el convulso escenario regional durante una videollamada con RTVE Noticias.

PREGUNTA: ¿Cómo interpreta el momento actual, con el riesgo de una guerra regional más amplia con Irán?

RESPUESTA: No sabemos hacia dónde se dirige esto, ni cómo terminará. Es difícil encontrar racionalidad en estas guerras. Nos hemos acostumbrado a ellas como si fueran una parte natural de nuestras vidas, y eso es algo que rechazo moralmente y desde un punto de vista lógico. Las guerras causan un sufrimiento enorme y tienen consecuencias que van mucho más allá en el tiempo, incluso medioambientales.

P.: ¿Hasta qué punto esta escalada responde a una lógica impulsada por Israel, aunque fuese Estados Unidos quien decidiera iniciar la ofensiva?

R.: Desde mi punto de vista, la evolución política e ideológica de Israel en los últimos años ha conducido hacia más guerra, más represión y un mayor uso de la fuerza militar. La mayoría de la sociedad israelí apoya la guerra y percibe a Irán como el principal enemigo. Respecto a EE.UU., no soy experta en la política estadounidense, pero es evidente que Estados Unidos tiene intereses en la región, también en términos de control de recursos y mercados energéticos. En ese contexto, hay una convergencia de intereses.

P.: Según una opinión consensuada por la mayoría de analistas, lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 fue el detonante de la situación actual. ¿Cómo ha evolucionado la sociedad israelí desde entonces?

R.: No es algo que surja de la nada. Durante años ha existido una desconexión profunda con la realidad palestina. Muchos israelíes perciben la violencia como una respuesta justificada en nombre de su seguridad. Tras el 7 de octubre, esa percepción se ha intensificado. Sectores que antes eran minoritarios, especialmente los nacionalistas religiosos, han ganado más poder. Ideas que antes estaban en los márgenes - como la expulsión de palestinos o la expansión de asentamientos - están mucho más aceptadas. Incluso sectores que antes de la guerra se oponían a Netanyahu por cuestiones internas, como la reforma judicial, la apoyan. Es importante destacar que la oposición en Israel no plantea una alternativa real en relación con los palestinos.

La periodista, Amira Hass, durante la entrevista con RTVE

La periodista israelí, Amira Hass, durante la entrevista con RTVE

P.: Usted, siendo israelí, decidió hace décadas mudarse a Palestina. ¿Qué opina de lo que está ocurriendo actualmente en Cisjordania?

R.: No es algo nuevo. Es una continuación, pero con medios mucho más violentos. El objetivo es hacer que la mayor parte del territorio esté disponible para construir asentamientos judíos. Ese proceso se hace primero mediante políticas oficiales: restricciones que impiden a las comunidades palestinas construir, acceder a agua o electricidad, o desarrollar infraestructuras. Después, mediante la violencia de los colonos, que actúa directamente sobre esas comunidades.

P.: Hoy es más frecuente ver a los colonos vestidos de soldados o protegidos por ellos mientras atacan a la misma población a la que deberían proteger. ¿Esa violencia es tolerada o promovida?

R.: No es solo tolerada. Desde hace años existe, en la práctica, una especie de orden de no frenarla. Las investigaciones ya mostraban que la policía no prevenía, no investigaba y no presentaba cargos. El ejército no protege a la población palestina. Y el sistema judicial no actúa de forma efectiva. Estamos hablando de alrededor de quince ataques al día, de cientos al mes. Y es imposible que las autoridades no identifiquen a los responsables. Hay cámaras, hay presencia sobre el terreno, hay activistas israelíes que documentan lo que ocurre y acompañan a las comunidades. Durante años, su presencia ofrecía cierta protección. Ahora eso está cambiando. Hay colonos más jóvenes, más violentos, que no dudan en atacar incluso en presencia de testigos. Hay incluso casos de personas mayores agredidas. Una mujer de unos 70 años fue golpeada y sigue en rehabilitación.

P.: ¿Y qué ocurre después de esos ataques? ¿Hay rendición de cuentas?

R.: Nada, no ocurre nada. Ha habido asesinatos de palestinos durante años que no se han resuelto. Y también recientemente. El caso de Duma - una familia palestina, de la que solo sobrevivió el hijo mayor, fue quemada viva en 2015 mientras dormía en su casa de Cisjordania- es conocido, pero hay muchos otros menos visibles.

