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Coronavirus

"No ingreso dinero y no puedo pagar el alquiler, ¿qué culpa tengo yo?"

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 Algunos inquilinos han llegado a un acuerdo con sus arrendadores, a la espera de posibles medidas para el alquiler.
Algunos inquilinos han llegado a un acuerdo con sus arrendadores, a la espera de posibles medidas para el alquiler.

“No ingreso dinero y no puedo pagar el alquiler, ¿qué culpa tengo yo?”, se pregunta Ana, una mujer de 44 años que tenía previsto firmar este mismo viernes un contrato laboral que se ha quedado en el aire a consecuencia del estado de alarma. Como muchas otras personas en este momento, ella teme cuál pueda ser la reacción de su casero cuando en los próximos días le plantee la imposibilidad de hacer frente a la próxima mensualidad, pero asegura que no tiene alternativa.

“Yo no voy a poder pagarlo. Ayer me quedaban 15 euros. Me han ingresado 100 y he podido hacer una compra hoy que, espero, me dure mucho”, explica Ana (nombre ficticio) a RTVE.es.

Ella es una de esas trabajadoras que viven “al mes” y que ahora no cuentan con un “colchón” económico para asumir los gastos más básicos, como la comida, la luz o el agua. Mucho menos podrá seguir haciéndose cargo del alquiler, lamenta.

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"No sé qué me va a decir mi casero"

“Si mi casero me dice que le tengo que pagar, no sé qué voy a hacer ni qué me va a decir. Y no sé cuánto puedo aguantar con la caridad. El otro día tuve que ir al banco porque me faltaba un euro para pagar la factura de teléfono, para que no me incomuniquen en estos días”, revela la mujer, que vive en un barrio humilde de Madrid junto a su perro.

En su comunidad de vecinos, donde casi todos tienen una edad avanzada, se están ayudando mucho durante este periodo de confinamiento, pero la enorme solidaridad que ellos demuestran con sus gestos no puede combatir una realidad abrumadora.

“También tengo una vecina que tiene cuatro hijos y la estoy ayudando. Ahora salen médicos en televisión diciendo que ahora hay que alimentarse mejor que nunca, pero hay quienes no pueden”, recalca Ana, que dice sentir vergüenza cuando habla de su situación, a pesar de ser consciente de que su caso no es aislado. 

Está convencida de que, en la intimidad de sus hogares, habrá muchas personas que hayan perdido su empleo durante la crisis del coronavirus y que también vivan en una situación límite.

Cuando la vivienda pertenece a un banco, no hay casero con el que negociar

Elida, de momento, no ha llegado a ese punto, pero se teme lo peor. Es empleada del hogar y desde que se pusieron en marcha las medidas de contención dejó de acudir a la vivienda en la que trabaja desde hace más de una década.

Sus jefes solo le dijeron que se quedase en casa y sigue sin saber si seguirán pagándole durante el mes de abril. “La verdad, dudo mucho que lo hagan. Y si no tengo ingresos, ¿de dónde saco el dinero para pagar el alquiler”, se pregunta también ella, una paraguaya que lleva unos 16 años viviendo en España. 

De momento, continúa pagando “religiosamente” la mensualidad del piso, pero cree que podría verse en un grave problema económico porque, además, ella no tiene un casero con quien intentar negociar la cuota del alquiler, ya que su vivienda es propiedad de un banco.

Su único apoyo ahora, apunta, es el que le brinda el Sindicat de Llogateres de Catalunya (sindicato de inquilinas), que como muchos otros, están exigiendo al Gobierno la suspensión del pago del alquiler.

Empatía con los arrendadores que también sufren la crisis

A la incertidumbre derivada de una creciente vulnerabilidad económica se suma en muchos inquilinos la empatía que sienten con sus arrendadores cuando detrás de un alquiler no hay una empresa o un banco, sino una persona que necesita seguir percibiendo esa mensualidad.

Con mucho tacto, Arturo llamó hace unos días a su casero para contarle su situación. Él vive del dinero que le proporcionan los proyectos vinculados a su pequeña compañía de teatro, en la que trabaja junto a otras tres personas, pero a raíz del cierre de teatros y centros educativos, también ha dejado de recibir ingresos.

“Hablé con mi casero para ponerle en antecedente y ver qué hacer si no sacan medidas para el alquiler. Me dijo que él no es una persona que tenga más viviendas y que también lo tiene difícil. Es una persona muy mayor y además está pagando la letra del piso de su hijo”, explica Arturo.

De momento, puede vivir “del poquito” que tiene ahorrado, pero no sabe cuándo podrá retomar el proyecto que iba a darle dinero durante los próximos meses, así que se plantea proponerle a su arrendador varios escenarios: “No pagar este mes o no pagar el siguiente, o bien acordar una bajada de precio”.

Se trata de que “ni el casero cobre todo ni el inquilino tenga que pagarlo todo”, puntualiza Arturo, consciente de que las medidas gubernamentales respecto al alquiler podrían no materializarse. Él lo que propone es, siempre que se pueda, llegar a acuerdos colectivos para superar el obstáculo.

Admite que no es la mejor solución, pero sabe que el próximo pago está a la vuelta de la esquina y que las opciones para muchos son escasas.

Pactos entre inquilinos y propietarios

A ese pacto “equilibrado” ya han llegado algunos inquilinos como Unai, cuya empresa se ha acogido a un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) y cobrará durante esta etapa un 30% menos que antes. Por esa razón, él le ha pedido a su casero una rebaja de la mensualidad que ha aceptado. 

Como comparte piso con otras dos personas que no verán reducida la cuantía de su nómina, el acuerdo se ha aplicado únicamente en la parte proporcional que paga Unai, una solución que ha agradecido a su casero y que, espera, no tenga que prolongarse demasiado tiempo.

Otro varapalo para muchos autónomos

En el caso de los autónomos, que en muchos casos han dejado de tener ingresos pero que este mes ya habían pagando su cuota, la preocupación puede ser aún mayor.

Iván trabaja en una empresa que se dedica a proporcionar el servicio de electricistas en salas de exposiciones, pero su actividad es nula en estos momentos. Como complemento a su sueldo, por las tardes impartía clases de ‘spinning’ en gimnasios y tras el cierre de estos espacios también se ha quedado sin el salario correspondiente a ese trabajo.

“Yo no me he dado de baja como autónomo hasta ver qué pasa con las ayudas, por si sacan alguna más para la que sea necesario estar dado de alta”, precisa Iván, que tampoco sabe como podrá afrontar el pago del alquiler a partir del próximo mes porque sus ingresos, subraya, son “de cero”.

“Si sigue sin entrar dinero, tendré que hablar con mi casero para que coja la mensualidad de la fianza o no sé…”, dice. Su arrendador cuenta con más pisos en alquiler e intuye que no tiene problemas económicos, pero aun así duda que “dé su brazo a torcer” y que le ofrezca una alternativa.

Por eso, pide que desde el Gobierno saquen “ayudas inmediatas” que permitan a quienes están en su situación afrontar las dificultades desde el mes de abril.

“El autónomo siempre es el que termina pagando las consecuencias. Las grandes empresas tienen fondos y hacen ERTES, pero las pymes y el pequeño comercio son los que más sufren”, lamenta.

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