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Diez años del terremoto

Haití: un pasado traumático, un futuro incierto

  • El 12 de enero, a las 16:53 hora local, Puerto Príncipe quedó sepultada tras un devastador terremoto
  • RNE visita la zona diez años después para conocer cómo han cambiado las cosas: "Ya nadie viene aquí por placer"

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Se cumplen diez años del terremoto que dejó más de 200.000 muertos en Haití

La calle Monseñor Guilloux, en el viejo centro de Puerto Príncipe, no lleva a ninguna parte. Antes del 12 de enero de 2010, se llegaba por esta vía ancha a la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. El templo quedó destruido por el seísmo. Hoy está rodeado de una verja, y las hierbas que crecen alrededor de lo que le queda de estructura delatan su abandono. La calle, mientras, ha sido invadida por pequeños puestos informales. Baterías, piezas de recambios para coches, cables de todo tipo, teléfonos... Todo se vende. Todo se compra.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en ruinas 10 años después

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en ruinas 10 años después GUILLAUME THOMAS BONTOUX

"Cuando era pequeño, esta zona era un lugar donde veníamos en familia a pasear" recuerda Gaspard, nuestro guía: "Hoy, ya nadie viene por aquí por placer". De la mano señala en una esquina una tienda cerrada, con el escaparate destrozado y por delante, un puesto que vende micrófonos y altavoces variopintos. En el suelo, un ghettoblaster, que parece ser la joya de la tienda improvisada. "Justo ahí" dice Gaspard, "era la tienda donde todo los adolescentes de Haití tenían que comprarse su vestido de fiesta." Sonríe : "¡Todo Puerto Príncipe desfilaba por ahí!"

Ya nadie viene por aquí por placer

La capital que Gaspard parece añorar ya no existe. Hace 10 años, el 12 de enero, a las 16:53 hora de Puerto Príncipe, quedó sepultada"Toda la ciudad se llenó de polvo blanco" recuerda el padre Víctor, un sacerdote salesiano que dirige en Haití la Fundación Rinaldi, que ayuda a la formación de los más desfavorecidos.

Padre Víctor, un sacerdote salesiano que dirige en Haití la Fundación Rinaldi

Padre Víctor, un sacerdote salesiano que dirige en Haití la Fundación Rinaldi GUILLAUME THOMAS BONTOUX

El hombre de Dios se preguntó "si había llegado el fin del mundo". Naciones Unidas avanza la cifra de más de 230.000 muertos. El gobierno de Haití suele dar la de 250.000 víctimas mortales, después de haber llegado a hablar de 300.000. Es probable que no se sepa nunca con exactitud cuántas personas murieron entonces.

Vi una montaña de cosas. Pensé que era basura, pero no. Eran cuerpos

Imposible pasar página

"Paseando días después al lado del cementerio vi una montaña de cosas. Pensé que era basura, pero no. Eran cuerpos. Un montón de personas muertas". El padre Víctor se estremece de su propio recuerdo. A nadie le resulta fácil rememorarse el horror. "Nos gustaría olvidar, pasar página, pero es imposible" lamenta Edrith Morantus, que perdió una prima aquel día. Todos los habitantes de Puerto Príncipe tienen un amigo, un vecino, un familiar que desapareció el 12 de enero de 2010.

El temblor, de magnitud 7 en la escala de Richter, no segregó sus víctimas. Murieron en Cité Soleil, la gran villa miseria de Puerto Príncipe, y en el hotel más lujoso de la ciudad, el Hotel Montana de Péthion Ville.

Cartel en recuerdo a las víctimas del Hotel Montana, en Haití

Cartel en recuerdo a las víctimas del Hotel Montana, en Haití GUILLAUME THOMAS BONTOUX

"Este día no había clases", filosofa el padre Víctor. Katiana, que vivía en la barriada popular de Bel Air, todavía recuerda como "todo el mundo estaba en la calle. No había diferencia entre ricos y pobres."

Katiana tenía 18 años entonces. Pasó tres meses en la calle, durmiendo con su familia en una tienda de fortuna. Fue la fase siguiente del seísmo. Los días después. Las réplicas, la búsqueda de supervivientes, el olor de los muertos, la llegada de la primera ayuda internacional.

Katiana pasó tres meses en la calle tras el terremoto

Katiana pasó tres meses en la calle tras el terremoto GUILLAUME THOMAS BONTOUX

"No sabíamos por dónde empezar" suspira diez años después Juan Manuel Díaz, representante de Cáritas España para Haití y República Dominicana. "Tenemos protocolos y mucha experiencia en gestionar este tipo de emergencia, con equipos especializados. Pero la magnitud de la catástrofe era tan grande..."

Ola mundial de solidaridad

Juan Manuel recuerda "una gran sensación de responsabilidad", porque la ayuda llegaba de todas parte. El mundo entero se movilizó en las semanas siguientes para ayudar a los haitianos y a la reconstrucción de Puerto Príncipe.

Juan Manuel Díaz, representante de Cáritas España para Haití y República Dominicana

Juan Manuel Díaz, representante de Cáritas España para Haití y República Dominicana GUILLAUME THOMAS BONTOUX

El "Build back better": reconstruir mejor. Había motivos: unas 300.000 casas fueron destruidas total o parcialmente en la capital; el 80% de las escuelas quedaron dañadas; el 60% de los edificios oficiales y gubernamentales también. El coste estimado de los daños del terremoto alcanzó los 7.800 millones de dólares.

