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Socios o rivales: PP y Vox tensan el final de campaña en Extremadura y anticipan la batalla por los pactos

  • Ambos partidos han escenificado un duro choque con la vista puesta en las mayorías y la gobernabilidad
  • El nuevo ciclo electoral sirve al PP para afianzarse en territorios donde ya gobierna
María Guardiola y Santiago Abascal
María Guardiola y Santiago Abascal RTVE / Europa Pres / EFE

Tras más de dos años desde su última cita con las urnas, Extremadura será la encargada de abrir el nuevo ciclo electoral y lo hace con un contexto político incierto. Todo apunta a que será la candidata 'popular', María Guardiola, la que se haga con la victoria este domingo, pero sin una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Ante este escenario, cabe preguntarse qué papel jugará Vox, viejo conocido de los 'populares' y quien tiene más opciones para negociar por la 'lógica de los bloques' ideológicos.

En el PP ya cuentan con ello y se marcan como objetivo "sacar más votos que la izquierda", mientras que piden a los de Santiago Abascal que no bloquee su más que probable investidura. Sin embargo, la relación entre ambas formaciones vive un momento complicado dentro y fuera del tablero extremeño que podría influir en la gobernabilidad.

El pulso en Extremadura

Aunque son potenciales socios, durante la campaña han optado por el cuerpo a cuerpo y los ataques directos. El PP, porque busca una victoria amplia que le permita gobernar sin condicionantes. Vox, porque trata de erigirse como la alternativa y hacer valer su peso parlamentario en la legislatura.

Estas dos estrategias han quedado patentes a lo largo de estas dos semanas de campaña. Tanto los candidatos como de los líderes nacionales han lanzado dardos a sus rivales. El más polémico llegó el primer día, cuando el líder de Vox, Santiago Abascal, cuestionó la candidatura de Guardiola, la tildó de "incompetente" y advirtió de que, en caso de que ella "se empecinara" en no pactar, en el PP tendrían "que plantearse poner a otra persona".

"Ese tufo machista del señor Abascal se lo podía quedar un poquito en su casa (...) Yo solo me rindo al interés de Extremadura y de los extremeños", replicó Guardiola, que aseguró que no se le imponía nada desde Génova. También salió en su defensa el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, que pidió a Vox que no hiciera "pinza" con el PSOE y aseguró que "nuestros candidatos no son marionetas, que las movemos con hilos y los decidimos en Madrid sin consultar a la gente".

Pero conforme ha avanzado la campaña, el PP ha ido asumiendo que esa amplia mayoría a la que aspira puede resistirse y no ha cerrado la puerta a Vox. Este jueves, la propia Guardiola aseguró que está dispuesta a sentarse con quien esté "dispuesto a dialogar de lo que interesa a esta región", sin líneas rojas ni cordones sanitarios, pero sin "retrocesos en los derechos".

Pero este pulso entre Guardiola y Vox viene de mucho antes. El primer desencuentro llegó tras las elecciones de 2023. Ante el empate técnico con el PSOE de Guillermo Fernández Vara, la dirigente del PP se vio en la disyuntiva entre gobernar con los de Abascal o ir a la repetición electoral.

Aunque en otras comunidades sus compañeros de partido ya estaban formando coaliciones, Guardiola mostró públicamente sus recelos e incluso dijo que no podía "dejar entrar en el Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista". Pero la proximidad de las elecciones generales del 23J agregó presión y, después de varias semanas de negociaciones, PP y Vox sellaron un acuerdo en Extremadura.

Pese a los esfuerzos por mantenerlas, las alianzas solo duraron un año y Vox se salió de todos los gobiernos bajo el pretexto de que el PP intentaba imponerle "políticas de fronteras abiertas" por el reparto voluntario de menores migrantes. Este divorcio dejó a Guardiola sin mayoría y con una debilidad parlamentaria que le impidió aprobar los presupuestos de este año y le llevó a adelantar las elecciones de Extremadura.

¿Pactar o no pactar?

Pese al choque que están escenificando, los expertos consultados por RTVE coinciden en que tendrán que entenderse entre ellos. "Una cosa es lo que se dice o pasa durante la campaña electoral y otra lo que ocurre una vez se conoce el resultado", advierte el investigador y director de Ipsos España, Paco Camas, que no cree que vaya a haber un "cambio sustancial" en las relaciones de Génova y Bambú. "La duda es cuál va a ser la fórmula de entendimiento", agrega.

