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Coronavirus

Un verano a dos metros de distancia: el calor no frenará al coronavirus

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La playa de la Barceloneta, en Barcelona, durante las horas habilitadas para hacer deporte
La playa de la Barceloneta, en Barcelona, durante las horas habilitadas para hacer deporte.

La perspectiva del verano ha sido una de las grandes esperanzas que ha sostenido a los ciudadanos durante casi dos meses de confinamiento contra el coronavirus, pero la llegada del buen tiempo no va a permitir relajar demasiado las medidas contra la epidemia: los expertos advierten que, aunque es posible que las altas temperaturas y la humedad dificulten su transmisión, el calor no reducirá por sí solo la incidencia del SARS-CoV-2, por lo que las medidas de distanciamiento social seguirán siendo imprescindibles en los próximos meses si se quiere evitar un rebrote de la enfermedad.

Los científicos aún están en las primeras fases del estudio de un virus muy nuevo, que presenta algunas características inusuales y sobre el que todavía persisten notables incertidumbres, como, por ejemplo, si evolucionará hasta convertirse en un virus estacional, como es el de la gripe. O si unas temperaturas más elevadas ralentizarán los contagios, un extremo sobre el que hay discrepancias, aunque el consenso es que no será un factor determinante en su expansión.

El calor puede tener cierto efecto, pero no en la medida que la gente espera, así que, si salimos todos a la calle...

"Puede que la temperatura tenga un cierto nivel reductor", concede en declaraciones a RTVE.es Aurelio Tobías, especialista del CSIC en epidemiología ambiental que ejerce en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de Barcelona, "pero lo que realmente para la transmisión del coronavirus son las medidas de confinamiento. El calor puede tener cierto efecto, pero no en la medida que la gente espera, así que, si salimos todos a la calle...", deja caer.

Una opinión similar expresa el catedrático de la Universidad de Valencia Santiago Mas-Coma, que preside la Federación Mundial de Medicina Tropical y asesora a la Organización Mundial de la Salud: "Cuando entremos en las temperaturas más altas del verano, en torno a 35 grados, se va a ralentizar y nos puede dar un respiro, pero no se van a frenar los contagios", asegura.

El calor puede influir, pero no tanto

Por ahora, la evidencia científica sobre la relación entre el SARS-CoV-2 y el calor no es concluyente, sino incluso contradictoria. Este jueves, la Canadian Medical Association Journal publicaba un estudio que descartaba cualquier influencia de los factores climáticos en la propagación de la enfermedad: "El coronavirus no necesita condiciones favorables", aseguraba el epidemiólogo Peter Jüni, autor principal de la investigación.

Sin embargo, otros estudios apuntan a que puede haber una cierta ralentización, que casaría con lo observado en otros coronavirus, a saber, que tienden a inactivarse con el calor. El propio Aurelio Tobías es coautor de un análisis, publicado en la revista Enviromental research, que evaluó los contagios de la Covid-19 en el área metropolitana de Barcelona durante poco más de un mes, del 2 de marzo al 5 de abril, y cuyos resultados apuntan, pese a las limitaciones en su elaboración, a que cada grado de más reduce un 7,5 % la incidencia del coronavirus.

"La temperatura y la humedad influyen en la supervivencia del virus. Hay estudios de laboratorio que indican que entre 50 y 70 grados centígrados, pasa a estar inactivo, al igual que con humedades altas, superiores al 60 %", señala Tobías, quien, no obstante, recuerda que son condiciones muy poco trasladables al mundo real. "Todo el mundo quiere que se convierta en un virus estacional, como la gripe, pero no lo sabemos: tenemos décadas de información sobre la gripe, pero no hemos completado un ciclo estacional del coronavirus", explica.

Es sorprendentemente resistente en el medio ambiente externo, mucho más que los virus gripales

Mas-Coma resalta, en este sentido, que el SARS-CoV-2 es "sorprendentemente resistente en el medio ambiente externo, mucho más que los virus gripales. A 37 grados centígrados es perfectamente viable en una superficie durante dos o tres días", recalca. Y un experimento realizado por investigadores de la Universidad de Aix-Marsella ha mostrado que el virus es capaz de sobrevivir más de una hora a 60 grados centígrados.