Haití no estaba preparado para gestionar toda la ayuda que llegó

"Haití no estaba preparado para gestionar toda la ayuda que llegó" asegura Frantz Duval, el redactor jefe de Le Nouvelliste, el diario más antiguo de Haití. "El país no tenía las infraestructuras para administrar este dinero, y todo el mundo ha robado" explica el periodista.

La CIRH (Comisión intermedia para la reconstrucción de Haití, en español), la primera comisión de reconstrucción que copresidían Bill Clinton y el entonces primer ministro haitiano, Jean-Max Bellerive, fue "una farsa" añade Duval. También lamenta la actitud de algunas ONGs, que vinieron a Haití "sin nunca preguntar a los haitianos cuáles eran sus necesidades."

El Palacio presidencial, en el centro de la ciudad, recuerda a los habitantes de Puerto Príncipe que algo no funcionó en la reconstrucción. Diez años después, el edificio sigue sin ocupar su espacio al lado del Campo de Marte. Hubo un concurso, varios proyectos fueron seleccionados pero, a pesar de las promesas del actual presidente Jovenel Moise y de su predecesor Michel Martelly, todavía no las obras no han empezado.

Aún así, la reconstrucción no se puede resumir con las cicatrices que siguen abiertas en algunas partes de la ciudad. "En la última década salieron de tierra carreteras, escuelas, hospitales y ministerios" apunta Juan Manuel, de Cáritas España: "A pesar de los errores cometidos, el país ha mejorado".

Los fallos de la reconstrucción alimentan el enfado

En las calles de Puerto Príncipe sin embargo, los fallos de la reconstrucción alimentan el enfado, sobre todo de los más jóvenes. "Hemos visto el país de rodillas, hemos visto entrar un cantidad de dinero enorme en Haití, las promesas, los planes de construcción, y todo eso no se concretó en nada", nos cuenta Emanuela Douyon. "Es una gran decepción para nuestra generación. Nos vendieron humo. Los que se enriquecieron fueron los dirigentes políticos" lamenta esta joven economista de 29 años.

Nos vendieron humo. Los que se enriquecieron fueron los dirigentes políticos

Emanuela Douyon es una de las caras visibles del #PetroCaribeChallenge. Uno de los numerosos "challenge" que circulan por las redes sociales, pero que planteó en pleno verano de 2018 una pregunta que todavía sacude la sociedad haitiana: "¿dónde está el dinero de PetroCaribe?"

Este programa, iniciado a finales de los años 2000 por Venezuela, ofrecía a países del Caribe y de América Latina petróleo a condiciones muy ventajosos y con pagos aplazados. En Haití, la mayoría de los fondos fueron desviados: según una investigación parlamentaria, más de dos mil millones de dólares se esfumaron, sin control alguno. Entre los implicados aparecen varias decenas de políticos, ministros y... los tres últimos presidentes.

"Una parte de la población que no estaba activa despertó con PetroCaribe" analiza Frantz Duval, de Le Nouvelliste. En los meses que siguieron el "challenge", las manifestaciones contra la corrupción y para exigir la dimisión del presidente Moise reunieron a centenares de miles de personas en Puerto Príncipe. A ellas se juntaron las protestas por el aumento del precio del combustible, que desembocó en el otoño de 2019 en el "peyi lok." El bloqueo del país. Carreteras cortadas, escuelas, bancos y edificios públicos cerrados: durante más de dos meses, la vida se paró en Haití.

Haití, hace diez años: un paisaje de desolación

Difícil situación económica

"Ahora se ha parado, no sabemos si puede volver. Las circunstancias del enfado siguen ahí" explica Rock André, economista y emprendedor que gestiona el CEDEL, una incubadora para pequeñas empresas. "La situación es difícil para los negocios, y para la economía: estamos en recesión, tenemos una inflación que supera los 20%, nuestra moneda no para de devaluarse." resopla André. "¿Quien puede pretender hoy en Haití tener confianza y proyectarse en el futuro?", se pregunta la economista Emanuela Douyon.

En este contexto de crisis e incertidumbres, los más afectados son los más vulnerables. Según el último informe del Banco Mundial publicado a finales de 2019, el 60% de los haitianos viven en situación de pobreza. Son 6 millones de personas, que viven con menos de 2,5 dólares al día. Naciones Unidas calcula de 4,5 millones de personas necesitan en 2020 una ayuda humanitaria urgente. Y que 3,7 millones están en situación de inseguridad alimentaria aguda. Datos fríos y expresiones lingüísticas para decir que muchos haitianos no tienen nada para comer.

En Tabarre, al norte de Puerto Príncipe, la Fondation Saint Luc intenta luchar contra la malnutrición con el apoyo de Unicef. Atienden cada año a más de 3.100 niños y niñas de las afueras de Puerto Príncipe. "El número suele ser estable, pero tememos que con el deterioro de la situación política y económica, las necesidades vayan a aumentar" explica el doctor Augustin, director médico del centro. "Cualquier cambio puede tener un impacto muy dañino sobre familias que son muy vulnerables."

Una década después del terremoto, el reto diario para muchos habitantes de Haití es conseguir algo de comer, sin proyectarse más allá del día siguiente. "Los haitianos aspiran a tener una vida mejor, como todo el mundo" asegura el periodista Franz Duval. "Los haitianos también quieren algo más: esperanza en el futuro. Podemos esperar si sabemos que las cosas van a ir a mejor. Pero por desgracia, no hay ni eso: no hay empleo, no hay proyectos que pueden hacernos pensar que vamos a mejorar."

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