"No es lo mismo un escenario en el que Guardiola llega a la absoluta que uno en el que sume más que toda la izquierda junta", explica también el politólogo Pablo Simón. Así, en función de las cartas que tengan, la "negociación será más o menos compleja".

Otro factor a tener en cuenta también es que Vox tiene menos que perder. Su objetivo no es ganar, sino que sus diputados marquen el compás de la nueva legislatura, incluso sin formar parte del Gobierno, y que se apliquen sus propuestas contra la inmigración o el Pacto Verde Europeo.

De hecho, su candidato Óscar Fernández ha negado que su prioridad sea "entrar o no" en el Ejecutivo extremeño. "Nosotros no vamos a hablar de eso, vamos a hablar de política y de las iniciativas que nosotros pongamos encima de la mesa", declaró en La Hora de la 1.

Para Camas, que Vox haga un apoyo "desde fuera" tiene además una ventaja estratégica que ya ha quedado comprobada con su ruptura en las coaliciones con el PP. "Le ha permitido no desgastarse con cuestiones de gestión", subraya el politólogo, que recuerda que si los de Abascal tienen la llave de la gobernabilidad, tienen también la capacidad de decidir. De hecho, recuerda la fórmula utilizada en la Comunidad Valenciana, donde el nuevo president Juanfran Pérez Llorca ha podido ser investido gracias a Vox sin grandes dificultades.

"Los desencuentros suelen ser más cuando los partidos están más igualados, pero en el caso de Extremadura creo que en ningún caso se baraja la entrada de Vox en el propio Ejecutivo", sostiene también el analista político Eduardo Bayón, si bien cree que Vox puede estar "tentado de jugar a ejercer una mayor presión" que lleve, por ejemplo, a "descabalgar la figura de María Guardiola".

En cuanto a un pacto del PP con los socialistas, Simón no lo ve plausible. "Si lo hace, se descarta como alternativa de Gobierno en Extremadura. Y eso tiene una implicación con el resto de los territorios, donde intentan erosionar las perspectivas electorales del PSOE", argumenta el analista. "En ningún caso se produciría una negociación de 'buena fe'", insiste.

La pugna por el 'voto útil' y el dominio de la derecha

Pero no hay mal que por bien no venga y los 'populares' han aprovechado esta pugna para iniciar un nuevo ciclo electoral con el que erosionar a un PSOE al que le empiezan a pasar factura los casos de corrupción y de acoso. De hecho, Feijóo ha asegurado que los comicios en Extremadura "pueden tener un efecto dominó en el conjunto de la política nacional". "Es el primer paso de este cambio político", ha proclamado.

Eduardo Bayón lo equipara a "una partida del Risk" en la que el PP trata de ir "consiguiendo victorias en territorios donde ya gobernaba", si bien se enfrenta a "un doble riesgo" por el crecimiento exponencial que está viviendo Vox, que podría ganarle terreno.

Por un lado, "puede retroalimentar el relato de que son lo mismo, porque al final el PP asume las políticas y el lenguaje de Vox", explica Bayón. Por otro, Vox sigue ganando fuerza apelando a un sector con "desafección política e institucional": "Es el partido de moda en la derecha, es el partido que viene. El otro, el PP, es el partido viejo que sigue ahí".

De este modo, los 'populares' tienen ante sí una amenaza electoral y un potencial socio a partes iguales. "No creo que vayamos a ver tampoco que con esta contienda se soluciona la pugna entre PP y Vox", sostiene Pablo Simón, que ve cómo en los próximos comicios que llegan se vivirá "un giro a la derecha".

Y es que la de Extremadura no es la única brecha abierta con Vox. En Aragón, por ejemplo, el presidente Jorge Azcón también ha convocado elecciones para febrero de 2026 ante el estancamiento en las relaciones con su antiguo socio, y Castilla y León y Andalucía podrían verse en una situación similar en las convocatorias previstas para marzo y junio. El 21-D, por tanto, servirá para tantear los vínculos entre los dos partidos y como laboratorio de ensayo para el nuevo ciclo electoral.