Varias personas inspeccionan un coche dañado y que, según los palestinos, fue incendiado por colonos israelíes cerca de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania REUTERS

P.: ¿Qué papel diría que juegan los colonos en el entramado político y de seguridad del actual Israel?

R.: Los colonos no actúan contra el Estado. Actúan como parte de él. Persiguen el mismo objetivo, pero lo hacen más rápido. Aceleran un proceso que ya impulsaban las instituciones oficiales. Muchos palestinos, y también algunos israelíes, lo llaman “terrorismo de colonos” o “terrorismo judío”. Tras lo sucedido el 7 de octubre de 2023 han sido armados y, en algunos casos, integrados en estructuras de seguridad, lo que implica que pueden actuar con uniforme y autoridad. Y cuando ven que no hay castigo, continúan y hacen más.

P.: Usted se relaciona cada día con la población palestina. ¿Qué percibe? ¿Qué diría que sienten?

R.: Miedo. Un miedo real a la expulsión. No es algo abstracto. Se sienten completamente indefensos.

P.: ¿Diría que por eso no se ha producido aún una tercera Intifada en Cisjordania?

R.: No se ha producido porque no existen las condiciones para ello. No hay liderazgo en el que confiar, no hay recursos, no hay apoyo. En la primera intifada había esperanza. Hoy no la hay.

Los palestinos buscan agua potable en medio del deterioro de las condiciones de vida dentro de sus tiendas de campaña y hogares destruidos ZUMA via Europa Press ZUMA/Europa Press

P.: Vayamos a Gaza. Su situación actual ha quedado totalmente eclipsada por la guerra de Irán a pesar de que hace pocos meses Donald Trump anunció su plan de paz de 20 puntos. ¿Qué opinión le merece?

R.: No refleja la realidad. Son ideas de personas que no entienden la situación sobre el terreno, ni los derechos de la población. En Gaza están concentrados en una parte muy pequeña del territorio. La mayoría vive en tiendas de campaña, expuesta a bombardeos constantes. Es una situación de deterioro continuo. Una muerte lenta. La dinámica se mantiene, y en la práctica persigue otros objetivos.

P.: ¿Es realista acabar con Hamás, tal y como exige el gobierno de Netanyahu?

R.: No lo sé. Pero cuando se destruyen estructuras, alguien tiene que llenar ese vacío. Israel no permite que otras instituciones funcionen con normalidad, ni siquiera organizaciones internacionales. En ese contexto, actores vinculados a Hamás siguen gestionando cuestiones básicas del día a día.

P.: ¿Y Netanyahu?, ¿Cree que podría ser juzgado por crímenes de guerra?

R.: Ha conseguido esquivar muchas responsabilidades. El sistema judicial israelí es débil y no existe una tradición de rendición de cuentas en relación con los palestinos. Ha sabido presentarse como víctima. Y parte de la sociedad se cree ese relato.

Amira Hass trabajando en Cisjordania para el diario Haaretz en el año 2002 Getty Images

P.: Durante años usted ha sido una de las pocas -incluso la única- periodista israelí viviendo en territorios palestinos. ¿Sigue siendo así?

R.: Sí, pero ya no soy la única. Ahora hay periodistas israelíes, sobre todo más jóvenes, que trabajan en Cisjordania y hacen un trabajo muy valioso. No somos muchos, pero no soy la única. Muchos medios israelíes dependen de fuentes de seguridad y tienen menos contacto directo con la realidad palestina.

P.: ¿Es más difícil trabajar ahora que hace décadas cuando usted decidió mudarse a Ramala, capital de facto de la Autoridad Palestina?

R.: Sí. Los controles hacen que moverse sea más difícil. Hay más separación y más miedo. Yo llevo muchos años viviendo allí, así que para mí es lo normal, pero objetivamente es más complicado. Hay ataques, misiles, zonas sin refugios. Pero eso no es lo importante.

P.: Y ¿Qué lo es?, ¿el futuro?, ¿Qué espera de él?

R.: No hablo del futuro. La cuestión no es qué ocurrirá, es qué se puede hacer ahora para detener el sufrimiento actual. Eso es lo que a mí más me interesa.