De Brasil a India

El análisis de la expansión del coronavirus por el planeta tampoco arroja resultados concluyentes sobre los factores climáticos, que no solo atañen a la temperatura, sino también a la radiación ultravioleta y a la humedad. Por ejemplo, se cree que una mayor exposición a la radiación ultravioleta perjudica al virus, lo que podría explicar, señala Mas-Coma, que en Bolivia haya casi cinco veces más casos en Santa Cruz, la capital económica del país y con un clima cálido y húmedo, que en La Paz, una ciudad más seca y fría, pero ubicada a más de 3.600 metros de altitud.

De la misma forma, si se revisan algunos de los países considerados cálidos, es decir, con más de 18 grados centígrados de temperatura media todos los meses del año, se observan grandes diferencias. Así, países cálidos y secos, como los del Golfo, registran una incidencia relativamente alta: en Arabia Saudí hay más de 33.000 casos, lo que equivale a 100,09 por cada 100.000 habitantes, pero en Qatar la tasa se dispara, con casi 19.000 infectados, hasta los 679,09 casos por cada 100.000 -como referencia, España tiene más de 476 casos por cada 100.000 habitantes-.

En India, sin embargo, se contabilizan más de 56.000 casos, apenas 4,18 por cada 100.000 habitantes en el segundo país más poblado del mundo. Y algo similar ocurre en Bangladesh, uno de los países más densamente poblados del mundo, con 8,14 casos por cada 100.000 habitantes al registrar algo más de 13.000 contagios, y en Pakistán, donde la tasa es de 12,2 casos, con más de 25.000 contagios.

En el otro extremo del mundo, donde la pandemia ha llegado posteriormente, Brasil acumula ya más 135.000 contagios, que equivalen a una tasa de 65,17 por cada 100.000 habitantes, mientras que Ecuador llega hasta los 177,34 por cada 100.000 con más de 30.000 casos. En todos estos países, el recuento de los casos puede no ser homogéneo en función de los criterios de cada gobierno, pero señalan una tendencia, y es que el clima no es determinante para explicar la evolución de la epidemia del coronavirus.

El CSIC ve "muy poco probable" el contagio por contacto con agua en piscinas o playas

Mantener la distancia social

Eso no significa que no tenga una influencia, que es la que está estudiando la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en colaboración con la Escuela Nacional de Sanidad, según explicaba su portavoz, Fernando Belda, a RTVE.es: "Estamos analizando, desde mediados de marzo cuando hay datos consolidados de incidencia acumulada, la posible influencia de las variables climáticas, aunque este no es un problema solo meteorológico, sino también social y biológico".

Hay una menor afectación cuanto menor es la temperatura promedio y mayor es la humedad

Belda señala que los resultados preliminares y no concluyentes del estudio, que evalúa la incidencia acumulada del coronavirus -los casos registrados por comunidades autónomas en los 14 días previos- a la luz de la temperatura, la humedad, a radiación ultravioleta y la contaminación, apuntan a que "hay una menor afectación cuanto mayor es la temperatura promedio y mayor es la humedad". El portavoz de la AEMET insiste en que el componente medioambiental en la propagación del virus existe, pero recalca que "las temperaturas altas no harán que remita el virus, como mucho dificultarán que se extienda".

Además, el calor tiene un envés peligroso desde el punto de vista social, sobre todo cuando muchos países, entre ellos España, preparan el desconfinamiento: "La gente empieza a salir más", concede Belda, al tiempo que Tobías advierte de la regresión que están sufriendo en Japón y Corea del Sur, dos países que parecían haber doblegado al virus y que ahora están sufriendo un cierto rebrote: "Empezaron un mes antes, lo controlaron bastante bien y eso impidió la propagación rápida. Pero ahora han subido las temperaturas, se relajan las medidas y están subiendo los contagios".

Las autoridades españolas parecen conscientes de ello y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, decía hace pocos días en el Congreso que "ojalá" el calor frenase al virus, pero admitía que no había evidencia científica al respecto y pedía prudencia de cara a la desescalada: "Ojo a posibles rebrotes porque en todos los países en los que ha habido una transición ha habido algún episodio". Así que ahora queda que los ciudadanos se hagan a la idea: habrá que pasar también el verano a dos metros de distancia.