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'Niebla', la 'nivola' de Unamuno sube a las tablas de la mano de Fernanda Orazi en Matadero

  • La obra Niebla se representa del 20 de marzo al 12 de abril en la Nave 10 de Matadero Madrid
  • La directora argentina cuenta con Juan Paños, Leticia Etala y Javier Ballesteros en el elenco
Fernanda Orazi lleva a los escenarios 'Niebla' de Unamuno

A partir del texto de Niebla de Miguel de Unamuno, la directora argentina Fernanda Orazi hace lo que quiere y afronta el desafío de "hacerle un teatrito a Augusto, el protagonista, para que pudiese experimentar su existencia a través de procedimientos y de escenas teatrales".

Orazi cuenta que acabó la lectura de la nivola "llorando como una niña" y sintió "una invitación" a intentar reproducir su experiencia en el teatro. En el texto de Unamuno, el autor habla con su criatura y le explica que su existencia está en sus manos, no puede rebelarse, ni siquiera con el suicidio, pero este momento cumbre no se replica en la versión teatral, que puede verse del 20 de marzo al 12 de abril en Madrid.

La dramaturga no ha realizado una adaptación al uso, pero defiende que el libro de Unamuno "vertebra la obra" para la que cuenta con los intérpretes Carmen Angulo, Javier Ballesteros, Leticia Etala, Pablo Montes y Juan Paños en una producción de Nave 10 Matadero, Buxman Producciones y Pílades Teatro.

'Niebla' en Matadero

El elenco al completo de 'Niebla'. FOTO: Geraldine Leloutre

Creación del personaje

La porteña, afincada en Madrid, confiesa que ha sido su montaje más difícil y en el que más ha escrito antes de empezar a ensayar con los actores. Apunta que Augusto no tiene peso antes de comenzar la función, se va perfilando a medida que se cruza con las otras figuras a las que tilda de "apariciones". A medida que avanza el texto, "uno asiste a la creación del personaje a partir de las cosas que le iban pasando".

La decisión de no introducir al creador en escena es para sobrepasar esa primera lectura e "ir a esa especie de orfandad de otra naturaleza. Me interesaba más que no se presente alguien a quien apelamos" en un instante con reminiscencias biblícas del lamento de Job.

"Creo que el teatro también construye identidad. El público construye hacia la obra también y, para mí, lo de la existencia no está tan dicho en la obra de una manera tan explícita, pero también el teatro crea existencia", reflexiona Orazi sobre un montaje en el que la visión trágica está "atravesada por el humor". Confiesa que hay chistes y sentido del humor en la función porque la tragedia y el humor se tocan "en el quiebro de la lógica" y "estar dos veces en una situación" (como agente y como espectador).

El perro habla

A la hora de tomar prestadas las palabras de Unamuno, la dramaturga no ha respetado lo literario, sino "el espíritu de esa visión trágica de la existencia". Detalla que algunos diálogos con Rosario y otros con Víctor aparecen en la novela. Como novedad, Orfeo (el perro del protagonista) al que Augusto le endilga largas peroratas, en la función le responde, lo que propicia en los ensayos muchos chistes con los therians.

Sin miedo a bajar del pedestal solemne al que algunos han subido a Unamuno, Orazi lo siente como "un amigo" con el que comparte hipocondría, obsesión por la muerte y sentido del humor. "Si uno lee Unamuno, no hay nada solemne. Incluso en su modo de escribir, es completamente antisolemne. Como siempre dice una amiga mía, fue el iluminismo el que llamó a la Edad Media, Edad Oscura".

Argumenta que tras leer su ensayo sobre El Quijote en el que el escritor defiende que lo importante es cómo cada lector interprete las aventuras del ingenioso hidalgo y no lo que pontifiquen los expertos, se sintió autorizada para "vampirizar el espíritu" de Unamuno.

Teatro a la parrilla

La directora cuestiona la necesidad de "ideas nuevas" en el teatro, ante la avalancha de adaptaciones. Cree que hay que "tener una relación muy íntima con la escena, con el teatro, con lo que hacemos, con ese lenguaje que siempre nos da algo por descubrir y nos desafía", pero que cualquier material puede ser un punto de partida.

Como argentina, compara el teatro con una parrilla "le echas algo y te lo cocina, cualquier cosa que metas" incluso cuando algo obliga a parar la función. "Hay que saber que uno está jugando con un lenguaje infinito y muy poderoso", resume.

En el escurridizo terreno del "ser español", Orazi ve que Unamuno es "alguien que no se toma en serio a sí mismo, que se pone en ridículo dentro de su propia novela, alguien que habla de esa mística y de ese ser español como el Quijote. La posibilidad de hacer ese ridículo pero a fondo, con todo y llevarlo. Me parece de lo más hermoso. Sentí que, cuando encontré a Unamuno, encontré esta cultura, esta comunidad, este pueblo que me acoge desde hace 20 años, que me conmueve mucho y que admiro".