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El fin del Tratado START III entre EE.UU. y Rusia sume en la incertidumbre el futuro del armamento nuclear

  • El acuerdo limitaba los arsenales de EE.UU. y Rusia
  • Expira este 5 de febrero y no hay prórrogas posibles
Vence el tratado de desarme nuclear entre Rusia y EE.UU. y no habrá controles a su capacidad nuclear

Ya no hay más prórrogas posibles. El tratado START III, llamado Nuevo START, expira este jueves, y si nadie lo remedia, con él terminan también —al menos oficialmente— los obligados límites, esos que buscaban reducir y limitar las armas nucleares entre EE.UU. y Rusia. Un mundo cada vez más inestable pierde otro de esos elementos que trataban de frenar el desastre y eso genera no pocas inquietudes. "Lo que hace esto es que, si hasta ahora había un freno y había límites, se queda ya ante la voluntad de cada uno de ellos para ver hasta dónde quiere llegar", señala el profesor Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

Y es que el tratado establecía unos claros límites para esas potencias. Según el texto mutuamente acordado, Washington y Moscú solo podrían tener un máximo de 1.500 ojivas nucleares, no más de 700 misiles balísticos y bombarderos pesados desplegados y la obligación de permitir inspecciones que verificasen el cumplimiento de lo acordado.

"Su importancia deriva del hecho de que hablamos de armas estratégicas, con un alcance de más de 5.500 kilómetros y que puede portar, incluso, varias cabezas nucleares. Hasta ahora, el START III, o el Nuevo START, limitaba, tanto a Moscú como a Washington, para poder utilizar esas cabezas nucleares contra un hipotético enemigo", explica Núñez.

Una lección de la Guerra Fría

La fórmula de los acuerdos START se inició tras la Guerra Fría, quizá como lección aprendida del riesgo que se corrió en las décadas anteriores. El primero se firmó en pleno proceso de descomposición de la Unión Soviética, producto de la negociación entre George Bush padre y Mijail Gorbachov en 1991. La propuesta inicial fue de Ronald Reagan y el concepto estaba claro: ambas potencias decidían comprometerse mediante un acuerdo bilateral a limitar su arsenal nuclear, reduciendo a un máximo de 6.000 las ojivas nucleares que podrían tener y 1.500 sus vehículos de transporte desplegados, como misiles o bombarderos.

Dos años después se firmó, aunque no lo ratificó la Duma rusa, el acuerdo START II, que pretendía reducir aún más esos límites a no más de 3.000 ojivas nucleares. Pero sería en 2010 cuando se dio el gran salto, con el actual acuerdo, firmado por Obama y Medvedev. Fue diseñado para durar 10 años, y se han firmado todas las prórrogas posibles. Sin embargo, la Guerra de Ucrania lo cambió todo y en 2023 Moscú decidió suspender su participación, aunque el acuerdo no desapareció. Ahora, acabadas todas las opciones de prórroga y con la fecha tope encima, solo queda una opción, aunque no parece probable.

"Estamos ya en una prórroga y no hay ninguna posibilidad de que haya una nueva con este texto del tratado, tal y como se firmó en el año 2010", señala Núñez. "Así que hay que negociar, en todo caso, un nuevo tratado, y es evidente que un tratado de estas características no se puede negociar en tres días. Esto nos aboca a un escenario todavía más inestable del que ya tenemos actualmente, con las tensiones que hay entre esas dos grandes superpotencias, y con sus implicaciones que tienen en escenarios de conflicto".

¿Una carrera armamentística nuclear?

En el mundo hay nueve países con armas nucleares, pero el 90% de ellas las tienen Estados Unidos y Rusia. El mayor arsenal lo posee Moscú, unas 5.400 ojivas, frente a 5.100 de Washington. Con el fin del tratado, ambas partes podrán producir más. Pero, además, ese fin también es un mensaje que puede impulsar a otras potencias nucleares a incrementar más su arsenal.

"La carrera armamentística ya está en marcha", señala el profesor. "Ahora mismo todos los países que tienen capacidad nuclear están desarrollando los programas de modernización más ambiciosos de toda su historia, no solamente EE.UU. y Rusia".

Por el momento, no está claro qué puede pasar. Moscú ha propuesto que las partes sigan cumpliendo los límites actuales aunque, eso sí, voluntariamente. Es decir, sin acuerdos que obliguen. Trump, por su parte, lo considera una "buena idea", pero no ha dado una respuesta formal a la propuesta rusa. Y esa ambigüedad se explica porque su verdadera apuesta es otra: un nuevo pacto que incluya también a China, una de sus grandes preocupaciones.

Según el Departamento de Estado estadounidense, en los últimos cinco años Pekín ha incrementado significativamente su arsenal atómico, pasando de 300 ojivas nucleares en 2020 a unas 600 en 2025. Sus proyecciones estiman que tendrá más de 1.000 para 2030.

"Lo que dice Pekín es que, mientras no estén a niveles parecidos (con EE.UU. y Rusia), no quieren implicarse en ningún tipo de negociación que pueda llevar a limitar su capacidad de desarrollar armas estratégicas, no solo las de primer golpe, sino también las de segundo golpe, es decir, las que dan capacidad de represaliar al enemigo que les ha atacado", explica Jesús Núñez.

Así que, según los expertos, no podemos esperar que China se vaya a implicar en ningún tipo de negociación trilateral, y sin ella, Washington tampoco parece dispuesto a firmar un nuevo tratado. Un nuevo foco de inestabilidad para un mundo cada vez más inestable.