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Diez años sin ETA: medio siglo de terror que marcó la vida de un país

  • Este 20 de octubre se cumplen diez años desde que la banda dejó las armas tras más de 850 muertos
  • La banda declaró más de una decena de treguas en décadas en los que la asfixia política, policial y judicial fue en aumento 

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Imagen de 2005 del municipio navarro de Goizueta
Imagen de 2005 del municipio navarro de Goizueta REUTERS/Pablo Sanchez

"ETA ha vuelto a matar". Este titular se convirtió en insoportable durante medio siglo de terror en el que la banda escribió las páginas más negras en la historia de España. ETA activó durante demasiados años su maquinaria de dolor y muerte con más de 850 asesinados, miles de heridos, decenas de secuestrados y un número aún sin determinar de extorsionados, perseguidos y exiliados. Familias despedazadas a golpe de atentado, coche bomba, tiro en la nuca, secuestro, chantaje y amenaza. Prácticas que asfixiaron la convivencia en Euskadi donde la herida social quedó abierta mucho tiempo después de que las pistolas se guardaran para siempre en un cajón. La cicatrización aún sigue, una década después.

A las 19:00 de la tarde de un histórico 20 de octubre de 2011, del que se cumple este miércoles diez años, la banda anunció el "cese de su actividad armada". Fue el paso clave, el más importante, hacia la disolución definitiva de Euskadi Ta Askatasuna que no se materializó totalmente hasta siete años después cuando en 2018, en otra decisión que marcó un antes y un después, anunció el final definitivo de su trayectoria dando por concluida su actividad y desmantelando todas sus estructuras y arsenales.

El fin de la siniestra historia de terrorismo en España que durante décadas protagonizó la banda fue lento, muy lento. Un epílogo por fases que se alargó durante años.

La huella del dolor y el grito de ‘basta ya’

El 7 de junio de 1968 ETA mataba al guardia civil José Antonio Pardines, el primer asesinato del largo reguero de sangre que alcanzó los momentos más duros en los denominados ‘años de plomo’ de la banda terrorista a principios de los 80. Una banda que a pesar de justificar su creación “ahogada por las garras del franquismo y asimilada por el Estado jacobino” causó el 90% de sus atentados en la etapa democrática, tras la muerte del dictador.

En 1973 ETA asesinó al presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco durante la dictadura y en 1974 está fechado su primer atentado indiscriminado en la cafetería Rolando en la Puerta del Sol donde mató a 12 personas. En la memoria colectiva del país, el trágico hito de 1980, su año más sangriento ya en democracia, cuando ETA mataba a una persona cada 92 horas, con un balance que hiela de 200 atentados y 97 asesinatos en 365 días. De esa década son la mayoría de los asesinatos no resueltos de la banda, que superan los 300, muchos de ellos ya prescritos.

También fueron los años más oscuros de la llamada ‘guerra sucia contra ETA’ con asesinatos, secuestros y torturas por parte de los  Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) que estuvieron activos entre los años 1983 y 1987, es decir, durante los primeros años de los gobiernos del socialista Felipe González. Fueron condenados, y posteriomente indultados, su ministro de Interior, José Barrionuevo, y el exsecretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera por el secuestro en 1983 del ciudadano francés Segundo Marey, a quien habían confundido con un dirigente de la banda terrorista ETA.

Políticos, jueces, ertzainas, policías, guardias civiles, militares y civiles fueron los objetivos principales de una banda que cometió su mayor acción en 1987 cuando mató a 21 personas e hirió a más de 40 en el aparcamiento de Hipercor, en Barcelona, tan solo meses antes de causar el terror en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, con 11 muertos (seis de ellos menores) y 73 heridos. La banda golpeó con dureza las provincias de Guipúzcoa, Vizcaya y Madrid,

En la retina de todos y como símbolo del horror la imagen del 1 de julio de 1997 cuando el exfuncionario de prisiones José Antonio Ortega Lara salía desorientado y ajado del zulo en el que ETA le enterró en vida durante 532 días en una nave de Mondragón. Fue el secuestro más largo de su historia.

Diez días después de la salida de Ortega Lara de su zulo, un comunicado de ETA marcaría un antes y un después en la respuesta de la sociedad y la indignación colectiva ante el terrorismo. Ese día todo cambió. La tarde de ese 10 de julio la banda lanzó un comunicado anunciando que había secuestrado a un concejal del PP de Ermua. El coste de la libertad de ese joven de 29 años llamado Miguel Ángel Blanco era la vuelta a las cárceles vascas de los 600 presos repartidos por toda España. ETA dio 48 horas de plazo al Gobierno de José María Aznar. Dos días de conmoción social en los que España en general y Euskadi en particular gritaron ‘basta’. Pasado el plazo, los etarras- entre ellos Francisco Javier García Gaztelu, ‘Txapote-’ sacaron a Blanco del maletero donde estuvo encerrado y le pegaron dos tiros que no le mataron. Fue hallado con vida y murió de madrugada en un hospital de San Sebastián.

