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Nacho Vigalondo: "Me animo a hablar del duelo porque no existe nada más tristemente universal"

  • Estrena Daniela forever, original fantasía romántica con Henry Golding, Beatrice Grannò y Aura Garrido
Nacho Vigalondo estrena 'Daniela forever'.
Nacho Vigalondo, en el pasado Festival de Sitges. EFE/Siu Wu
ESTEBAN RAMÓN

Nacho Vigalondo es el cineasta de los laberintos y del control. Aunque pueda parecer contradictorio, sus guiones son construcciones alambicadas que se bifurcan sobre personajes con fantasías dominadoras del entorno o la realidad. Daniela forever, su nueva película, explora ambas ideas con la romántica historia de un hombre que recrea mediante un fármaco sueños con su pareja fallecida.

Vigalondo reconoce que la película nace de experiencia personales respecto al duelo y la depresión. “Uno puede contarse a través de la fantasía, sin recurrir a la autobiografía o la autoficción, siempre estamos haciendo páginas de nuestro diario. Me animo a hablar del duelo porque no existe nada más tristemente universal, de lo que no sería capaz es de hablar de una circunstancia que empiece y acabe en mí”.

Como en La sustancia, un simple medicamento parece la panacea de todo mal psicológico. El protagonista (Henry Golding), que ha perdido a su pareja (Beatrice Grannò) en un accidente, trata de escapar de la depresión con un tratamiento que favorece los sueños lúcidos, es decir, aquellos sueños en los que está en completo control de lo que sucede a su antojo.

Desde ahí, tratará de reconstruir la relación perfecta con Daniela, convertida en una proyección que reacciona a su deseos y caprichos. Hasta que aparecen las grietas y el triángulo con una antigua amante de ella (interpretada por Aura Garrido). Como en Colossal, pero en una visión más romántica, Daniela forever explora la tentación de limitar la libertad de las parejas.

“Quiero pensar que mis películas son optimistas, porque Colosal hablaba de la posibilidad de ser controlado y esta habla de la posibilidad de ser un controlador, pero son circunstancias de la que uno puede escapar: mirarse al espejo y acabar liberándose”, razona.

Una salida que confiesa ser una necesidad vital: “Ahora mismo no me permitiría una película que no se bañe en luz, no puedo desesperarme. No es una ley que necesite imponer, peo necesito luz al final del camino”.

"El mayor regalo que puedes hacerle al espectador es el misterio"

Bajo el artefacto narrativo está la metáfora también del creador omnipotente. “Inevitablemente el cine es como la simulación de ser un pequeño demiurgo. Un ejemplo que me gusta muchísimo es la escena en la que Hidrogenesse hace un concierto privado para los protagonistas. El protagonista ve el vídeo de Youtube para tener ese recuerdo y poder usarlo en el sueño. Y a través de esa fantasía que yo le otorgo al personaje, resulta que yo mismo y el equipo que estamos rodando tenemos un concierto privado de Hidrogenesse en ese marco incomparable. Es como un capricho que me he permitido a través del personaje”.

Aura Garrido, Henry Golding y Beatrice Grannò, en 'Daniela forever'.

Aura Garrido, Henry Golding y Beatrice Grannò, en 'Daniela forever'. Filmax

Sueños y realidad se distinguen por la cámara con la que rodó ambos universos paralelos de la película: digital y panorámico para las ensoñaciones, y vídeo Betacam, que además de la textura magnética es un formato más cuadrado, para la vida real.

“Ha sido como salir del armario y darme cuenta de que la herencia sentimental no la tengo en el celuloide sino con el Betacam: las cintas magnéticas son una materia distinta al digital y al celuloide, a medio camino entre ambas, un tercer vértice al que hemos llegado para rodar la vigilia de la película”, analiza.

Cree Vigalondo que en Daniela forever hay más espacio para el misterio que en muchas de sus películas. “Es el mayor regalo que puedes hacerle al espectador, además de mirarle de frente y no tratarle con condescendencia o desprecio. Pasa mucho con películas tan obsesionadas con conseguir la aprobación del público que le tratan como una mascota”.

"Vivimos un momento fascinante en el que la ciencia ficción y el costumbrismo se están mezclando"

Vigalondo terminó de escribir una primera versión del guion en 2018 y no podía imaginar que su trama remitiría a las tecnologías de superación de duelos derivadas de la inteligencia artificial, cuyos rincones más oscuros todavía están por explorar: el año pasado, la artista Laurie Anderson confesó estar enganchada a hablar con una versión de IA de su fallecida pareja Lou Reed.

“Estamos atravesando un momento fascinante en la historia en la que la ciencia ficción y el costumbrismo se está mezclando, la ciencia ficción ya es costumbrismo. Lo de Laurie Anderson es tremendo, lo vemos en un titular y lo asimilamos rápidamente y luego te paras a pensar y dices: un momento, esto es tremendo”.

Más allá de los duelos, el cineasta, interesado siempre en la evolución tecnológica del arte, observa si miedo el advenimiento de la inteligencia artificial en la industria audiovisual.

Lo que hace la inteligencia artificial es eliminar de la ecuación la experiencia humana en el acto creativo. reducirla únicamente a una regurgitación, una imitación de lo ya hecho”, opina. “El único arte que está en peligro es el que se ha negado a sí mismo la posibilidad de habar desde la experiencia humana: si hago una película basada en los estudios de mercado, pues eso ya lo puede hacer una máquina por mí. Si el contenido se genera exclusivamente por IA, las modas no cambiarían. Puedo decirle que me haga un guion como Scorsese, pero primero tiene que haber un Scorsese”.

Y pone el foco en el público como factor clave para el futuro. “No es una postura optimista, sino realista. Puedo ponerme pesimista y pensar que al público, que es el que hace que las cosas se financien, igual no le importa de dónde viene lo que ve, peor creo que lo que quiere es un fragmento de la experiencia de alguien real”.