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Coronavirus

Un mes después del SOS en la residencia Maravillas: "Está todo más controlado pero ha sido agonizante"

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Imagen de las trabajadoras de la residencia Madre Maravillas en Madrid
Imagen de las trabajadoras de la residencia Madre Maravillas en Madrid

Hace casi un mes, al inicio de la pandemia de coronavirus, Beatriz Benito salió a la puerta de su residencia para lanzar una llamada de auxilio a través del telediario. A muchos, incluido el equipo de TVE que grabó aquella entrevista, se les quedó grabada la voz llorosa de esa mujer que dirigía el centro desde hace más de 30 años y decía que no podía más. Que tenía miedo. Que quería salvar a sus ‘viejitos’ pero que se veía desbordada. Y que probablemente todos en la residencia estaban contagiados ya.

Arropada por dos de sus trabajadoras, igual de exhaustas que ella, contaba que carecían de pruebas diagnósticas, de material de protección y que se sentían abandonadas por la administración. Lo decía con fiebre y sobre todo con indignación. Estaban dejándose la salud en el trabajo y las noticias que llegaban esos días de las residencias, que siguen llegando, empañan esa labor. “En los hospitales son héroes, que lo son, pero ¿y nosotras?”, lamentaban.

El coronavirus hace sufrir el peor mes en las residencias de ancianos

Un mes después de aquel momento, que Beatriz definió como el más difícil de su vida en la residencia, hemos querido continuar la historia. Ver si la situación está controlada, si han llegado materiales, cómo han vivido el drama. No todos los centros geriátricos se han adaptado igual que éste ni acapararon la misma atención mediática. Tampoco han recibido las mismas ayudas, pero su historia pone cara a todos los profesionales que han luchado con vocación y con su esfuerzo para salvar a nuestros mayores del coronavirus en las residencias de ancianos.

Las trabajadoras de la residencia Madre Maravillas cuentan cómo ha cambiado la situación tras un "mes agonizante"

"Ha sido largo y duro"

Para Beatriz Benito, casi un mes después la situación “ha cambiado mucho, los ancianos están mejor, los que están más graves están en el hospital y los que están en casa están controlados”. También se han incorporado los trabajadores que estaban de baja y pueden estar un poco más relajadas de trabajo y, sobre todo, “de mente”.

Cuando escuchamos su testimonio, no veían la salida. “Ha sido largo y duro”, añade. Su compañera Lidia Álvarez, terapeuta de la residencia, recuerda que cada día “aparecía uno o dos casos nuevos”, cuando pensaban que todo estaba controlado aparecían nuevos casos y así cada día. “Esta semana está todo más controlado, pero ha sido un poco agonizante”, sentencia.

La gente se volcó en ofrecerles ayuda

Después de la entrevista la gente se volcó en ofrecerles ayuda, cuentan a TVE. “No nos ha faltado ni un buzo ni una mascarilla, nada de nada”.

No nos ha faltado ni un buzo ni una mascarilla, nada de nada

En estas semanas también han mejorado el sistema que siguen para aislar a los residentes. La Unidad Militar de Emergencias les asesoró sobre cómo realizar esa sectorización. Antes mantenían a los ancianos aislados en sus habitaciones. Explican que ahora han divido el centro en dos zonas, “una zona roja donde tenemos personas con algún tipo de sintomatología y una zona verde donde se encuentran las personas que no los tienen”. Al principio fue muy complicado por la carencia de test, pero los han conseguido tres semanas después. También han recibido tres visitas de los bomberos, acompañados de equipos médicos y llamadas diarias de la consejería y el hospital.

Lo más importante para ellas son los residentes, lo llevan con serenidad, mejor que los familiares. Después de este mes “horrible”, lo que más desean es que todos se pongan bien volver cuanto antes a la normalidad. "Volver a las actividades y que puedan entrar los familiares", dice Lidia Álvarez.