Los titulares de aquel día en la prensa- ‘ETA asesina frente al clamor por salvar su vida’ (El País), ‘ETA/HB cumplió su amenaza’ (ABC), ‘El pueblo maldice a ETA’ (El Mundo), ‘Hijos de perra’ (Diario 16) son reflejo del germen en el sentir social que se dio a llamar ‘el espíritu de Ermua’ y que supone el inicio del declive de la banda y la explosión del hartazgo de una sociedad que se marcó como objetivo romper el silencio ante el horror y enfrentar a la banda con gritos que aún resuenan en las mayores concentraciones contra el terrorismo hasta la fecha: "¡ETA, dispara, aquí tienes mi nuca!" se gritaba con las manos pintadas de blanco. 

Las manos blancas, icono del espíritu de Ermua

Las manos blancas, icono del espíritu de Ermua FUNDACIÓN MIGUEL ÁNGEL BLANCO

La llamada ‘socialización del terror’ que ETA impuso en los 90 o lo que es lo mismo una extensión del miedo que puso en su diana a políticos, jueces, intelectuales, periodistas, profesores y empresarios- más de 10.000 fueron extorsionados- trajo consigo otra socialización, la de la indignación, la rebeldía ante la barbarie y el proceso que fue calando hacia una deslegitimación de sus actos en la propia Euskadi.

Amenazados y extorsionados por ETA:

A partir de ahí la combinación de respuesta social y la asfixia policial, judicial y política que se inicia contra ETA con el imprescindible apoyo de Francia suponen el lento ocaso de una banda que acabó acorralada y asediada.

En el año 1995 la banda trató de atentar contra el rey Juan Carlos I, cuatro meses después del atentado al entonces líder de la oposición, José María Aznar, al que ETA intentó asesinar con una bomba lapa en su coche.

[Documentales para recordar los 10 años del fin de ETA]

Treguas y negociación 

A lo largo de toda su historia, ETA declara más de una decena de treguas desde su nacimiento en 1959. El primer “alto el fuego indefinido’ fue en el año 1998, cuatro días después de que PNV, EA, EH (antes HB) e IU firmaran la Declaración de Lizarra, en la que se comprometían a “emprender juntos el camino de lucha, con métodos pacíficos, la construcción nacional de Euskadi en las instituciones democráticas".

Ese mismo año el presidente del Gobierno José María Aznar autoriza “personalmente” contactos con el "Movimiento Nacional de Liberación Vasco”- nunca antes se había referido así a la banda- con el objetivo de "acreditar" la voluntad de la organización terrorista de "dar los pasos necesarios para abrir un proceso de paz mediante el cese definitivo de la violencia".

Diez años antes que Aznar, en el año 1989, lo intentó Felipe González en las ‘conversaciones de Argel’ que su Ejecutivo negó.

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En 2004 hubo una suspensión más que polémica de atentados solo en Cataluña por el “empuje de las fuerzas independentistas” y la “concienciación sobre el derecho de autodeterminación” anunciada días después de la reunión del líder entonces de ERC, Josep Lluis Carod-Rovira, con dirigentes de ETA; y en 2005 hubo una tregua parcial con el fin de acciones armadas para cargos electos.

Una de las treguas más importantes se produjo en el año 2006, un alto el fuego “permanente” que dio lugar a un proceso de negociación entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la banda terrorista con la autorización del Congreso de los Diputados. La tregua comenzó en marzo, pero en diciembre saltó por los aires con un atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas en el que murieron dos personas.

Asedio político, social, judicial y policial

Todos los procesos de negociación con la banda resultaron fallidos y tras las treguas, ETA volvió a sembrar el terror, pero tras ese largo parón de la actividad en el 2006 la banda estaba ya muy debilitada y adolecía de una cada vez mayor división interna. El asedio político, social, policial y judicial a la banda era total y su fuerza fue mermando con cada golpe a sus dirigentes y comandos.

El coordinador general de Bildu, Arnaldo Otegi, sitúa en ese momento- el atentado en la T4 de Madrid- un punto de inflexión y así lo dijo ante la Audiencia Nacional. A su juicio, en algunos sectores de ETA ya había cierto rechazo a las armas y la ruptura de la disciplina en las cárceles era un hecho.

