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El Afganistán de Mir Hussain: veinte años de conflicto y guerra contados en primera persona

Noticia Documentos TV 
  • Mir Hussain es un afgano que tiene 27 años. Cuando el documental comenzó a grabarse era un niño de siete
  • Invasiones de las superpotencias, terrorismo islámico y luchas tribales han configurado la realidad de Afganistán

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Mir Hussain en 2002 con 7 años de edad, en Bamiyán
Mir Hussain en 2002 con 7 años de edad, en Bamiyán.

Después del 11-S, las tropas estadounidenses atacaron e invadieron Afganistán y, a continuación, se inició una intervención internacional que ha durado 20 años y que ha sumido a este páis en el caos y la pobreza. Mir Hussain, un afgano de 27 años, solo ha conocido, desde que tiene uso de razón, un país en conflicto y guerra. Su vida a lo largo de estas dos décadas desvela la realidad cotidiana de los afganos.

Crecer delante de una cámara

En 2002, Mir Hussain jugaba, ajeno a la realidad de su país, entre las ruinas de los Budas de Bamiyán. Para él, esas cuevas que, poco antes habían sido patrimonio cultural de Afganistán, no dejaban de ser más que un lugar mágico por donde volaba su imaginación. "¡Mirad esta habitación, pertenecía a una reina!", le cuenta al cámara que, por esas fechas comenzaba a grabar este documental.

Miré a aquel extraño aparato y aquel extraño aparato me miró

"El día que vi a un extranjero y a un afgano sostener una cámara, miré a aquel extraño aparato y aquel extraño aparato me miró. No dejó de mirarme", recuerda Mir, veinte años después. Por entonces, tenía solo siete. "No sabía nada de los talibanes ni de Osama bin Laden", dice, "solo sabía que vivía en una cueva y me parecía divertido".

Los directores de este documental, Phil Grabsky y Shoaib Sharifi, en junio de 2009

Los directrores de este documental, Phil Grabsky y Shoaib Sharifi, en junio de 2009. © Seventh Art Productions

Todo el mundo estaba ilusionado, creíamos que Estados Unidos iba a reconstruir el país

La hambruna había obligado a su familia a desplazarse a Bamiyán. Era el mismo año en que los estadounidenses habían derrocado a los talibanes. "Todo el mundo estaba ilusionado, creíamos que Estados Unidos iba a reconstruir el país", rememora Hussain. Y es que, después del ataque a las Torres Gemelas, los marines habían llegado a Afganistán para quedarse.

La guerra contra el terror

La Administración Bush buscaba en el inhóspito y hostil territorio afgano a los terroristas de Al Qaeda y a su líder, Osama bin Laden, escondido en las montañas y protegido por los talibanes. "Ahora somos aliados en la guerra contra el terrorismo", manifestaba en 2004, la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, ante el presidente Hamid Karzai en su toma de posesión frente a un elenco de dignatarios internacionales.

Mir subido a un tanque en Bamiyán, en mayo de 2003

Mir subido a un tanque en Bamiyán, en mayo de 2003. © Seventh Art Productions

Lo que Mir y los afganos no sabían por entonces era que la guerra estaba servida y que operaciones militares y atentados suicidas estarían a la orden del día. El pueblo afgano volvía, otra vez, a pagar las consecuencias de un conflicto armado, impuesto desde fuera. Mientras tanto, la cámara grababa ya al Mir adolescente regresando, junto a sus padres y hermanos, a su población natal.

El codirector, Shoaib Sharifi graba en el norte de Afganistán, en marzo de 2007

El codirector, Shoaib Sharifi graba en el norte de Afganistán, en marzo de 2007. © Seventh Art Productions

Solo cuando tienes suficiente comida, puedes ir al colegio

Habían transcurrido ocho años, pero la pobreza era la misma. "Solo cuando tienes suficiente comida, puedes ir al colegio", explica Mir, al mismo tiempo que ara con sus burros una tierra estéril. "Dicen que están aquí por nuestra seguridad", señalando a los soldados extranjeros que habían llegado a su pueblo, "pero su presencia no nos ha beneficiado", respondía con contundencia.

