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Del barro a la procesión: así nacen las imágenes de Semana Santa en este taller de Madrid

  • Antes de salir en procesión, las imágenes de Semana Santa pasan meses, e incluso años, en talleres como el de Antonio
  • El escultor imaginero, situado en el centro de Madrid, comienza sus obras en el barro y luego pasa a la madera
La imaginería, el arte que verá la luz esta Semana Santa
RTVE.es (texto) / EVA PRIETO (vídeo)

Madera, herramientas y paciencia. Mucha paciencia. Así trabaja Antonio José Martínez, escultor imaginero, en su taller del centro de Madrid.

De sus manos salen algunas de las imágenes que después recorren las calles en Semana Santa. Un oficio antiguo que sigue vivo y que combina tradición y creación artística. En este espacio, alejado del ruido de la calle, el tiempo va a otro ritmo. No hay prisas. Cada pieza exige concentración, técnica y también intuición. Porque, más allá del proceso, cada imagen tiene un destino: ser contemplada, acompañar y emocionar.

El trabajo arranca en el barro. Sin forma, sin expresión. Solo una idea que poco a poco toma cuerpo. “La materia no tiene forma ninguna y de tu mente va surgiendo la expresión, el sentimiento”, explica. Después, la talla pasa a la madera. Con la gubia se definen los volúmenes, se cubre con yeso y se completa con la policromía al óleo, una fase clave para dotar de realismo a la imagen. “Es como pintar un cuadro, pero sobre una escultura”, explica Martínez.

Cada fase requiere precisión. Un gesto mal resuelto, una mirada que no funciona, pueden cambiar por completo el resultado final. Por eso, el proceso es lento. Puede alargarse entre uno y dos años desde el encargo hasta la entrega. Un tiempo marcado por el detalle y la revisión constante. Más allá de la técnica, el objetivo es conseguir que la imagen transmita. “Todo el mundo puede hacer una escultura, el problema es llenarla de vida”, señala. “Si al contemplarla piensas que está muerta, has fallado como artista”. 

Martínez reivindica además su trabajo como una forma de creación actual. “Es arte contemporáneo, ni más ni menos”, afirma, pese a los recelos que, en ocasiones, genera el arte religioso. Una disciplina que, lejos de quedarse anclada en el pasado, sigue evolucionando y encontrando su espacio en el presente. En su taller conviven encargos de distintas ciudades y hermandades. Algunas piezas viajarán fuera de Madrid, otras se quedarán en la capital. Todas comparten el mismo origen: este proceso silencioso que empieza en la materia y termina en la calle.

Autor, entre otras obras, del Belén de la iglesia de San Ginés, en Madrid, sus creaciones forman parte tanto de espacios religiosos como de procesiones dentro y fuera de la capital. Un trabajo que, en muchos casos, pasa desapercibido durante meses, pero que cobra todo su sentido cuando la imagen sale del taller. El resultado de ese proceso, que durante meses permanece en el taller, es el que ahora, en plena Semana Santa, se ve en la calle. Allí, entre pasos, música y público, esas figuras dejan de ser solo madera y pintura para convertirse en parte de una tradición que sigue viva.