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Día de la Mujer 8M

O bellas o "fallidas": violencia y presión social sobre las mujeres por un canon inalcanzable

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Una joven observa preocupada una fotografía en su móvil. Sobre su cuerpor se proyecta esa fotografía, donde aparece una mujer.
Una mujer joven observa preocupada una fotografía en su móvil, en una foto de archivo

"Estás horrible" o "vieja ridícula" son algunos de los comentarios más repetidos en una publicación en las redes sociales de Madonna en la que ella, con algo de socarronería, dice verse "mona" después de que "bajara la inflamación" de sus últimos retoques estéticos. Solo unos días antes, la artista había recriminado las críticas a su imagen durante la gala de los Grammy, que achacó al "edadismo y la misoginia". Pero los detractores volvían a la carga. La escena, día a día de internet, es un nuevo ejemplo de cómo la apariencia de una mujer puede ser objeto del escrutinio público.

Se han dado otras ocasiones en las últimas semanas: las preferencias de ropa interior de la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, han llegado a copar titulares y tertulias, mientras el aspecto de la actriz Berta Vázquez en los Premios Goya fue uno de los momentos con más reacciones de la noche en Twitter. "Estaba mucho más atractiva antes", juzga un usuario que no muestra ni su nombre ni su rostro. No se trata solo de un torrente de opiniones banales y por completo subjetivas, en la conversación pública se palpan sentimientos de indignación, casi traición:

"En las mujeres la exigencia de belleza es permanente, sistemática e incisiva porque se considera que esta es una condición imprescindible de la feminidad, una mujer que no es bella o que no persigue alcanzar ese canon de belleza es vista socialmente como una mujer fallida". La escritora y doctora en ciencias sociales Esther Pineda G. explica a RTVE.es así el fenómeno que ella misma acuñó como "violencia estética", una presión social que actúa de forma "enfática y excesiva" sobre las mujeres y que ha encontrado en la red una caja de resonancia privilegiada.

Desde la operación bikini a los filtros de Instagram

Sin embargo, esta violencia estética no es nada nuevo ni se limita a figuras públicas o poderosas. La operación bikini nos ha recordado cada año por estas fechas que nuestros cuerpos necesitan mejorar antes de ser expuestos en verano. Y sí, se llama 'operación bikini', no 'operación slip'. "En los hombres la belleza no solo no es tan exigida, sino que incluso, cuando esta es perseguida por ellos, es objeto de rechazo, crítica y puesta bajo sospecha su heterosexualidad", valora Pineda, autora del libro Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer, que lo considera una cuestión política y sexista en la medida en la que desmoviliza a las mujeres.

"Las mantiene ocupadas y distraídas mientras que los hombres siguen tomando las grandes decisiones de la sociedad, pero también las mantiene descapitalizadas y empobrecidas al llevarlas a invertir su energía, tiempo y dinero en perseguir una belleza que siempre es inalcanzable", reflexiona.

Para María Silvestre, catedrática de Sociología de la Universidad de Deusto, esta presión social se relaciona con la cosificación del cuerpo de las mujeres, que se ha visto ampliada ahora en las redes sociales. En este ámbito, reconoce la profesora, también los hombres más jóvenes están empezando a caer en la "dictadura de lo estético", como consecuencia del uso constante de filtros de belleza en Instagram o TikTok, o de programas de edición de imagen como Photoshop. "Incrementan las demandas de cirugía estética para parecerse más a esa imagen idealizada de nosotras mismas que está en Internet", apunta la doctora en política.

En la relación de violencia estética y redes coincide con Pineda, quien enumera los otros canales tradicionales para este "bombardeo": desde los medios de comunicación, la publicidad y el cine hasta nuestras propias familias, colegios o entornos laborales.

"Blanca, joven, flaca y femenina": el canon de belleza impuesto

Y al final, lo que se debate es la belleza y el valor de las mujeres. Desde un punto de vista teórico, la belleza se refiere a las formas que, por su perfección, nos complace ver, oír, escuchar, sentir. Pero esa construcción subjetiva y abstracta puede convertirse en un fantasma muy molesto si se entiende como una aspiración o una imposición para nuestro cuerpo.

"El problema de tener un canon de belleza es que en la mayoría de las ocasiones está idealizado y es irreal. No existe en la naturaleza humana o existe de forma muy excepcional", apunta la profesora María Silvestre. "Lamentablemente, quien tiene la capacidad de establecer los cánones son quienes históricamente han tenido el poder, los hombres. Y no todos, sino los de una determinada clase social, etnia…".

Es por ese motivo que Pineda considera que el mandato, que asumimos tanto hombres como mujeres, se fundamenta en "criterios sexistas, racistas, gordofóbicos y gerontofóbicos". "Es decir, con independencia de la época y el canon de belleza imperante, para que una mujer sea considerado bella siempre se le ha exigido ser blanca, joven, flaca y femenina", agrega.

Según su trabajo académico, sí se han dado ligeras fluctuaciones en el canon, pero sin salirse nunca de esos requisitos que, además, deben cumplirse sin excepción. "Por esta razón la mayoría de las mujeres alrededor del mundo no responden al canon de belleza, e incluso aquellas que sí, en algún momento dejarán de hacerlo si engordan o envejecen. En el caso de Berta Vázquez el hecho de ser una mujer racializada ya la colocaba fuera del canon de belleza, violencia estética que se profundiza cuando se suma la gordofobia", expone la doctora.

La marea bajo los trastornos de conducta alimentaria

En algunos contextos, esta presión puede devenir en acoso y aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud mental. Nueve de cada diez pacientes de trastornos de conducta alimentaria (TCA) son mujeres, según la Confederación de Salud Mental de España, aunque también afectan a los hombres y los expertos creen que ellos pueden estar infradiagnosticados. "Los TCA cada vez se ven a edad más temprana y todo eso tiene que ver con la presión social", afirma Beatriz Verdi nutricionista clínica y especialista en este tipo de afecciones. "Lo detona la dieta, pero ¿por qué hacen dieta? Porque están pensando que su cuerpo está mal".

Verdi advierte de lo normalizadas, e incluso bien vistas, que están algunas conductas restrictivas, que acaban afectando a la vida social y emocional de muchas personas, las cuales no tienen por qué llegar a desarrollar una TCA. "Un 40-50% de la población está metida ahí", advierte, y cita situaciones que no resultan nada extrañas: adolescentes a las que les incomoda ir a la playa con sus amigas porque tienen que quedarse en bañador, mujeres que prefieren no salir a comer o acaban pidiendo siempre ensalada…

"Cuando tratas con personas adultas y empiezas a indagar sobre su historia, ves que la mayoría de ellos desde pequeñitos están recibiendo esa presión de que su cuerpo está mal (…) ese bullying, esa burla, esa presión es lo que hace que la persona se sienta mal emocionalmente y termine teniendo conductas inadecuadas. Nos enfermamos queriendo llegar a eso", asegura.

Por todo ello, las expertas llaman a dejar de intentar cambiar nuestros cuerpos y cambiar, en su lugar, los moldes que se imponen. ¿Costaría entonces tanto encontrar tallas grandes en determinadas tiendas? "La diversidad corporal existe desde siempre y es algo que tenemos que aceptar", reivindica Verdi.

"Hay que romper con esos estereotipos que nos uniformizan y someten a una imagen muy, muy cerrada en la que apenas entra casi ninguna de nosotras", sostiene igualmente Silvestre. Quizás así trascendamos tallas, etnias, edades o estéticas para reconocer nuestro valor, nuestra belleza.