Mir trabajando en el campo en junio de 2010

Mir trabajando en el campo en junio de 2010. © Seventh Art Productions

Vivir en una tierra donde siempre hay guerra

Cuando llegó el autodenominado Estado Islámico, todas las etnias, tayikos, uzbekos y los hazaras como Mir, estaban en su punto de mira. Es el año 2016. Mir se ha casado y tiene su propia familia.

Mir con su mujer y su hijo en noviembre de 2014

Mir con su mujer y su hijo en noviembre de 2014. © Seventh Art Productions

La inseguridad y el seguimiento de la grabación sobre su vida marcan su destino. "Crecí delante de una cámara viendo cómo me grababan y, desde pequeño, yo también he querido ser cámara", revela a los directores del documental.

El codirector Phil Grabsky graba cerca de Bamiyán en agosto de 2002

El codirector Phil Grabsky graba cerca de Bamiyán en agosto de 2002. © Seventh Art Productions

Crecí delante de una cámara viendo cómo me grababan y, desde pequeño, yo también he querido ser cámara

Así que, en un intento de dar un giro a su vida, Mir y su familia se mudan a Kabul. Mucha gente ha llegado a la capital huyendo de la guerra, del desempleo y de la miseria. Gracias a unos contactos y con un poco de suerte, logró dar con una productora donde se formó y comenzó a grabar y vender noticias por todo el mundo. Lo mismo cubría discursos de políticos que ataques terroristas. "Era espeluznante y apasionante; sentía que tenía una buena profesión", afirma Mir, un hombre adulto que se ha reinventado en un país que no ofrece oportunidad alguna a sus ciudadanos y que no encuentra la salida hacia la paz. "En este momento, no tenemos mucha seguridad. Prácticamente hay un atentado suicida cada tres días", cuenta, mirando al objetivo de la cámara que le ha acompañado durante los últimos 15 años de su vida.

Mir Hussain trabajando con su cámara en febrero de 2017

Mir Hussain trabajando con su cámara en febrero de 2017. © Seventh Art Productions

Y mientras tanto, desde el otro lado de la cámara, Mir sigue poniendo imagen a la cruda realidad cotidiana de su país al "que, a pesar de todo, adoro", confiesa emocionado. "Desde que era crío y hasta ahora, que soy adulto, hemos soportado la guerra contra los talibanes", prosigue. El acuerdo de paz firmado entre Trump y los talibanes, en febrero de 2020, marcó el pistoletazo de salida de las tropas extranjeras que todavía quedaban en Afganistán, tras la retirada del grueso de las mismas a finales de 2014.

Pero la paz no llega a un territorio situado estratégicamente para los diferentes intereses de las superpotencias. "Desde el anuncio de las conversaciones por la reconciliación, la violencia y los ataques no han disminuido, sino todo lo contrario", afirma Shukria, la mujer de Mir.

Desde el anuncio de las conversaciones por la reconciliación, la violencia y los ataques no han disminuido, sino todo lo contrario

Y finalmente, en el verano de 2021, las tropas internacionales abandonaban Afganistán, dejando vía libre a los talibanes que, en pocas semanas, se habían hecho con el control del país.

Por los progresos conseguidos en la tierra de Mir en los últimos 20 años se ha pagado un alto precio: más de 160.000 afganos perdieron la vida, cayeron 3.500 soldados extranjeros y Occidente gastó 2,3 billones de dólares en la guerra contra el terror, 30 veces más de lo invertido en ayuda.

Bamiyán, Afganistán en mayo de 2003

La ciudad de Bamiyán, Afganistán, en mayo de 2003. © Seventh Art Productions

La grabación del documental ha llegado a su fin preguntándose, si este conflicto, uno de los más devastadores del siglo XXI ha valido la pena para este afgano, para su país y para el mundo.

Con la vuelta de los talibanes al poder, Mir ha tenido que abandonar su sueño de seguir trabajando como cámara y ahora es conductor de taxi.