El 30 de julio de 2009 ETA cometió sus dos últimos asesinatos en España al matar a dos guardias civiles en Palma de Mallorca y el 16 de marzo de 2010 se cobró su última víctima, un policía francés, poniendo punto y final a un sangriento historial. 

ESPECIAL: Memoria de vida

La asfixia al entramado político de la banda llegó en forma de Pacto por las Libertades y el Terrorismo (2000) y de Ley de Partidos (2003), que supuso la ilegalización de Batasuna y de marcas políticas posteriores vinculadas con la banda. El primero fue el primer pacto de Estado que firmaron Aznar y Zapatero, con el primero como presidente. Antes de este pacto a nivel nacional, el Pacto de Ajuria Enea en 1988 sembró el germen de la lucha en el ámbito político contra ETA. Un lucha que no siempre ha vivido momentos de unión entre partidos. Aún en la actualidad, diez años después de que ETA dejara de matar, sigue siendo un arma arrojadiza política.

A la actuación política y judicial y el grito social se unió con fuerza una actividad policial que no cesó y que hizo que la banda fuera descabezada en numerosas ocasiones, dándole cada vez menos tiempo para rearmarse y recuperarse del golpe.

Desde la detención en 1987 del número uno de ETA Domingo Iturbe Abásolo ‘Txomin’, al arresto en 2015 de la cúpula formada por David Pla e Iratxe Sorzabal, en uno de los últimos y definitivos golpes, han sido muchas las actuaciones policiales contra el aparato militar, logístico y político de la banda con la caída de una larga lista de nombres propios que dirigieron las diferentes estructuras de ETA.

Nombres algunos de ellos de la línea más dura y con historiales sanguinarios a sus espaldas, que ocuparon en las comisarías las listas de los más buscados durante años: Santiago Arrospide Sarasola ‘Santi Potros’, Francisco Múgica Garmendia ‘Pakito’, José Luis Álvarez Santacristina ‘Txelis’, Juan Ibon Fernández de Iradi ‘Susper’, Mikel Albisu ‘Antza’, Soledad Iparraguirre ‘Anboto’, Xabier Lopez Peña ‘Thierry’, Garikoitz Aspiazu ‘Txeroki’ y Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe ‘Ata’.

El de 2015, con la detención de Pla y Sorzabal, se consideró el “golpe mortal” para la disolución total de la banda. Un golpe definitivo que se bautizó ‘operación Pardines’ en homenaje a la primera víctima de ETA.

Del perdón ‘a medias’ a la última declaración de Otegi

Cuando ETA anunció el cese de la actividad armada en 2011, no solo no renegó de su violencia histórica, sino que habló de “represión” y no hizo mención alguna a las víctimas de ETA asesinadas. Solo se acordó en ese comunicado de la “crudeza de la lucha" que se "había llevado por delante" a “muchos compañeros” y de los etarras que estaban en las cárceles.

ETA ha anunciado el "cese definitivo de su actividad armada" a través de un vídeo, colgado en la página web del diario abertzale Gara a las 19.00 horas. Tres días después de la Declaración de Aiete, la organización terrorista vasca comunica que ha tomado esta decisión histórica y añade su "compromiso claro, firme y definitivo" de "superar la confrontación armada".

Años después, en el comunicado de disolución de la banda, en el que admitió una “responsabilidad directa” en el “sufrimiento desmedido” pidió un perdón expreso a las víctimas “que no tenían participación directa en el conflicto”, lo que se consideró un ‘perdón a medias’ que indignó a las asociaciones de víctimas.

En este décimo aniversario del fin de la violencia, este mismo lunes, EH Bildu y Sortu han emitido un comunicado en el que muestran su “pesar y dolor” por el “sufrimiento padecido por las víctimas de ETA” y añaden “que nunca debió haberse producido”. En una declaración leída por Arnaldo Otegi, destaca que “el pasado no tiene remedio”.

"Transitar hacia una paz justa y duradera necesita del reconocimiento y reparación de todas, absolutamente todas las víctimas. No nos olvidamos de ninguna de ellas", añade el comunicado que tampoco ha convencido a todos porque sigue sin haber una condena expresa a los crímenes de ETA y porque no se usa la palabra "perdón". 

Diez años después ETA ya no es un problema para los españoles, pero llegó a ser el principal, según el CIS de 2007, tras el atentado de Barajas. Estos días en los que se recuerda su ominosa historia se agolpan las imágenes de unos atentados con el foco puesto en unas víctimas a las que se les cortó la voz para siempre y otras que aún piden verdad, reparación y justicia.

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