"Pero va a haber un antes y un después", dice Beatriz. Aún tiene el miedo en el cuerpo y cierto pesimismo. "Esto nos va a cambiar, por lo menos a mí. Lo he pasado mal, no, rematadamente mal". Las pérdidas son irreparables, explican. Para ellas, son "amigos, compañeros", con los que llevaban años compartiendo sus días en la residencia. Y eso es ahora lo más duro de asimilar.

“Hay formas de empezar a hacer vida normal con seguridad”

Médicos sin Fronteras ayuda a crear "espacios seguros" en las residencias

En la residencia encontramos trabajando a un equipo de bomberos de la comunidad de Madrid junto a otro equipo de Médicos sin fronteras. Explican que trabajan juntos visitando las residencias para ayudar con los problemas que van surgiendo. En este caso, acudieron a revisar el circuito de seguridad que se ha instalado en la residencia para separar a pacientes con COVID-19 y pacientes sanos.

El objetivo es crear un espacio seguro tanto para trabajadores como para residentes -según explica Miriam Alía, responsable médico del equipo de emergencias de Médicos sin fronteras en Madrid-. Encontramos a un personal que ha estado sometido a muchísima presión, a la que no estaban acostumbrados porque muchas residencias no estaban medicalizadas y han tenido que hacerse cargo de tratamientos médicos para las que no estaban preparadas”.

Desde Médicos Sin Fronteras defienden que hay fórmulas para empezar a abrir las residencias y hacer vida “normal”. “Hay muchas familias que no han podido venir a despedirse y muchos residentes que han fallecido en soledad, angustiados. Pensamos que esto podemos empezar a cambiarlo. Hay muchas familias que han perdido a sus seres queridos sin poder despedirse y muchos ancianos que han fallecido angustiados y en soledad".

Abogan por tomar medidas de emergencia para que los familiares puedan despedirse de los suyos con seguridad, tal y como se está haciendo ya en cuidados paliativos de algunos hospitales. Y recuerdan que los residentes tienen derecho a ser referidos a los centros hospitalarios para ser tratados de acuerdo a su cuadro clínico, algo que todavía "por saturación o porque están mal organizados" no se cumple en todos los casos. El siguiente paso sería retomar actividades de socialización que son necesarias como parte del tratamiento y de sus derechos.

“Nos estamos convirtiendo en máquinas”

Los bomberos trabajan junto al personal de la residencia para el protocolo de zonas infectadas

Alberto Lorenzo es el jefe de la dotación que acude a la residencia Madre Maravillas, del cuerpo de bomberos de la comunidad de Madrid. Nos explica la situación de la residencia que, a 15 de abril de 2020, tiene 38 residentes y 6 pacientes aislados en zona roja. “A la hora de salir de zona sucia, los trabajadores tienen que seguir unas pautas para evitar cualquier propagación a las partes limpias", afirma.

Pero en la conversación lo más llamativo es sobre todo el estado de ánimo. Su trabajo ha cambiado por completo. Tanto las actuaciones, que son muy diferentes, como su organización. Hay centros que se han sentido abandonados o que piensan que van para fiscalizar.

“Cuando entramos en una residencia y nos dicen la cantidad de gente que ha fallecido es bastante duro”, explica Alberto Lorenzo. “Mis compañeros son como mis hermanos, una vida que es normal de risas, cocina, está paralizada, se lleva mal, nos cuesta esta forma de trabajar”.

“Tenemos ganas de que todo vuelva a la calma, de que seamos más libres, no estar confinados, trabajar como antes. Es todo raro, es todo diferente. Nos estamos convirtiendo en máquinas: vamos, hacemos nuestro trabajo y volvemos al parque”, añade.

La inspección a la residencia Madre Maravillas el 15 de abril es una de las actuaciones que forman parte del plan de choque en residencias puesto en marcha por la Comunidad de Madrid. Desde el 27 de marzo, cuando se inició, se han reconocido 410 residencias. También se han hecho 1.272 entregas de material a través de Protección Civil en las residencias. Aproximadamente se hacen entregas cada 4 días en cada centro. Según datos de la comunidad de Madrid se han entregado, entre otros materiales, 807.000 pares de guantes, 440.000 mascarillas y 13.500 soluciones hidroalcohólicas.