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Lukashenko reconoce que se ha eternizado en el poder, pero "solo yo puedo ahora defender Bielorrusia"

  • Ganó las elecciones presidenciales con un 80,1 % de los votos en unos comicios acusados de fraudulentos
  • El mandatario asegura que las protestas contra el régimen han sido organizadas por Estados Unidos

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El presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, en una imagen del 9 de agosto. Sergei GAPON / POOL / AFP

El presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, ha admitido este martes que quizás ha estado demasiado tiempo pegado al sillón presidencial al llevar veintiséis años al frente de la antigua república soviética, pero tras un mes de presiones de la oposición y de la calle ha dejado claro que, por ahora, no piensa abandonar el poder.

"Sí, quizás he estado un poco de más en la poltrona.Es posible que esté apareciendo no solo en la televisión sino también en cada tetera. Sí. Pero, efectivamente, solo yo puedo ahora defender Bielorrusia", ha dicho Lukashenko en una entrevista a tres medios rusos.

Lukashenko, que llegó a la Presidencia bielorrusa en 1994, lo que le convierte en el dirigente europeo que lleva más tiempo en el cargo, ha advertido de un posible baño de sangre si deja el poder.

Lukashenko no se irá fácilmente

"Yo no me iré así como así. Dediqué un cuarto de siglo a construir Bielorrusia. No voy a tirar todo por la borda de buenas a primeras. ¡Además, si me voy, se cepillarán a mis partidarios!", ha afirmado.

El líder autoritario ganó el pasado 9 de agosto las elecciones presidenciales con un 80,1 % de los votos y asumió un sexto mandato, en unos comicios no reconocidos por fraudulentos por la oposición y buena parte de la comunidad internacional.

Desde entonces Lukashenko se enfrenta a diario protestas en las calles de Minsk y otras ciudades, las mayores de la historia del país y que su aparato ha reprimido con miles de detenciones, entre denuncias de malos tratos e incluso tortura. El presidente bielorruso ha reconocido que las protestas, "como persona, le duelen", pero ha agregado que los que protestan desconocen "cómo era Bielorrusia hace veinte años".

En la entrevista, Lukashenko ha asegurado que las protestas contra el régimen han sido organizadas por Estados Unidos, operando a través de Polonia y la República Checa, y con el apoyo de una pequeña "burguesía" que, a su juicio, "quiere poder", según informa la agencia de noticias rusa Sputnik.

En relación con los abusos de las fuerzas de seguridad bielorrusas con los manifestantes y periodistas en los primeros días de las protestas, el mandatario ha reconocido que hubo algunos "excesos" y ha prometido que serán investigados, aunque ha recalcado que los agentes antidisturbios no pueden ser culpados por hacer su trabajo y defender su país.

El mandatario se niega a dialogar con la oposición

La líder opositora en el exilio, Svetlana Tijanóvskaya, ha declarado por videoconferencia a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que cree "firmemente en que esta situación no durará mucho" y que Lukashenko acabará expulsado del poder, ya que los bielorrusos "están luchando ahora por los valores" que defiende la institución: los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho.

La oposición bielorrusa, objeto de la ira del último dictador de Europa, quiere a través de su Consejo Coordinador mantener un diálogo sobre el traspaso del poder con el mandatario, la convocatoria de nuevas elecciones y la liberación de todos los presos políticos, pero este les niega una mesa de negociación.

"No voy a conversar con el Consejo Coordinador opositor, ya que no sé quién es esa gente. No son ninguna oposición", ha dicho este martes.
Lo único que ofrece Lukashenko de momento son comicios presidenciales anticipados, pero solo después de una reforma constitucional de la que la oposición no se fía.

Esta ha sufrido duros golpes en el último mes, y este martes, con la detención de la líder María Kolésnikova en la frontera con Ucrania, la plataforma ha quedado prácticamente sin dirigentes reconocibles dentro del país.

La policia bielorrusa detiene a Kolesnikova, la última líder de la oposición a Lukashenko

La oposición se queda sin caras visibles

La carismática dirigente opositora, que fue secuestrada el lunes en el centro de Minsk por varios enmascarados que la subieron a un minibús y se la llevaron con destino desconocido, fue arrestada según las autoridades bielorrusas por intentar abandonar "ilegalmente" el país. El presidente de Bielorrusia ha asegurado que la Guardia de Fronteras ha hecho "lo correcto" al detenerla. 

Sin embargo, el viceministro del Interior de Ucrania, Antón Gueráschenko, ha dicho que en realidad iba a ser "expulsada forzosamente" junto a otros dos miembros del Consejo Coordinador, Antón Rodnenkov e Iván Kravtsov, que el lunes también se encontraban en paradero desconocido. Estos dos últimos sí han entrado en Ucrania, de acuerdo con Kiev. Kolésnikov, por su parte, se negó en la frontera a entrar en el país vecino al romper su pasaporte, según Pável Latushko, miembro del presídium del Consejo.

Kolésnikova es la única de las tres mujeres que plantaron cara a Lukashenko que permanece en Bielorrusia. Tijanóvskaya se encuentra exiliada en Lituania y también Verónika Tsepkalo, que gestionaba la campaña electoral de su esposo, Valeri Tsepkalo, ha tenido que abandonar el país, siguiendo los pasos de su marido.

Una de las principales colaboradoras de Tijanóvskaya, Olga Kovalkova, fue trasladada el sábado a Polonia contra su voluntad y Latushko, exministro de Cultura y uno de los líderes del Consejo Coordinador, también ha dejado el país por las presiones ejercidas contra él por el KGB, como ha contado. Además, se encuentran detenidos el sindicalista Serguéi Dilevski y la jurista Lilia Vlásova, y ahora también Kolésnikova.

Así, de los siete miembros del presídium del Consejo Coordinador únicamente dos, el jurista Maxim Znak y la escritora Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura, siguen en libertad en Bielorrusia.

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